...Dos
dimensiones y una sola realidad vienen a confluir en el
Nacimiento del Cristianismo para la Edificación del
Proyecto de Formación del Hombre a imagen y semejanza
de Dios. De un lado tenemos que la criatura sola no puede
romper la frontera de la Muerte y poner su pie en el terreno
de la Inmortalidad. Del otro tenemos un Ser Creador que
echó abajo ese Muro. Pero no sólo por el mero
placer de la conquista sobre un horizonte imposible de alcanzar
por la materia sola. Sino que alcanzada esa meta transformó
la propia estructura de la vida elevando su evolución
de la materia: al Espíritu, haciendo así que
la criatura sienta y viva en su ser la fuerza arrolladora
de la propia vida Divina, no como algo ajeno sino como realidad
propia. De hecho basta enfocar el pensamiento en los tiempos
inmediatamente posteriores a la Caída de la Primera
Civilización para descubrir en la pérdida
de esta Conquista el origen de la esquizofrenia violenta
de aquéllos Héroes de la Antiguedad, inventores
del sacrificio humano ritual como medio de alcanzar por
el favor de los dioses lo que por la sangre sola les era
imposible. En la enfermedad descubrimos la impronta consumada
de la revolución cósmica por Dios efectuada,
desde cuyo Principio fuera el Género Humano creado
para disfrutar, a Imagen y Semejanza de los dioses, de la
Inmortalidad. Mas sería superfluo encerrar la dimensión
del Proyecto Divino exclusivamente dentro del hecho ontológico
de la ruptura de los límites de la evolución
natural. El Proyecto llevaba en su seno un ente, el Hombre,
concebido en la Mente Creadora para ser su Semejante en
el Espíritu. La vida eterna dada por sentado, la
cuestión era qué haría la criatura
con esa vida. Y La Respuesta de Dios fue darle por Razón
Natural al Espíritu del Hombre el YO de quien dijera:
YO soy el que soy. Este Yo, reflejo puro del YO de su Creador,
abandonado a sus fuerzas naturales por la Caída,
privado de su Sobrenaturaleza, será el que entre
en aquella esquizofrenia aguda y violenta, origen del Fratricidio,
que extendiéndose por el cuerpo de la Humanidad hundiría
a las naciones en la irracionalidad de la que somos testigos
al presente y se alzó contra su propio Salvador al
ritmo de los impulsos malignos que ya se habían asentado
en los estratos de la estructura sub e inconsciente del
ser humano. Enfermedad de la que el Hombre es sanado mediante
la promesa de Vida Eterna que el Espíritu Cristiano
mantiene viva contra los golpes de viento de los siglos,
cual se ve por los hechos desde un confín al otro
de la Tierra.
Y
asímismo, también el Espíritu viene
en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos
pedir lo que nos conviene; mas el mismo Espíritu
aboga por nosotros con gemidos inenarrables,
...Esto
sentado, San Pablo, lo mismo que los demás Apóstoles,
da un paso adelante y pone al Cristiano delante de Dios
con un deseo, es decir: "Pedid y se os dará".
Ahora, pedir ¿qué? La propia estructura del
YO de quien dijera YO soy el que soy pone sobre la mesa
una Personalidad consumada en su Consciencia ante el que
poner el deseo de nuestro corazón. Y siendo su YO
una realidad perfecta el Deseo del Hombre se encuentra delante
de dos puertas. Una se llama el Bien y otra el Mal. Y Dios,
en cuanto YO ontológicamente perfecto, no puede ir
contra sí mismo en base al amor. Usar, manipular,
utilizar el amor para usar, manipular y utilizar a la persona
que ama es el talón de aquiles contra el que la flecha
del mal, desde la forma más simple a la más
compleja, dirige su dardo. Vemos en el Caso Adán
cómo este dardo fue utilizado por Satán contra
Dios a fin de por el amor obtener de El lo que de Su YO
no se podía obtener por la Razón. Superado
este trauma y volcados totalmente en la Fe nuestro dilema
está en el enfrentamiento entre nuestros deseos y
un Ser Divino las leyes de cuya Mente son inviolables e
incorruptibles y nada ni nadie puede hacer que El vaya contra
Su YO. Imposible, por consiguiente, saber cuáles
son las leyes de su Mente sin antes habernos descubierto
El su Espíritu. Que tenemos en palabras que llenan
el Libro más voluminoso de la Historia de la Humanidad,
por su profundidad y extensión, la Biblia. Donde
las raíces de ese YO, a cuya Imagen y Semejanza el
Hombre fue creado y Restaurado en Cristo, se nos descubren
cuando se escribe: El Espíritu de Yavé, el
Espíritu de Dios, es espíritu de sabiduría
e inteligencia, entendimiento y fortaleza, consejo y temor
de Dios. Nada puede complacerle más a nuestro Creador
que, faltos de esas cualidades naturales a su Ser, nuestro
corazón se vuelque en sus manos pidiéndole
Inteligencia sin medida para penetrar en el misterio de
todas las cosas, descubriendo al amparo de Su luz las respuestas
a todos los problemas que azotan nuestro mundo. La implicación
es Fe, pero como estamos tratando entre cristianos ponerla
sobre la mesa es innecesario. Lo mismo sobre la Imposibilidad
o Posibilidad del Poder de Dios para abrirnos la Puerta
de su Omnisciencia. No hay nada que pueda derretir el Ser
de ese YO Divino con más garantía de éxito
que pedirle aquello para lo que El creara al Hombre.
y el que escudriña los corazones conoce cuál
es el deseo del Espíritu, porque intercede por los
santos según Dios
...Es
decir, si del Hombre es pedir lo que no tiene y por lo que
su ser suspira, de Dios es dar, porque lo tiene, aquello
a lo que su criatura aspira; y como el Hombre pide lo que
quiere, Dios concede descubriendo en el que pide el fin
al que su deseo tiende. Ahora bien, cristianos, de la Descendencia
espiritual de Cristo, la inmaculada raiz del que nos hace
nacer para su Gloria ante todas las naciones, esa raiz incorruptible
imprime su sello a nuestro deseo y con su impronta obtiene
de quien tiene el Poder aquello que en el Deseo con su Gloria
El mismo firma. Al infierno, pues, con la Duda. El mismo
que suscita es quien concede. El que pide como el que da
ambos son el mismo, una sola cosa, Dios en Cristo, Cristo
en Dios, el mismo Espíritu de la eternidad que se
derrama en toda la creación para vestir todas las
cosas de Inmortalidad sempiterna. "Inteligencia sin
medida", nada hay en la Tierra que pueda pedir el Hombre
que más pronto obtenga de Dios su respuesta, y su
respuesta es un Sí, un Sí bello como una mirada
de padre a hijo, alucinante como el beso del alba a la aurora,
un Sí todopoderoso y omnisciente que perfila mentes
y escribe la Historia de los Siglos desde la punta de los
dedos del hombre. El Espíritu que sostiene es el
que susurra palabras de sabiduría. Adelante entonces.
¿O acaso siendo malos vuestros padres si le pedís
pan os da una piedra? Si Ayer la Duda fue cosa de "valientes",
Hoy la Duda es razón de cobardes. En Dios está
todo el Poder, sí, pero también toda Ciencia.
Su Omnisciencia extiende sus fronteras sobre las costas
del Cosmos y penetra en los abismos fundamentales de la
materia. Nada hay que la Inteligencia del Creador no conozca.
No hay problema cuya respuesta El no haya descubierto ya.
Ni ley universal que exista sin su conocimiento. El hombre,
cual chiquillo prodigio que abre sus ojos al universo y
desde su genialidad precoz, confundido por la visión
del fierno, dibujó en la arena de la playa su idea
del mundo. Pero Hoy la Infancia del Hombre es ya un recuerdo
y su Adolescencia un pasado pretérito. Y en su crisis
de Adulto está devorando su propio mundo. Como Ayer
sólo Cristo podía impedir que la Civilización
se hundiera para no volver a renacer; Hoy es el cristianismo
la fuerza histórica en cuyas manos descansa el Futuro
de la Plenitud de las Naciones. Pero no en la fuerza de
las armas sino por la Libertad de una Inteligencia sin medida
que hace de la Omnisciencia Creadora su Fuente de acción
tiene ese Futuro su Mañana. "Pedid, el Espíritu
de Yavé, el Espíritu de Cristo, el Espíritu
de Dios: sabiduría e inteligencia, entendimiento
y fortaleza, consejo y temor de Dios, y Dios os dará
lo que desde el Principio de la Creación legó
al Ser Humano, Herencia de la que fuimos privados por la
Traición, y recogiera en testamento su Hijo para
su Descendencia, la que habría de nacer y cuya venida
la creación entera ha estado esperando ansiosa, Descendencia
nacida para gozar de la libertad de la gloria de los hijos
de Dios". |