...Complementamos
en este capítulo el muro entre la carne y el espíritu
que la propia Fe levanta entre Cielo e Infierno, entre esperanza
y vacío de futuro. Tengamos en cuenta que la gran
diferencia entre el cristiano y el hombre sin Fe reside,
se teje y se articula alrededor y desde la vida eterna que
Dios comunicó a su creación entera. Aunque
la idea de un juicio final y una vida futura paradisiaca
es un legado del mundo de Adán a las naciones antiguas,
ese legado encontró en Cristo Jesús su desarrollo
final, por el cual supimos que la esperanza de vida eterna
se cumple en el Reino de Dios. En la Tierra existen otras
sociedades religiosas que reclaman para sí esta idea
del cristianismo, si bien no aceptando la Fe del propio
cristianismo. El hecho es que Cristo Jesús fue la
encarnación de aquélla Idea, y no aceptar
su Evangelio es querer anular su Doctrina de Fe y Esperanza
siguiendo la táctica de unirse al enemigo para vencerlo.
No miente por tanto San Pablo al afirmar que:
Los
que viven según la carne no pueden agradar a Dios;
...Imposible
es que el hombre que mira a la muerte y desde la muerte
enfoca su existencia pueda actuar acorde a quien camina
desde los presupuestos de una vida eterna, que se cumple
en espíritu en nosotros y respecto a la cual la muerte
no es más que una ley impuesta por circunstancias
externas a nosotros como al propio Dios que rociara las
aguas del universo con la energía de su propio ser
a fin de hacer que la semila de la vida emergiera desde
la Naturaleza así revolucionada. La diferencia que
establece la Fe entre hombres y hombres opera en este terreno
y tiene en sus dimensiones sus horizontes. Pues quien vive
contando sus días disfruta de su tiempo según
sus limitaciones y enfoca sus actos en el presente al máximo
goce dentro de esas cuatro paredes construidas por la muerte.
Hablando sobre este comportamiento antinatural -una vez
que la propia Naturaleza ha sido vestida de eternidad- Jesús
dijo: "Dejad que los muertos entierren a sus muertos".
Pues quien vive entre las cuatro paredes de la muerte, aunque
respire, está muerto. Ahora bien, lo natural es la
respiración en la consciencia de vida eterna, desde
la que el futuro abre sus horizontes a la acción
sobre los siglos y enfoca el camino del ser acorde a la
realidad interna en la que la conciencia de la Fe vive.
Es lo que vemos en Cristo Jesús, un hombre cuya respiración
no tiene lugar entre las dimensiones de la muerte sino que
piensa y se mueve como quien es inmortal. Y es el hombre
que vive en el cristiano.
pero
vosotros no vivís según la carne, sino según
el espíritu, si es que de verdad el espíritu
de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu
de Cristo, éste no es de Cristo.
...No
puede ser de otra forma. Lo increíble fuera que no
fuese así. Ser cristiano y vivir acorde a los principios
de una vida mortal, ajustando las acciones y los pensamientos
a la vida de una criatura sin futuro eterno, es la negación
del propio Cristo desde el cristianismo. El propio Pablo
lo declara y aún cuando habla para cristianos se
permite poner en claro que el mal del cristianismo procede
precisamente de quienes desde dentro operan y viven como
criaturas sin consciencia de la vida eterna a la que hemos
nacido y en la que se mueve el Ser cristiano, que es como
ser cristiano sin Dios, una cosa muy rara. Pero que no por
ser muy rara por ello dejamos de tener las pruebas más
claras de su existencia, a todos los niveles del cristianismo,
empezando por los obispos y terminando por el pueblo.
Mas
si Cristo está en vosotros, el cuerpo está
muerto para el pecado, pero el espíritu vive por
la justicia.
...Lo
que caracteriza una vida puramente mortal, y de existir
esta vida lo contrario sería absoltamente antinatural,
es la consecución del propio bien y satisfacción
individual. Vemos su encarnación material en el ateísmo
científico, padre del materialismo, en el que el
hombre, igualado a la bestia, se limita a procurarse su
propio placer ¡¡aún sobre el cadáver
de sus semejantes!! Y es que al no ser el Otro el Yo, el
Otro no puede ser su semejante; Razón que deviene
en Ciencia y proclama la necesaria muerte del Débil
a los pies del Fuerte en Razón de operar dentro de
la Especie dos razas, la del Fuerte y la del Débil.
Otra Ley Criminal sería imposible de ser concebida,
es verdad, una vez adoptada por la Ciencia el credo de la
Razón de la Edad Moderna. Y será desde esta
Ley que, al no ser escrupulosamente seguida, que la Especie
se hunda en crisis continuas... por culpa de la debilidad
del Fuerte ante el aplastamiento legítimo desde la
Ley por el Fuerte. La Muerte, pues, enfoca sus obras y gobierna
el pensamiento de quienes viven entre sus planteamientos
patológicos lejos de la Verdadera estructura de la
Naturaleza Universal, que, investida de Eternidad, hace
brotar la Semilla del Arbol de la Vida sobre un Océano
fecundado por el Espíritu Creador: para, precisamente,
hacer que el Ser de la Creación goce de la vida eterna
natural a Dios, el Único y Verdadero Causante de
esta Revolución cuyo fruto y mejor prueba somos nosotros,
aquéllos en quienes el Espíritu de Cristo
es la Raiz del Yo, es decir, del Ser.
Y
si el espíritu de aquél que resucitó
a Jesús de entre los muertos habita en vosotros,
el que resucitó a Cristo Jesús de entre los
muertos dará también vida a vuestros cuerpos
mortales por virtud de su Espíritu, que habita en
vosotros.
...En
esto está la Fe. Y de nuevo observamos el planteamiento
que San Pablo hace, incluyendo siempre en su juicio la necesidad
de no perder el sentido de la realidad en base a la adopción
del nombre de "cristiano". Juicio vigilante y
de defensa que se muestra de necesidad para la vida del
Yo, y esto incluyendo en el juicio a los propios obispos,
independientemente de su lugar en la jerarquía de
las iglesias. Porque San Pablo no dirigió esta Epístola
exclusivamente al cristiano de a pie, sino que dirigía
sus palabras a todos los cristianos en su conjunto, lo mismo
sacerdotes que fieles. Y lo contrario, que el sacerdote
y el pastor siendo cristianos en ningún caso fueran
destinatarios de las palabras del Espíritu Santo
sería una aberración diabólica del
tipo puesto en marcha por Satán en el Edén,
quien, siendo hijo de Dios, utilizó esta Vestidura
Divina para enviarnos a todos al Infierno. Creer que el
hábito hace al monje es un suicidio. Y creer que
por enfundarse una mitra la cabeza queda santificada es
un delito contra Dios y el Hombre. Ahora bien, el Juicio
mira a las palabras y las obras, permaneciendo ante el Tribunal
de los hijos de Dios todo hombre como desnudo en relación
a sus palabras y obras. Lo contrario, creer que el hábito
hace al monje y por el hecho de ser elevado alguien a cierto
puesto queda automáticamente libre, de no haberlo
estado antes, del pecado y el crimen, es un suicidio contra
la Fe del mismo Cristo Jesús, quien, siendo el Rey
del Universo, se desnudó ante Dios para descubrirnos
que no las ropas sino el Ser es el que se presentará,
sea para bien o para mal, ante el Juez de toda la Creación.
Así
pues, hermanos, no somos deudores de la carne para vivir
según la carne,
...Nunca.
No fue por las obras de la Muerte que se cumple en nuestro
Ser el milagro de Nacer a la vida del Espíritu de
la vida eterna. Fue el Brazo de Dios el Autor de esta Obra
por la cual los horizontes entre los que la Muerte encerró
la Consciencia del Hombre cayeron y la Mente Humana ha sido
restaurada en la Libertad de los hijos de Dios, Libertad
en orden a la cual fuera creado el Hombre. No es, pues,
obra de la reproducción y multiplicación de
lo humano que la Fe logró articular su Doctrina entre
nosotros, porque en este caso la Encarnación no hubiera
sido necesaria. Al contrario, la Encarnación puso
sobre la mesa la imposibilidad fáctica que desde
la eternidad existe para el logro de la realización
del Misterio de la Creación de vida a Imagen y Semejanza
de Dios. Imposibilidad que fue vencida por Dios; sobre cuya
Victoria el mejor canto es la Encarnación. Si de
alguien somos Deudores, por tanto, lo somos de Aquel que
resucitó a Jesucristo, en cuya Resurrección
vino a apuntalar Dios, mediante un hecho Histórico,
su Victoria sobre la Muerte, que devino un hecho consumado.
Hecho por el cual quiso Dios darnos a conocer que la Vida,
no por evolución, sino por su Poder, viene a luz
para disfrutar de días que no se acaban nunca, a
imagen y semejanza de su propia Vida. Y nacidos para disfrutar
de vida a su imagen y semejanza lo que le conviene a todo
hombre es vivir acorde a esta Nueva Realidad Universal.
Por Ley ajena a la Voluntad de Dios tenemos que morir, pero
por la Ley del Poder de Dios ese momento es sólo
un punto en la línea de nuestra vida eterna. Cerramos
los ojos a la Tierra para abrirlos al Cielo.. si , como
dice Pablo, hemos vivido en la Tierra tal cual si ya estuviéramos
en el Cielo.
que
si vivís según la carne, moriréis;
mas, si con el espíritu mortificáis las obras
del cuerpo, viviréis.
...Otra
cosa no sería natural. Ni desde la óptica
de la inteligencia humana ni desde la de la misericordia
divina. Es decir, que caminando en este mundo a imagen y
semejanza de verdaderos demonios se nos abriesen las puertas
del Cielo por el simple hecho de haber cometido esos crímenes...
en nombre de Cristo... De donde se ve que mientras más
alto sube el hombre más dura es la caída.
Y pues que todos estamos sujetos a la estructura de un mundo
en constante lucha contra Dios, es decir, contra sí
mismo, la paz es sólo para los que están muertos.
Pues la paz implica que ya no hay problemas. Pero el que
está vivo camina de problema en problema. Y mientras
exista este enfrentamiento la batalla empieza en uno mismo.
Dejemos, pues, que los muertos entierren a sus muertos,
y nosotros a lo nuestro, a contemplar el futuro de los siglos
y acordar nuestras acciones en pensamiento, palabra y obra
al comportamiento natural a quienes nacen para gozar de
la vida eterna. Porque como dijimos antes: La Muerte ya
no tiene poder sobre nosotros, ni antes, ni durante, ni
después. Vivimos como Inmortales en un cuerpo mortal,
cierto, pero la victoria del Hombre sobre la Muerte está
en que siendo mortales nos comportamos, en pensamiento,
palabra y obra, como Inmortales ¡¡a Imagen y
Semejanza de Cristo Jesús!!
...A
este misterio de vida se reduce la Fe. |