...Es
difícil decir hasta qué punto la obviedad
necesita explicarse, hacerse entender, abrirse el pecho
de costado a costado y quedarse desnuda a fin de que las
inteligencias sin consciencia de su esencialidad lleguen
siquiera, pues que no a entender la naturaleza de la verdadera
realidad de todas las cosas, al menos sí a captar
la conexión entre esa naturaleza y su inteligencia,
que duerme bajo las pesadas cadenas de las necesidades diarias.
Aquéllos que velaban pero se movieron entre tinieblas
en lugar de defender la fragilidad humana usaron el estado
de inconsciencia general para alzarse ellos como alguna
especie de dioses superhumanos a cuyos pies debían
ponerse lo mismo el poder que la gloria. Alzar el pensamiento
y ver la verdadera naturaleza del universo en la mente de
quien le diera origen y forma devino inconsustancial, en
base y sobre todo a que la satisfacción del ego propio
convivía mejor con la esclavitud que con la libertad
de los pueblos y las naciones a costa de cuyo sudor, contra
la ley, hacían su agosto. Tanto más delictivo
el caso por cuanto el sudor dio paso a la sangre. La situación,
por tanto, en la que a causa de la Caída, tuvo Dios
que restaurar su Plan Universal de Formación del
Hombre a la Imagen y Semejanza de su Hijo forjaron realidades
concretas, específicas, unas veces demoledoras y
otras llenas de gracia, sobre cuyo camino la Voluntad Divina
tuvo que marcar época.
Ahora
bien: sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para
el bien de los que le aman, de los que según sus
designios son llamados.
...La
Caída no sólo transformó el comportamiento
y las relaciones humanas. La conexión entre el núcleo
divino y la periferia humana quedó también
rota. El efecto a largo plazo de la ruptura entre Creador
y criatura se tradujo en la necesidad que el primero tendría
en adelante de hacer su trabajo de Formación del
Hombre contra la Ignorancia del segundo. La esperanza de
los autores de la Desobediencia del Hombre era que esa ruptura
no volviera a restablecerse nunca jamás. El Plan
de Dios: restablecer su relación con el Hombre, liderar
su camino fuera de las profundidades del infierno en que
su mundo devino y elevarlo a su altura de su Hijo, consolando
mediante esta Libertad sin límites al Hombre que,
contra su Voluntad, fuera desnucado por la Muerte con la
quijada de un asno llamado Satanás. La oposición
del mundo a su propia Liberación estaba garantizada,
pues. La Ley tenía que consumarse porque el Delito
había sido cometido. Nada ni nadie podía anular
la Sentencia sino el propio Tiempo. Pero para cuando llegara
el Día de la Restauración, simplemente por
inercia milenaria, la lucha abierta contra sus Elegidos,
es decir contra los libertadores del ser humano, sería
terrible. Uno por uno todos caerían en el campo de
batalla. ¿Dónde está el loco que se
lanza a una guerra a sabiendas que yacerá cadáver
bajo las botas del enemigo? La elección de quienes
habrían de Restaurar mediante su Sacrificio el Plan
Universal de Formación de la Plenitud de las Naciones
a imagen y semejanza de los Pueblos del Cielo, esa Elección
no podía ser al azar. El destino de sus Elegidos
sería la cruz.
Porque
a los que de antes conoció, a ésos los predestinó
a ser conforme a la imagen de su Hijo, para que éste
sea el primogénito entre muchos hermanos;
...Muchos
siglos mantuvo bajo control todopoderoso Dios sus nervios
en fuego. La imagen del estado de sus nervios lo tenemos
en la Zarza que ardía sin consumirse. Ni el fuego
se apagaba ni la Zarza se consumía. Un control perfecto
de sus nervios. Tan perfecto que el mismo enemigo de su
Criatura y de su Creación se atrevía a presentarse
ante su trono porque le era imposible detectar en el Ser
del Creador el Fuego que contra su Crimen devoraba su Mente.
La espera había sido larga. La Restauración
del Plan Divino de Formación del Hombre a la Imagen
y Semejanza de su Hijo se había estado fraguando
en su Omnisciencia milenios enteros. Lo vemos en la Biblia,
el detallismo perfeccionista de su Autor. Así que
cuando el Día llegó El mismo eligió
en el seno de sus padres a quienes a su Hora habrían
de responder a Su llamada.
y
a los que predestinó, a ésos también
llamó; y a los que llamó, a ésos los
jutificó; y a los que justificó, a ésos
también los glorificó.
...No
engañó Dios a los Hermanos de su Hijo. En
este orden Descartes no fue más que un pobre idiota.
Dios no le mintió jamás al Hombre. Desde el
principio tuvo la Verdad en su boca. "Si
comes, morirás". Y así fue. Y
para que esta vez las Palabras no fuesen tomadas a chirigota,
Su Palabra se hizo carne a fin de que sus Elegidos no dijeran:
"No sabíamos que la Cruz era el término
de nuestro Camino".
¿Qué diremos, pues, a esto? Si Dios está
por nosotros, ¿quién contra nosotros?
...Y
sin embargo el Fin era el Principio de una Nueva Realidad,
para los Elegidos porque de las profundidades de la muerte
eran elevados a las alturas del trono del Hijo de Dios.
Y para el Género Humano porque al precio de Su sangre
los hijos de Dios, de la descendencia de Abraham, restablecieron
por la eternidad el Vínculo Sagrado entre el Hombre
y Dios, firmando con su Cruz una Alianza sempiterna, por
la cual la Humanidad en Cristo no será jamás
destruida.
El
que no perdonó a su propio Hijo, antes le entregó
por todos nosotros, ¿cómo no ha de darnos
con El todas las cosas?
...Esta
fue la Recompensa, la meta tras la que corrieron los Elegidos
y ante la cual, conociendo por la Palabra y la Carne que
el precio era la Cruz, ni se amilanaron ni se echaron a
temblar, sino que mirándonos a nosotros, el fruto
de su Sangre en el Espíritu, se desnudaron y tiraron
su carne y sus huesos a los leones y el fuego. Del Cristiano
es, por tanto, el mundo y todo lo que contiene. Como se
ha visto en los dos milenios pasados y ha de hacerse realidad
Histórica en lo que va de siglo.
¿Quién
acusará a los elegidos de Dios? Siendo Dios quien
justifica, ¿quién condenará?
...Lo
implicaba la Creación del Hombre: "Hagamos
al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine
sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, y todos
cuanto se mueve sobre la faz de la tierra".
Pero fuimos desposeídos de nuestra Heredad y obligados
a vivir en nuestro mundo como quien ha caído de otro
planeta y el mundo se rebelase contra hijos no nacidos de
su carne. Mas lo fuimos por un tiempo, el periodo que durase
la Sentencia contra la Desobediencia habida. Pasado ese
tiempo el Hombre sería restaurado en su heredad.
El Hombre en Cristo, jamás ya fuera de El -se entiende.
Justificados pues por la Sangre y el Espíritu el
Futuro es del Cristiano.
Cristo
Jesús, el que murió, aún más,
el que resucitó, el que está a la diestra
de Dios, es quien intercede por nosotros.
...Y
siendo nuestro Salvador, el Brazo de Dios, Aquel por el
que el Todopoderoso ejecuta sus Obras,
¿quién nos impedirá entrar en posesión
de nuestra Heredad? Es decir, ¿quién
hará que Dios desista de su Plan de Salvación
Universal, le cortará el paso y le impedirá
consumar la Restauración de su criatura a su Imagen
y semejanza?
¿Quién
nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación,
la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez,
el peligro, la espada?
...¿El
Comunismo, el Islam, el Socialismo, el Ateísmo, el
Materialismo Científico? Todos son movimientos de las tinieblas
bajo la luz del Día que amanece y que, como la Serpiente
coletea una vez decapitada, se mueven violentamente antes
de expirar para siempre. Nadie puede cambiar el Pasado ni
borrar del Libro del Tiempo el Futuro que Dios tiene en
mente.
Según
está escrito: Por tu causa somos entregados a la
muerte todo el día, somos mirados como ovejas de
degüello.
...Y
si ni el dolor de aquéllos a quienes tanto amó
hizo temblar Su pulso, tanto menos lo hará el odio
de aquéllos que se alzaron contra su Omnisciencia
y creyeron que en la Guerra contra el Cristianismo estaba
la Victoria de sus fuerzas contra el Mal que tiene aún
encerrado entre sus muros a una gran parte de nuestro mundo.
Mas
en todas estas cosas vencemos por aquel que nos amó.
...Cuanto
más nosotros, descendencia de Cristo, para quienes
la Cruz no es el término una vez que la Necesidad
ha dado paso a la "libertad de la gloria de los hijos
de Dios".
Porque
persuadido estoy que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles,
ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las
potestades,
...Toda
la razón para nuestro Apóstol. Y el que tenga
que decir lo contrario, que no se prive.
ni
la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá
separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús,
nuestro Señor.
...Y
si a los siervos nada ni nadie pudo impedirles alcanzar
la gloria, ¿quién
le impedirá a los hijos de ese mismo Señor
entrar en la Heredad para ellos reservada por Testamento,
firmado con Sangre ante todas las naciones de la Tierra
y del Cielo? |