Os
digo la verdad en Cristo, no miento y conmigo da testimonio
mi conciencia en el Espíritu Santo,
...¡Verdad...Cristo...testimonio...conciencia....Espíritu
Santo! Hay palabras que se inventan para satisfacer la vanidad
intelectual, palabras que salen de las fosas del cerebro
con la dureza y la glacialidad de las cadenas, palabras
que estallan en el cuerpo de la humanidad como un látigo
asesino hambriento de carne, devorando piel y sangre, hay
palabras dulces como besos de chiquillos diciendo te quiero
a su padre sin tejer una sola letra, hay palabras libertadoras
y palabras genocidas, palabras que son abismos en cuyos
precipicios se hunden las mentes alucinadas, imberbes, ignorantes
y tediosas, palabras que son puertas de sabiduria y ciencia
abriéndole al hombre nuevos horizontes, palabras
de amor y odio, palabras de amor y tristeza. Palabras que
según se juntan forman un castillo en las tinieblas
o un sol de victoria despertando en nosotros la consciencia
de ese ser humano primordial por amor al cual el universo
entero se hizo pájaro recorriendo el bosque de las
galaxias en busca de ramitas con las que hacerle en los
brazos de su Creador nido y cuna. ¡Qué bello
fue Adán! Paseando desnudo entre las fieras, Tarzán
divino con su palabra reinando en la selva, labrando la
tierra cual héroe del cielo por toda espada la Verdad
y por todo armamento la Conciencia del Espíritu Santo
a cuyos pies puso la Creación entera su cuerpo. Dios
lo concibió en el seno de una Palabra, la más
hermosa, la más amada por su alma: ¡Verdad!
La Verdad era su corona, su cetro, su manto de gloria, su
alma, su ser, su sino, su destino, su risa y su conciencia.
Todo en él era hermoso, su forma de mirar, de pensar,
de dormir, de estirar su brazo y comer la fruta del árbol
de la vida, su correr golpe a golpe con el león y
la pantera, sus pensamientos en el infinito y sus sueños
en la eternidad. Todo en él era inocente y puro.
En fin, era como un tonto. No sabía lo que era el
mal, era un hombre de palabra para quien la palabra era
ley, a imagen y semejanza de la de Dios, su Padre. De nadie
tenía miedo y nadie tenía por qué tenerle
miedo. No tenía nada propio, todo era de su Dios
y nada le pertenecía al hombre, pues todo había
sido creado para disfrute y gozo de todos. Era un romántico
nacido idealista. Jamás mataba, ni para comer ni
para imponer su fuerza. El era el Hombre, la revolución
después de la gran revolución del Neolítico,
orgullo de su Creador y gloria de la Tierra en cuyo seno
el Universo cultivara la Semilla de la Vida Inteligente.
Con una quijada mató Caín a su hermano porque
en la cabeza humana no cabía que de un instrumento
para labrar la tierra pudiera forjarse una espada, una lanza,
un missil. El Hombre no sabía lo que era la Guerra.
La Paz era su Patrimonio. Así que cuando cayeron
Adán y su Mundo, el Universo entero se quedó
perplejo, atónita la Tierra, pasmado el Cielo, sólo
en el Infierno los malditos demonios, una vez hijos de Dios,
bailaron al son de los tambores de la destrucción
total del Género Humano. ¡Pobre
Adán! De rodillas en el polvo sufriendo visiones
de terror, sobre su conciencia cayendo el recuerdo del futuro
con la fuerza del látigo sobre la espalda de Cristo;
de rodillas gritando de dolor con lágrimas envueltas
en sangre, la sangre de su hijos y la de los hijos de su
Mundo, bajo los cascos de las fuerzas del infierno desatado
por su Caída enterrados en un dolor más fuerte
que el pulso de la Creación en el núcleo duro
del espíritu que al Principio derramó Dios
sobre el pueblo de la Tierra. Donde se había escrito
gloria se escribiría destrucción; donde se
haía escrito honor, se escribiría: devastación;
donde se había escrito el nombre de la ciudad de
Dios, se escribiría: exterminio. Y él, Adán,
había sido el causante de la destrucción universal
del Género Humano, de su Caída de las puertas
de la Inmortalidad a la extinción total de su mundo
en el polvo de la Muerte.
que siento una gran tristeza y un dolor continuo en mi corazón
...Esta
Herencia fue el legado de Adán a Set, que pasó
de Set a Noé, de Noé a Abraham, concibió
en David la Corona, derramó su conciencia en los
profetas, y fue recogida por Cristo Jesús, hijo de
María, israelita de nacimiento, para manifestación
del Amor Imperecedero Universal de Dios hacia su Criatura
Humana y consolación de las naciones muertas y por
nacer. En su corazón vivía la pena que en
su día sintiera y bajo cuyo peso creyera morirse
de dolor y angustia Adán; y sería desde esta
Conciencia que Pablo se dirigió a los Romanos. Porque
si Adán cayó de rodillas contemplando en visión
el fin de su Mundo, el Apóstol, aunque sostenido
por el Espíritu Santo, lloraba en visión la
destrucción del pueblo israelita, que se avecinaba,
y sería tan real como real vino a ser la visión
que Adán viviera tras su Caída.
porque
desearía ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos,
mis deudos según la carne,
...Pero
como fue imposible detener el curso de la Justicia en el
Caso Adán, también era imposible en el Caso
Israelita detener el curso del Juicio de Dios, profetizado
hacía mucho ya, en verdad, cuando se escribiera:
"Decretada está la destrucción que acarreará
la Justicia". Impotente para detener el curso de los
tiempos el Apóstol, y porque era Santo, lloraba esa
imposibilidad que le rasgaba el alma en razón del
amor natural que sentía por quienes eran sus hermanos
según la carne y la sangre.
los
israelitas, cuya es la adopción, y la gloria, y las
alianzas, y la legislación, y el culto, y las promesas;
...Por
quienes sentía, como no podía ser de otro
modo, los sentimientos más profundos. No olvidemos
que el mismo que en su pasión cristiana derrama ahora
sus palabras como lluvia sobre la tierra de los creyentes,
éste mismo Pablo fue el Saulo que con el mismo apasionamiento
derramó fuego contra estos mismos cristianos en nombre
de esa adopción, de aquella gloria, de esas alianzas,
de esa legislación y culto y promesas de las que
el israelita se sentía orgulloso, eran su gloria
y causa de desprecio hacia las demás naciones.
cuyos
son los patriarcas y de quienes según la carne procede
Cristo, que está por encima de todas las cosas, Dios
bendito por los siglos. Amén.
...Gloria
y Honor imperecederos a los que el Dios de Adán,
padre de Israel y su descendencia, sumó el Nacimiento
de Cristo Jesús, a quien elevó el Dios de
Abraham tan alto cuan bajo fuera arrojado su padre, Adán.
¡¡Y qué gloria más alta y poderosa
puede alcanzar la Criatura que sentarse a la altura de su
Creador!! Pues como bajo cayó Adán, tocando
las profundidades del Infierno, desde cuyo fondo viera la
destrucción del mundo entero, así de alto
elevó Dios a su Hijo y Heredero en la sangre y el
Espíritu, según se escribió: "Pongo
perpetua enemistad entre tu descendencia y la suya, tú
le acecharas el calcañal y El te aplastará
la cabeza". De manera que de las profundidades más
ignotas del Infierno a las alturas más inaccesibles
del Cielo, de esta manera descubriéndonos Dios a
todos sus hijos el lugar donde puso el Traidor sus ojos,
este mismo Trono en que hacía sentar ahora Dios al
hijo del Hombre, hijo de Adán, hijo de Dios, Jesucristo,
nuestro Rey y Salvador, nuestro Héroe y Señor,
nuestro Padre y Creador. Aleluya. Gloria al israelita, pero
mayor gloria la del Apóstol, porque sumó a
la de la carne la del Espíritu.
Y
no es que la palabra de Dios haya caído vacía,
pues no todos los de Israel son de Israel,
...Nacido
el hijo del Hombre y glorificado por la Resurrección,
la ruptura entre lo Antiguo y lo Nuevo se forjó sin
vuelta atrás. El que tenía que nacer con la
Maza había nacido y su Victoria se consumó.
Cristo Jesús era el hijo del Hombre, el heredero
de la Promesa de Venganza contra la Serpiente. Desde El
y a raiz de su Victoria, se producía una inmensa
fisura en el seno del mundo israelita, que podemos definir
diciendo aquello de: Adaptarse o morir. Es decir, avanzar
hacia el Futuro o quedarse clavado en el Pasado esperando
que el tren sin retorno que saliera de la estación
del Presente volviese a pasar. La primera postura fue la
del Apóstol y sus congéneres en el Espíritu;
la última la de los judíos, que aún
dos milenios después siguen sentados en la estación
esperando que el hijo del Hombre nazca y les dé el
Poder Absoluto sobre todas las Naciones de la Tierra.
ni
todos los descendientes de Abraham son hijos de Abraham,
sino que por Isaac será nombrada tu descendencia.
...La
ruptura cristiana en el seno de la comunidad israelita,
en consecuencia, procede de la Razón por la que Abraham
fuera bendecido por Dios. Y que se enmarca dentro de la
Conciencia que lega Adán a su descendencia, por la
cual y por su culpa el Género Humano fue privado
del Futuro que Dios legó a todas las naciones de
la Tierra. Culpa que en su Justicia nos reveló Dios
limitada a la Ignorancia de Adán sobre la Ciencia
del Bien y del Mal, en virtud de cuya Ignorancia se imponía
el Sacrificio Expiatorio en cuya Sangre la Redención
reclamada se consumaría y por cuya Consumación
se le abriría al Género Humano en su Plenitud
las Puertas de la libertad de la gloria de los hijos de
Dios, gloria que nos fuera sustraída por la Caída
del padre de este mismo Abraham. De manera que a raiz del
Sacrificio Expiatorio Universal, del que el sacrificio simbólico
de Isaac fue su modelo, los hijos de Abraham serían
contados en Razón de esta Conciencia Patriarcal y
no simplemente poor el hecho de ser descendiente sanguíneo.
Esto
es, no los hijos de la carne son hijos de Dios, sino los
hijos de la promesa son tenidos por descendencia.
...Digamos
en descargo del judío y buscando su salud, que era
imposible para hombre alguno, pues que lo fuera para el
propio asesino de Adán y su Mundo, concebir el modo
y manera en que el hijo del Hombre, hijo de Adán,
le aplastaría la cabeza al Jefe de la Rebelión
contra el Imperio de Dios. Ni el mismo Satán, teniendo
acceso a la Presencia de Dios, como se ve en el libro de
Job, fue capaz de entrar en la Mente del Omnisciente Padre
de todos los príncipes de su Imperio. El hecho es
que el Duelo a muerte entre Satán y el hijo del Hombre,
o sea, Cristo, estaba anunciado desde el mismo Día
de la Caída. Y que queriendo ser el Campeón
elegido para medir sus fuerzas con el Asesino de su padre,
incapaz de comprender la Razón Divina, Cain mató
a Abel en un intento de obligar a Dios, pues que su padre
no tenía más hijos, a proclamarlo su Campeón.
El juicio misericordioso Divino contra el fratricida expone
a la vista este juego de sentimientos en la causa de la
muerte de Abel. Quiero decir, el propio Unigénito
de Dios se encarnó en la Virgen con el espíritu
puesto en la Idea del Mesías al estilo que el Judaísmo
posdavídico pusiera en circulación y le costara
al reino de los Hebreos su destrucción. El Episodio
del Niño en el Templo es el Acontecimiento Histórico
que marcó lo que llamamos el Volver a Nacer de Jesús,
que devino Cristo al descubrir en su Padre la Verdadera
Imagen que bullía en la Mente de Dios. La Maza del
Vengador de la Sangre de Adán era la Cruz. Misterio
insondable e inafeble para sus hermanos de sangre en Abraham,
la Cruz sería el Arma con el que el hijo del Hombre
le aplastaría a la Serpiente la Cabeza. Atrapados
los hijos de Abraham en la misma Ignorancia al amparo de
cuya realidad el Enemigo hundiera el puñal de la
Traición en el pecho de Adán, ahora eran sus
descendientes quienes hundidos bajo el peso de esa misma
Ignorancia hundían el puñal de la rebelión
contra el Reino de Dios en el pecho de Cristo Jesús,
el hijo del Hombre. De manera que esperándolo ambos,
tanto los hijos de Dios aliados en la Rebelión de
la Serpiente como los hijos de Abraham bajo la corona de
los Césares, ignorantes ambos sobre la naturaleza
del Arma con la que Dios vestiría a su Campeón,
cumpliendo por su Brazo la Promesa: "Te aplastará
la cabeza", ambos se unieron para acometer el mismo
acto: La Crucifixión del Mesías. Acto consumado
que, aunque ejecutado en la Ignorancia, según la
Palabra del propio Mesías: "Padre, perdónalos
porque no saben lo que hacen", al igual que el de Adán,
aunque igualmente acometido en la Ignorancia, tenía
que acarrear y acarreó el cumplimiento de la Justicia
que decretara la Destrucción del reino de Israel.
De la que se salvaría un resto, según las
profecías, y a partir de las cuales sólo los
hijos de la Promesa serían contados como Descendencia
espiritual de Abraham.
Los
términos de la promesa son estos: Por este tiempo
volveré y Sara tendrá un hijo.
...Promesa
en la que es obvio ver la Omnipresencia Divina en el transcurso
de los milenios el pensamiento puesto en el Duelo Final
entre el hijo del Hombre y la Cabeza de la Serpiente. Omnipresencia
que se manifiesta omnisciente hasta el mínimo detalle
transformando toca autoría humana en consecuencia
de la acción Divina. Autoría que en la risa
de Sara y la incredulidad de Abraham nos pone de manifiesto
la imposibilidad de la inteligencia humana para por sus
solas fuerzas entrar en la Mente del Creador de todas las
cosas. Imposibilidad que devendría la causa de la
ruina del Enemigo y, por efecto, de la destrucción
del reino y nación de los israelitas.
Ni
es sólo esto: también Rebeca concibió
de un sólo varón, nuestro padre Isaac. Pues
bien
...Omnipresencia
omnisciente -valga el aforismo- que talla en el tiempo la
morfología de los acontecimientos hebreos y los convierte
en una Obra Universal firmada por el Señor de Abraham
y los Profetas: la Biblia. Y esto
cuando
aún no había nacido ni había hecho
aún bien ni mal, para que el propósito de
Dios, conforme a la elección, no por las obras, sino
por el que lllama, permaneciese,
...Es
decir, la Batalla Final es entre el Cielo y el Infierno,
entre Dios y la Muerte, entre el Reino de Dios y el Imperio
del Maligno. La Caída de Adán superó
los límites de la Tierra y envolvió la concepción
de la Creación entera. De aquí que en respuesta
Dios dijera: "he aquí que hago unos Nuevos Cielos
y una Nueva Tierra". Dios refunda la estructura de
su Creación. La Caída marcó un Antes
y un Después no sólo en la Historia del Género
Humano sino también y sobre todo en la propia Biohistoria
Divina. Es Dios quien clama Venganza sobre el cadáver
de Adán, es Dios quien Reclama Misericordia para
la Descendencia del Hombre. Es Dios el que elige a sus siervos
y profetas, el que quita y pone, el que hace de la vida
de sus personajes biblicos su Obra. La Biblia se transforma,
desde su Inicio, en un Libro escrito con Sangre y puesto
en vivo en el escenario de la Carne. Su cumbre, su Apogeo
será el Duelo Final entre el hijo del Hombre, hijo
de Adán, y la Cabeza de la Serpiente, Satán,
hijo de Dios. Este Duelo entre hijos de Dios será
su Ultimo Acto. Cierto que la Ley obligaba a Dios a elegir
un hijo del muerto, según lo escrito: "De la
vida del hombre de la mano de otro hombre reclamaré
venganza"; pero siendo un hijo de Dios el muerto la
Ley se abría a la Casa del propio Dios, de aqui que
siendo un hijo de Dios el difunto, nuestro Adán,
la elección de Dios pusiera su ojo en el de entre
sus hijos el más grande, su Primogénito: "Príncipe
de la Paz, Dios Fuerte, Padre sempiterno". Esta elección
es la que se puso de manifiesto en el Sacrificio de Isaac,
y que, conociéndola de antemano por revelación,
estuvo en la causa de la Obediencia de Abraham, sacrificando
a su propio unigénito a los pies de la Esperanza
Universal de Salvación que la redención del
Pecado de Adán derramaría sobre todas las
naciones del Género Humano. Y esto, como dice el
Apóstol, antes siquiera que hombre alguno hubiera
puesto sobre la mesa respuesta alguna al Drama de la Humanidad.
le
fue a ella dicho: el mayor servirá al menor
...De
Dios era la Batalla, Suya la Elección y Suya la Ley
por la que esta Elección se abrió a su propia
Casa. Pues si Adán no hubiera sido hijo de Dios la
Elección del Primogénito para Vengar la muerte
de su hermano menor, nuestro Adán, hubiera sido contra
Ley; ahora bien, si Adán no hubiera sido hijo de
Dios la extensión de su Delito a toda la Humanidad
hubiera sido un acto contra Justicia, entrando entonces
Dios como parte del Delito. Es Cristo Jesús el que
desde su Cruz Expiatoria Justifica tanto a Dios como a Adán
y hace Justicia sobre el Asesino firmando con su Sangre
su destierro de la Creación de Dios.
según
lo que está escrito: Amé a Jacob y odié
a Esaú.
...Lo
que puede traducirse diciendo: Amé a Adán
y odié a Satán. Amor y odio de los que deben
sacarse las consecuencias adecuadas en relación a
nuestra propia elección sobre el Bien y el Mal, sobre
el Pasado y el Futuro. Pues la Libertad implica que el predeterminismo
de la presciencia omnisciente divina -necesaria en cuanto
la Ignorancia se mantuvo por Ley- da paso a la inteligencia
independiente que desde su pensamiento determina su propio
camino en el tiempo y el espacio. Conocer a Dios, a Aquel
que dijera de Sí Mismo: "Yo soy el que soy"
es, en este orden, infinitamente más necesario que
conocer la estructura del universo, la constitución
de los tiempos o la naturaleza de los elementos. El Espíritu
de Dios ha derramado su Ley sobre toda su Creación
y no puede existir en la eternidad y el infinito sino lo
que anda a la luz de dicha Ley. Toda la Biblia, en definitiva,
no es otra cosa que la expresión en letras de este
Espíritu, desde el que San Pablo le escribe a los
Romanos Horas antes de la Gran Persecución Romana,
que no sería la última pero sí la Primera. |