| |
Análisis
de la Epístola de San Pablo a los Hebreos
Intro
La Conspiración Jesucristiana
La Necesidad es
la madre del cordero, si creemos en el proverbio, y el origen de las acciones
humanas, si creemos a otros. Y pues que siempre hay alguna verdad en las
lecciones de la experiencia, si bien es verdad que pretender darle naturaleza de
ley universal al fruto de una experiencia particular es un acto algo atrevido,
digamos también que esa parte de verdad existe en la lección.
Vemos que el
Cristianismo se funda sobre una Necesidad, la Muerte de Cristo, lo cual le da a
la primera parte de este pensamiento una solidez tremenda, y al mismo tiempo
hay que ponerse la armadura contra quien pretenda hacer de esta sola Necesidad “la
Necesidad sola” como eje, núcleo y espina dorsal de su doctrina. O como diría
el mismo San Pablo, ¿quién os enseñó a ver a Cristo como Crucificado? ¿Es que
acaso no resucitó y no estaba todo ordenado a su Resurrección?
¿Qué será más
importante, el cultivo del árbol en cuanto arte o ciencia, o el fruto que es el
fin de ese acto? Algún genio cultivará su campo por amor al arte, pero el arte
por el arte es una entelequia que cultivan los que no son artistas,
precisamente. La Necesidad, en consecuencia, brilla siempre en el seno de un
conjunto de causas. Y de esta manera sabemos que en la Creación del Hombre intervino
igualmente la Necesidad que tenía Dios de encontrar una forma de hacer entrar a
todos sus Hijos por la Puerta de la Verdad.
Y con todo
sería falso reducir la Creación del Hombre a la Necesidad. En principio y por antonomasia el Hombre es
el fruto del Amor de Dios por su Ciencia y Arte, que determinan su Ser haciendo
de El “el Creador” por excelencia, Origen y Fuente de todos los espíritus
creadores del universo, y que haciendo
de El “el que es” engendra en su Mente visiones de Mundos, de los que apasionándose
en espíritu, procede inmediatamente, arrebatado por la pasión del artista, a
darle cuerpo en la materia de las estrellas.
Luego existen
Necesidad y Pasión y ambas se recogen, ciertamente, en la Resurrección, acto en
el que ambas causas se encuentran para elevar el Acto Creador a su más alta
expresión, pues si por la primera Dios se vuelca en el Deber, por la Segunda es
el Triunfo de la Pasión el que vence y hace brillar sobre toda la Creación el
Verdadero Rostro de su Creador. Y si la Necesidad impone su Ley no puede sin
embargo matar el Origen de la misma Acción Creadora, el Amor, la Pasión por la
Creación.
Vemos,
iniciando ahora sí la marcha, que la Interpretación de la realidad depende de
quien la interprete, pero que la Realidad en sí permanece inalterable, y no
porque Dios haya sufrido lo que le han hecho con su Obra, en este caso
nosotros, nuestro Creador abomina de su Creación.
Todo artista, todo espíritu
creador, conoce el dolor y el sufrimiento que se experimenta cuando alguien o
algo te destroza el trabajo de tu vida, de tu inspiración, de tu ser. Y si el
dolor de la pérdida de un manuscrito o de un cuadro produce un efecto emocional
trágico, es de imaginar que si esa pérdida o destrozo se hace delante de las
narices de su creador, ese sufrimiento sea infinitamente más conspicuo. Sólo de
esta forma podemos entender a Dios en cuanto Creador. Y es natural que teniendo
delante a ese “criminal” se actúe en consecuencia, a través de la ley, en el
caso más lógico, pero si dominando la pasión del momento allá que se atenga el
“ladrón” a la cólera del Creador.
Quiero decir
con esto que mirar a Dios olvidando que el espíritu creador es en El su
Naturaleza definitiva, su esencia ontológica final, la sustancia emocional en
cuyo campo echa raíces sus pensamiento y sentimientos, olvidar al Creador en
Dios y reducir la mirada a Dios en cuanto Ente, es decir, un sujeto teológico
abstracto definido por sus Atributos, incapaz de moverse incluso porque el
movimiento atentaría contra esos Atributos, etcétera... reducir a Atributos teólogicos
el Ser no es ya una aberración del Pensamiento, es, perversamente, subirse a la
losa bajo la que enterraron a Jesús para que no resucite Cristo.
Hay que estar
ciego o ser un verdadero santo para centrando el Pensamiento en Dios como Ente
no perder de vista al Creador en el Ser. Sobre lo cual parece que la Historia
nos da ejemplo con un Santo Tomás, para lo bueno, y para lo malo presenta
tantos ejemplos que mejor no mencionar a ninguno. El hecho es que desde el
principio mismo Dios se descubre Pasión Creadora, y es desde esta pasión
arrebatadora del Creador por su Obra que entra Dios en cólera, y se vuelve loco contra el “ladrón” y
“criminal” que se atrevió a destrozar su trabajo, el primer Hombre, allá en el Edén, y
van para seis mil años ya desde aquello.
En la
Resurrección, pues, tenemos la visión del Creador que no puede impedir la
destrucción de su Obra, siguiendo la Necesidad, y la manifestación del amor
infinito del creador por su obra, que pudiendo restaurarla a su perfección
original, no sólo lo hace sino que aún perfecciona lo perfectible haciendo
indestructible a este Segundo Hombre. Si el Primero era perfecto, su
Destructibilidad lo hacía imperfecto a los ojos de un espíritu maligno cuya
tendencia a la destrución de la Obra Creadora fuera su naturaleza, su pasión
artística, como si dijéramos que se puede sentir pasión por la Guerra, el Crimen
y el Delito. El Creador en Dios se levanta contra esa Seudo-Filosofia de la
Perversión como fruto de la Naturaleza y lanzándose contra el ladrón,
criminal y destructor perverso en el que la envidia es su verdadera naturaleza, y
porque lo hace, Dios separa Creación de Destrucción, Luz de Tinieblas, Verdad
de Mentira, y Pasión de Interés. Y en fin, en Jesucristo se establece la
Creación sobre la Pasión del Creador por su Obra.
De entre todas
las obras de este Creador es San Pablo uno de sus más maravillosos trabajos.
Será San Pablo el prototipo de los que,
sin haber tocado y visto al Hijo de Dios en la carne del Hijo de María, devienen
hijos de Dios “por Bienaventuranza del que cree sin ver”, y porque sin ver,
creen, serían tanto más valiosos a los ojos de su Creador que aquéllos que
viéndole y tocándole salieron corriendo cuando llegó la Hora de la Verdad. Y
sin embargo Dios, para glorificar a todos sus Hijos, dispuso que los primeros
coronasen su vida con el supremo sacrificio, y a los últimos nos sea gloria nuestra
Fe sobrenatural, pues si en los primeros la Fe era solo natural después de haber
visto lo que vieron, en nosotros, por centrar el tema, es sobrenatural por en
cuanto sin ver lo que ellos vieron creemos en lo que de no haber visto ellos
no hubieran creído. Y finalmente para hacer de todos nosotros una sola cosa
estableció nuestra fe sobrenatural en la sangre de la fe natural de ellos, por
la sangre y en la Sangre del Primogénito de la Gloria, como dirá San Pablo,
uniendo Dios Padre en la sangre de Cristo a todos sus hijos.
No hay, dado ya el
primer paso, división entre los hijos de Dios. La fe es la misma, y aunque
el origen sea distinto, pues unos son hijos de Abraham y otros de Cristo, por
el espíritu todos creemos en la misma Verdad. Y esta Verdad es que:
Muchas veces y en muchas maneras
habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas;
últimamente, en estos días, nos
habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien también hizo
los siglos;
que, siendo la irradiación de su
gloria e impronta de su sustancia, y el que con su poderosa palabra sustenta
todas las cosas, después de haber realizado la purificación de los pecados, se
sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
hecho tanto mayor que los
ángeles, cuando heredó un nombre más excelente que ellos.
He aquí, si
posible es reducir toda una Sabiduría tratando la cual se han escrito montañas
de libros, el compendio de todas las cosas, la igualdad resultante de una suma
de factores sin número. Se va el autor a la misma Eternidad y regresa a la Historia
del día a día, se eleva a las alturas inmarcesibles del Cielo donde mora el Dios de los felices y
desciende a la superficie de la Tierra donde vivimos bajo el peso de las circunstancias los desgraciados de siempre; viaja el autor al Infinito y
regresa con un mensaje maravilloso y sublime: Dios ha constituido a su Hijo
Primogénito en Rey y Señor sobre toda la Obra de sus manos, y ha puesto el
Futuro de todas las cosas a los pies de su Hijo para que cualquiera sea su Voluntad,
así se haga.
El Temor a Dios
deviene Temor a su Hijo, y pues que el Temor se alzó como puente de relación
entre Dios y su Creación, y por el Temor era glorificado Aquel que buscaba el
Amor, queriendo dar por finalizada esta Relación, que no le complacía ni nunca
buscó, dice: “Glorificad a mi Hijo.
Temedle, porque en El he puesto todas las cosas, lo mismo las de la Tierra que
las del Cielo. Todas las cosas son nada a mis ojos y sólo en El está mi vida.
Nada me falta, tengo a mi Hijo; todo me sobra, en El lo tengo todo. ¿No queréis temer a Dios y en el Temor fundar la
Relación del Creador con su Obra, pues ahí tenéis a vuestro Creador, dadle todo
el Temor porque yo le he dado todo el Poder”.
Y con todo,
doblando nuestras rodillas, Dios Padre ha jugado con nosotros de la forma más
maravillosa concebible, porque estableciendo la Corona de su Hijo en Su voluntad
Eterna, primero arrebató con amor profundo al hombre para que el temor que en
su Gloria no quiso para El se estableciese en el Amor y por el Amor deviniese
perfecto el Temor, deviniendo así aquel Temor por miedo al Todopoder en el Temor
que viene del miedo a la pérdida de lo único que puede satisfacer este amor apasionado
con el que la Fe inunda el ser del que se convierte.
¡No hay división
entre los hijos de Dios!
Extirpando de su Creación lo maligno,
poniendo entre la pasión por la destrucción asesina y la pasión por la
actividad creadora la Corona y Señorío Universal de su Primogénito, y porque lo
hace: todas las coronas, todos los poderes, todo aquello que siendo su origen
el bien y por el mal devinieron origen de destrucción y crimen, y quedando
abolidas, Dios establece la Fraternidad sobre la Igualdad, quedando, en lo que
se refiere al Poder, todos los hijos de Dios desnudos delante del Señor Universal
y Rey sempiterno, Jesucristo.
¡No hay división
entre los hijos de Dios!
Y la que hubiera, habiendo establecido Dios la Igualdad de
todos sus hijos en la Obediencia sin límites al Rey de su Creación, surgiría en relación a una rebelión contra
esta Igualdad. Y si vemos que Dios desnuda a toda su Creación -aboliendo todo Imperio-, vemos después
que la división entre los siervos de Dios surge en relación al Poder, es decir,
a las vestiduras con las que, no contentos con la Nueva Vestidura que Dios le
da a su creación, entre ellos los siervos de Dios se pelean y demonizan por ... por el anillo más
gordo de oro, por la mitra más llena de piedras preciosas, por la cuota de poder imperial
más grande.
¡No hay división
entre los hijos de Dios, pero sí entre los siervos del Señor! Los hijos de Dios
tienen su gloria no en el Poder sino en la Libertad; los siervos no en la Libertad
sino en el Poder, y de aquí que entre ellos exista División. Ahora bien, quien
busca el Poder se rebela contra quien abolió todo Poder y puso todo el Poder en
las manos de su Unigénito.
¿Y es que cómo
podía ser de otra forma? Todo viviente no es más que polvo cósmico mezclado con
un poco de agua, criaturas de barro que tenemos vida por el Poder del Creador
de hacer que su Espíritu penetre la Materia y se haga carne divina.
Basta un soplo para que el barro vuelva al barro, el espíritu al espíritu y no quede huella ni
memoria de quien, por un instante, se creyó algo así como un dios. Sólo por el
amor que el Creador le tiene a su Creación, su obra, la proyección de su
naturaleza en el lienzo del Universo, instrumento afinado sobre las notas de
las estrellas, y sólo por esta pasión creadora lo que es un muñeco de barro
cobra vida y, por el mismo amor hacia su criatura, ésta se vuelve hacia su Creador
y la llama Padre.
Pero la locura
empieza cuando la criatura se olvida de lo que es y refutándose a sí misma el
argumento de su Origen se atreve a pedir para sí lo que es exclusivo de su Creador, ¡el Poder!
La consecuencia la tenemos a la vista y está en el núcleo homicida que
derramando sus efectos malignos sobre nuestro Género ha conducido nuestra
Historia al punto en el que nos encontramos. Así que superado el límite que el
Amor tiene de esperar paciente a que la conducta del que ama se regenere,
superado este límite de la Paciencia Sobrenatural, Dios desnudó de Poder a todas
sus criaturas, puso todo el Poder en las manos de su Hijo, y al hacerlo así nos puso a
todos a sus pies.
Humillación,
pero Gloria. Porque la Criatura ya demostró, y lo vivimos aún en nuestras
carnes, que es enloquecida por el Poder.
¡El Poder no corrompe, el Poder:
enloquece!
Y es que el Poder sólo puede estar en las manos de quien le pertenece, el Hijo de Dios, -como dice San Pablo-: Impronta de la sustancia
Divina, irradiación de su Majestad, y quien, al ser Unigénito de su Padre tiene
en su Palabra su Fuerza infinita.
Mas la
criatura, no siendo en nosotros natural el Poder, al buscar el Poder debemos,
por fuerza, establecer la ley de nuestro
Poder sobre la destrucción de aquellos sobre lo que se quiere dominar, quienes,
por tendencia natural negándose a ser objeto de dominio, por su rebelión
convierten nuestra ley en arma asesina y a quien lo ostenta en criminal - en
potencia, en el mejor de los casos, y en vivo en el caso más general.
Pero este es el
pan de cada día que la Humanidad ha comido durante seis mil años. Y que ha dado
como resultado una Teoría del Poder acorde a la cual el Poder, según la Ciencia,
viene determinado por la estructura Natural mediante selección. Y sin embargo,
siendo natural es simplemente una incoherencia que exista la Revolución. De donde
se ve que no hay peor contradicción que la del Ateismo, pues si por un lado
afirma la Naturaleza del Poder por el otro establece la Necesidad de la Revolución, que
si desde el Poder cual efecto de la Naturaleza tomado: la Revolución es una violación de la ley natural.
Siguiendo cuya lógica quienes establecen el Poder en la Naturaleza,
-Capitalismo -, y mediante la Ciencia bendicen la criminalidad extrema y alta
de quien lo ejerce, convirtiendo la Locura del Poder en Cordura de la Ciencia, por lógica tenían que ver en la Revolución un acontecimiento
antinatural, pues la Revolución es ante todo y sobre todo la negación del Poder
como hecho Natural –Comunismo-.
De manera que quien establece el Poder sobre
la Naturaleza debe por fuerza encontrar en la Revolución su enemigo nato. Y,
con todo, observamos cómo al mantener la Revolución viva la Teoría del Poder
Natural contra la que se levantara, y porque no buscó su abolición, determinó
la Caída del producto de la Revolución, la URSS, que se hubiera evitado, de todas
todas de haber procedido la Revolución a abolir el Poder, o sea, a establecer la Democracia
una vez arrancado de las manos del Loco por el Poder ese arma con el que
asesinaba en masa y a placer a toda una nación.
Toda acción que
busca el Poder es, en consecuencia, la expresión de una locura que se sirve de
la necesidad para satisfacer una pasión antinatural. Ahora bien, seis mil años
de Historia bajo las botas y el puño del Poder es un libro incrustado de
experiencias infinitas sobre las transformaciones de la Teoría del Poder. Y tal
vez sea por esto que el Poder busque, primero que nada y antes que todo, alienar
la formación intelectual de los pueblos y del hombre, en tanto que ser
inteligente, del Libro de la Historia Universal, no sea que aprendiendo devenga “rebelde” el ciudadano.
Observamos igualmente que nuestra Historia ha caminado hacia la Civilización
ordenada en el seno de una estructura Social que tiende ineludiblemente a la
abolición del Poder y, encontrándonos en la Democracia como Camino hacia ese Estado
Natural de Civilización, desde esta observamos cómo el Poder, es decir, la
existencia de una Cabeza Directora Vitalicia de una Sociedad, conlleva el
crimen de esa cabeza y su cuerpo contra el Pueblo.
El Poder como
locura es definido en una primera instancia por Cabezas Directoras Vitalicias
de las Sociedades que para mantener su status no se dan límites y ejercen el
Crimen y el Delito como modus vivendi.
También
observamos, para gloria de la Civilización Cristiana, que este Camino de Libertad
del Ser Humano respecto al Poder como locura, que nos ha conducido a la Democracia,
donde la Sociedad participa en su plenitud del Gobierno de sus funciones y Administra
por ella misma sus recursos, si bien aún imperfecta en su estructura, sólo ha
podido alcanzar este estado en el seno de la Civilización Cristiana, pues, como
se entiende del mismo Cristianismo, que supone la Abolición de toda Monarquía y
Gobierno Vitalicio de las personas, la Historia camina, invenciblemente, hacia
la Democracia Cristiana como Modelo de Sistema Social, donde la Corona le
pertenece al Hijo de Dios y los Pueblos se gobiernan autónomamente acorde a la
Ley del Derecho Universal. De tal manera que sin Verdad no puede haber
Fraternidad, sin Justicia no puede haber Igualdad, y sin Paz no puede darse Libertad,
en esta realidad uniéndose el Derecho Divino y el Humano para forjar en la
Civilización una Sociedad con vocación de Futuro sin límites.
Y siendo éste
el Futuro que llevaba en sus entrañas el Cristianismo de San Pablo y sus
colegas no es de extrañar que el Imperio se lanzase contra ellos, si bien, por
la locura de la medida, el Incendio de Roma, quedase como loco el ejecutor,
ocultándose tras la tragedia la existencia de quien teniendo un conocimiento perfecto del cristianismo escatológico, le susurrara
a los oídos de Nerón y del Senado la Necesidad de destruir" esa Secta de los Cristianos". Necesidad que yendo contra el Derecho Romano únicamente podía encontrar legalidad mediante un Acto terrorista de Trascendencia inigualable, las proporciones de cuyas consecuencias pusiera la firma del Imperio en un decreto de Exterminio Masivo de unos Ciudadanos contra quienes, en cuanto ciudadanos del imperio, era imposible proceder a una Solución Final que, por su mismo texto, sería una negación del espíritu del Derecho Romano.
Este es un truco que se ha usado muchas veces a lo largo de los milenios. Se ha acusado, sin ir más lejos, a los USA de haberlo utilizado contra España en la Guerra de Cuba, hundiendo su propio barco a costa del enemigo futuro con objeto de tener una causa belli legítima ante el Derecho Internacional y el propio pueblo norteamericano. Otros han querido ver en el Derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York un truco de esta naturaleza, a fin de firmar el Congreso sobre la tragedia del momento la Guerra de Afganistán, supuestamente decisiva para el Gaseoducto Transiberiano, etcétera.
A este lado del Atlántico en los círculos privados del Poder y la periferia Media ha estado circulando, hasta ayer mismo, la Teoría de la Conspiración del PSOE-Corona del Borbón con objeto de elevar al Partido del Delfin al Poder, para lo cual determinaron actos de sabotaje cuya conclusión fue el Atentado Terrorista de Madrid, que determinó el peso de la balanza, por fin, hacia el Partido del Delfín. Pero como no ha podido demostrarse y se ha quedado en Crimen Perfecto las cosas no han ido a más, máxime cuando el Partido del Delfìn estaba dipuesto a enfrentarse a una Segunda Guerra Civil si la Conspiración quedaba al descubierto.
Nadie puede culpar a nadie por pensar mal teniendo en cuenta que la Historia es un baúl de tragedias que las Coronas han llenado con las joyas de sus interminables crímenes y matanzas.
Volviendo al Pasado, en el caso de Nerón tenemos que la Escatología Jesucristiana difícilmente hubiera podido alcanzar sus orejas de no haberle abierto los ojos a la Doctrina del Reino Universal alguien que conocía a los cristianos perfectamente y había escuchado con sus orejas "esa doctrina misteriosa, perfecta, escondida, hablada entre los perfectos", es decir, alguien que estuvo entre los cristianos y fue uno de ellos. Quién sea el candidato es una operación difícil de determinar desde las pruebas pero fácil de descubrir desde las coincidencias y los hechos. Únicamente Flavio Josefo, traidor a su propia patria, perro faldero de los emperadores por esa misma deserción, e historiador al servicio de los romanos como consecuencia, lo que en aquéllos días quería decir "consejero imperial para los asuntos judíos", pudo ser ése que "saliendo del cristianismo" le abrió al Imperio los ojos sobre la verdadera naturaleza Monárquica del Cristianismo. En otro sitio tocaremos este tema con más rigor.
Lo que es evidente, y ya que el Incendio de Roma determinó la clase de muerte del autor de la Epístola a los Hebreos, es que la Teoría del Incendio de Roma por Nerón es una falacia que se ha extendido por los siglos...si tomada desde la locura de Nerón como origen del Incendio. Ya de por sí dicha teoría implicaba la subnormalización y la lobotomización de la lógica, que conecta Causa con Efecto. Es por el efecto que debe determinarse una causa; y sólo al causante le puede ser de vital importancia alienar el efecto con objeto de que no habiendo relación no pueda determinarse la causa, y necesitando una...simplemente se busca un cabeza de turco, se sacrifica a los inocentes a la Necesidad y viva el terror y el terrorismo si sirven de palanca al Poder.
Si el Senado Romano, por consiguiente, aceptó la hipótesis de la Conspiración Cristiana es que el Senado tuvo conocimiento perfecto de la Naturaleza Monárquica Divina del Cristianismo y puso su firma bajo la del Emperador, y sólo después de esta unidad de acción se procedió al Incendio de Roma. Pues el Cristianismo, como se ve por las Cartas y Epístolas de los Apóstoles, mantuvo una política de Silencio Público sobre sus Fines Escatológicos, a la vez que se sometió a las Leyes Civiles como quien deposita en las Manos de Dios lo que Dios determinó llevar a cabo. Ninguna acusación podía llevar ante los Tribunales una Solución Final Anticristiana sobre las bases de una desobediencia civil, y únicamente en razón de la Abolición del Imperio que implicaba la Victoria de la Cristiandad podía servir de argumento para legitimar lo que desde el Derecho era un delito contra la Legalidad.
Ahora bien, estamos tratando con Profetas, pues el "espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía", y en tanto que conocedores de antemano de las medidas que iban a tomarse contra Ellos los Apóstoles preparaban el Advenimiento de la Persecuciones en el seno de la Doctrina sobre la Parusía, doctrina que, habiendo sido formada en el más íntimo de los secretos, ha mantenido al futuro en confusión constante. Será, desde esta Parusía Profética, que se escriben las Epístolas y en todas ellas vibre el sonido de la Voz que recorrerá Roma en el Día de la Bestia.
Olvidar este constante caminar hacia el Fuego de las Persecuciones, en las que la Generación de la Primera Cristiandad sellaría la Nueva Alianza de Dios con la Plenitud de las Naciones Cristianas, cuando se lee sus Cartas, es un error tremendo. Quienes lo hicieron y se pusieron ellos como destinatarios, cometieron una manipulación aberrante del texto, cuya consecuencia sería "la Fe sola", por ejemplo. San Pablo, sobre todo San Pablo, porque fue el mensajero de una Solución Final abortada de los Judíos contra la Iglesia en pañales, y porque venía de las filas del enemigo, conocía mejor que nadie que más tarde o más temprano el Judaísmo Anticristiano encontraría la forma de hacer llegar su Mensaje de Exterminio Total de los Cristianos no a un simple gobernador sino al mismísimo emperador. Y de esta manera, siendo para los Judíos lo que Flavio Josefo fue para los Cristianos, San Pablo tuvo sus ojos puestos en la Parusía, en el Gran Sacrificio de los cientos de miles de "corderos llevados al matadero", y pensando en legar la esencia de la Doctrina Apostólica sobre la Iglesia a las generaciones que les sucederían y vivirían el Triunfo del Cristianismo sobre el Imperio, condensó en pocas palabras una Sabiduría cuyos discursos provocaba que se cayesen por las ventanas incluso los más dignos discípulos.
Si en su Carta a los Romanos se derramó con el corazón profético puesto al desnudo, en su Epístola a los Hebreos el espíritu que clama Victoria y jalea la Coronación de Jesucristo como Rey, elegido por Dios para Servirle como Rey de su Reino Universal, no puede contenerse y se sale de madre, escribiendo:
Pues ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: “Tú eres mi Hijo, yo te
he engendrado hoy?”; y luego: “Yo seré para El padre, y El será Hijo para mí”.
Y cuando de nuevo introduce a su Primogénito en el mundo dice:
“Adórenle todos los ángeles de Dios.”
De los ángeles dice: “El que hace a sus ángeles espíritus y a sus
ministros llamas de fuego”.
Pero al Hijo: “Tu trono, ¡oh Dios!, subsistirá por los siglos de los
siglos; cetro de equidad es el cetro de tu reino.
Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió Dios,
tu Dios, con óleo de alegría sobre tus compañeros.”
Y: “Tú, Señor, al principio, fundaste la tierra, y los cielos son la
obra de tus manos.
Ellos perecerán, pero tú permaneces, y todos, como un vestido,
envejecerán,
y como un manto los envolverás, y como un vestido se mudarán; pero tú
permaneces el mismo, y tus años no se acabarán”.
¿Y a cuál de los ángeles dijo alguna vez: “Siéntate a mi diestra,
mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus pies?”.
¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio
en favor de los que han de heredar la salud?

|
|