...Recojo
el reto en el origen de este análisis del pensamiento
de Cristo en Pablo respecto a la relación entre la
Fe y las Obras, terreno en el que Lutero y la Reforma encontraron
un argumento decisivo para Desobedecer a Dios y romper la
Unidad pedida a las iglesias bajo Mandato. En Lutero, el Papa y el Diablo
traté de dibujar al hombre bajo la carne, y en la
Jhistoria de los Papas puse sobre la mesa las circunstancias
que dieron pie a la reacción del hombre, ante las
que cualquiera de nosotros hubiera reaccionado acorde a
la sangre en fuego que se merecían los acontecimientos.
La conclusión tras la lectura de ambas realidades
es que no se puede llegar a un juicio final por nuestra
parte en función de la complejidad a que la Humanidad
fue sometida a raiz de la Caída. Las fuerzas que
se movieron alrededor de los actores de la Historia Universal
superaron sus capacidades de entendimiento, y en cuanto
sobrepasados por ellas su consciencia respecto a la verdadera
naturaleza de sus acciones no se realizó jamás
desde un pleno conocimiento de causa. Lo dijo Dios Hijo
Unigénito desde su Cruz: Padre, perdónalos
porque no saben lo que hacen.
...Tampoco
Lutero sabía lo que hacía cuando puso su verdad
sobre la Iglesia y buscó su imperio aún a
costa de meterle fuego al mundo entero. Ahora bien, esto
no quiere decir que la verdad de Lutero estuviese desprovista
de sentido divino, como se deduce de la conquista por el
catolicismo de la reforma eclesiástica que estuvo
en el origen "de la Reforma". Es una pena que
el papado no moviera ficha sino a costa de la división
del reino de Dios. El Señor es quien juzga a sus
siervos, pero si por el mero hecho de ser su siervo alguno
se cree que tiene licencia para escupirle en el rostro al
Espíritu Santo y tirar la Gloria de Dios Padre en
el barro de las inmundicias a que acostumbrara la iglesia
romana a la cristiandad, que ése se prepara para
la sorpresa cuando el mismo que dijera que vendrían
del oriente y del occidente y se sentarían alrededor
de la mesa del Señor mientras los propios hijos del
reino serían expulsados, que ése se prepare
para la sorpresa, porque si los propios hijos de Dios son
arrojados a las Tinieblas ¡con cuánto más
terror debe conducirse un siervo aquí en la Tierra
!
...Sin
embargo el juego demoníaco de utilizar el Amor contra
el Temor debidos a Dios ha sido el arma letal que siervos
de todas las condiciones y estratos eclesiásticos
han venido utilizando para pervertir la Fe y alimentarse
de las propias ovejas hacia las que tienen por Contrato
el Deber de apacentarlas por tiernos pastos de salud y vida.
El ejemplo del destino de los judíos del Siglo de
Cristo debiera ser suficiente para que los pastores de la
cristiandad andasen en terror continuo a costa del delito
que todas han cometido contra la Unidad Sempiterna a cuyo
Orden Sagrado sujetó Dios el Cuerpo de su Hijo, nuestro
amadísimo Rey y Padre, Jesucristo. Porque si Dios
no perdonó su delito a los hijos de su amadísimo
Amigo Abraham ¡en base a qué la descendencia
carnal de bárbaros ha de creerse más y, aun
imitando al Diablo, ser capaz de escapar a la suerte del
Maligno!
...Dios
sólo tiene una Regla. Su Justicia es Una para todos
sus siervos, hijos y naciones. Todos los pueblos de su Reino
Universal están sujetos a una misma Ley Eterna. No
hay excepción. Cuando el sol sale sale para todos,
sin excepción. Y cuando las tinieblas golpean, golpean
sobre todos, sin excepción. El huracán no
hace excepción entre cristiano y judío, ni
entre ateo y musulmán. Así la Justicia del
Padre de todas las criaturas. EL mismo que no perdonó
a su Unigénito y Primogénito por quebrantar
la Ley de Moisés, que obligaba a toda la descendencia
carnal de Abraham, delito penado con la Cruz desde los días
dde Moisés, Ese mismo Dios Eterno hizo cumplir la
Justicia contra quienes no escucharon al Mesías cuya
Venida ese mismo Moisés les profetizara.
...La
complejidad de la Mente Divina, pues, será el factor
a tener en cuenta a la hora de cualquier análisis
del Libro que en su Mente, independientemente del nombre
de los escribas a su servicio, ya lo mismo Pablo que Juan,
concibiera Dios Padre el corazón puesto en la Salvación
Universal de todos los pueblos de la Tierra. No en vano,
por consiguiente, desde su Cruz, dijera su Unigénito:
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Pues
cualquiera de nosotros en las circunstancias y situación
bajo las que Cristo Jesús viviera, cualquiera de
nosotros habría sido actor pasivo en el Drama de
la Batalla Final entre los hijos de Dios, y en tanto que
actores pasivos hubiéramos también gritado
con aquéllos: Crucíficalo, crucifícalo.
Pues
¿qué diremos? Que los gentiles, que no perseguían
la justicia, alcanzaron la justicia, es decir la justicia
por la fe
...Por
la Fe de Cristo Jesús, por la Fe de Abraham, por
la Fe de Moisés, por la Fe de Adán, quienes,
a pesar de los hechos que les rodeaban, mantuvieron viva
a través de los milenios la Esperanza de Salvación
Universal, en orden a la cual la Humanidad, una vez redimida
, levantaría la Cabeza y dada a elegir entre el Cielo
y el Infierno, entre el Bien y el Mal, entre Dios y el Diablo:
sin pensarlo a su Creador levantaría su alma y haciéndose
una sola cosa con Su Salvador desterraría de su carne
la Obra que la Muerte construyera en ella a raiz de la Caída.
Esta Justicia Divina en la que el Amor infinito de Dios
por su Creación se hacía carne en Set y su
descendencia, viajando en la sangre de los Profetas desde
Moisés hasta Cristo, golpeó a dos bandas sin
poder detener el curso de su ley, que de todos los hombres,
lo mismo de judíos que de gentiles, hizo juguetes
y actores de comparsa de una Batalla Final en cuyo desenlace
el Futuro de esa misma Creación entera estaba en
juego. No en vano Dios eligió por Campeón
de su Causa al Hijo de sus entrañas increadas. Pues
todos nosotros no somos más que barro, Pinochos por
la sobrenaturaleza de nuestro Creador viviendo el sueño
de devenir seres vivos a imagen y semejanza de su padre
y creador, nuestro Rey sempiterno Jesucristo. ¡Qué
hijo de hembra humana hubiera podido sostener en sus brazo
la Maza con la que Dios juró aplastarle la cabeza
al enemigo que le había salido a su Reino! ¿Acaso
no confiesa la propia Biblia que desde Adán jamás
nació hombre alguno que pudiera desatarle la correa
de la sandalia a ese mismo Adán? Cuatro milenios
después, los hijos de aquella generación y
mundo andando por el polvo de la ignorancia infinita a que
los condujo la Caída, ¡que entraña sino
la del propio Dios Eterno hubiera podido parir al Héroe
por el que suspiraba nuestra alma, el Campeón todopoderoso
e Invencible que corriendo en tromba se lanzaría
contra el asesino de nuestros padres sin ofrecer más
misericordia que el pago a tal infernal delito! ¡Qué
hijo de hombre sino el que Dios mismo nos suscitara de sus
entrañas hubiera podido mirar cara a cara al Diablo,
y sin inmutarse siquiera ante la presencia del Príncipe
de las tinieblas darle por toda respuesta aquel: Vete Satán,
que tus días se cuentan ya por horas. ¿Quién,
ya entre los judíos o los gentiles, podía
imaginarse que Jesús caminaba hacia la Cruz? ¿Acaso
los propios Discípulos no corrieron como ratas huyendo
del fuego cuando los dos campeones, el del Cielo y el del
Infierno, se avalanzaron el uno sobre el otro? De Dios sólo
es la Gloria de la Victoria, El dio Héroe y Maza,
Brazo y Hacha. Y a El Sólo le debemos todo Honor
y toda Gloria; y sobre cualquiera, hijo o siervo, pastor
o fiel, que reclame para sí agradecimiento y fidelidad,
sobre su cabeza el delito. Alcanzamos la Fe no por nuestros
méritos, sino por la Gloria del Dios de la Eternidad.
Si a esto es lo que se refería Lutero cuando pusiera
la fe sobre las obras, bendita su boca y benditas las orejas
que le dieron oídos.
mientras
que Israel, siguiendo la ley de la justicia no alcanzó
la Ley
...Ni
Israel ni nadie hubiera podido alcanzarla, como se desprende
de lo dicho y se ve del Hecho de la Necesidad de la Encarnación.
Pues si la Victoria hubiera sido posible mediante la Elección
no de su Unigénito, en este caso San Pablo no podría
firmar lo escrito, y estarían en lo cierto quienes
afirman que el hombre puede por sí solo alcanzar
la gloria que se les negara a los héroes de muy antiguo.
Era imposible que ya Israel ya Roma o ambas a la vez apoyándose
la una en la otra hubieran podido aplastarle la Cabeza al
Maligno y Fundar el Reino de Dios en el espíritu
y el verdadero conocimiento de Dios, es decir, en la Fe.
Pues la ley de la justicia revelada en Moisés miraba
a la justicia por la fe encarnada en Cristo Jesús,
de aquí que al venir el Mesías su Profeta,
el hijo de Isabel y Zacarías, se retirara de la escena,
figura del final de contrato que Abraham firmó en
nombre de su descendencia, de esta manera dando paso una
ley a otra ley, ésta infinitamente más excelsa
y gloriosa cuando que "el que viene de arriba está
sobre todos".
¿Y
por qué? Porque no fue por el camino de la fe, sino
por el de las obras. Tropezaron con la piedra de escándalo
...Las
obras de la ley estaban prejijadas y por su camino era imposible
que la Humanidad recibiese otra cosa que el desprecio de
parte de quienes nacían bajo su justicia. Desprecio
que con el paso de los siglos se hizo parte de la mentalidad
del judío y levantó entre judíos y
gentiles el muro de enemistad que aún en nuestros
días perdura. Pero la Caída implicó
a toda la Humanidad y cuando Dios dijo: Hagamos al hombre
a nuestra imagen y a nuestra semejanza, estaba mirando a
todo el Género Humano. Siendo así que la Ley
de Moisés miraba exclusivamente al individuo, Israel,
y se despreocupaba del Género Humano, mientras existiese
esa justicia de la salvación por las obras de la
ley era imposible que el Muro entre el Creador y su Criatura
cayese. Razón por la cual esta Caída había
de ser causa de escándalo para aquéllos en
quienes el desprecio por la Humanidad había venido
a ser parte natural de su conducta. Cegados, pues, por lo
que ellos creían el fracaso de Dios para llevar adelante
su Palabra: la Formación del Género Humano
a la imagen y semejanza de sus hijos, los judíos,
sin saberlo, cometían un terrible delito al negar
el Todopoder del mismo que los salvara de Egipto. Pues no
puede ser que habiendo creado el Universo y siendo la sagrada
Escritura la Historia del Género Humano, sobre cuyas
familias extendió Dios su Mano, acontecimiento exterior
a la Voluntad Divina pudiera impedir que su Palabra se cumpliese.
La locura de los Rebeldes, a quienes les diera Satán
su boca, deviniendo él en persona la Cabeza de la
Serpiente, estuvo en creer que la Voluntad Universal de
Dios podía ser cercenada. Arruinadas sus inteligencias
por las pasiones infernales contra las que Dios creara a
Adán, sus mentes eran incapaces de comprender que
el Todopoder Divino no puede ser limitado por nada ni nadie.
Consumada la locura maligna, el replanteamiento del Proyecto
Universal imponía unas necesidades históricas
vitales imposibles de dar de lado. Israel, una vez asentado
en su individualismo nacional, cegado por la ley de las
obras, fue profundizando cada siglo más en el abismo
en cuyo fondo pusieran la piedra de su ruina los demonios
malditos que causaron la Caída de Adán. De
manera que al llegar Cristo la ruptura entre Israel y la
Humanidad se había hecho tan profunda y vasta que
por fuerza los judíos habían de partirse la
cabeza contra la Fe de la redención del Género
Humano y la Fundación del reino de Dios sobre la
Piedra del cristianismo.
Según
está escrito: He aquí que pongo en Sión
una piedra de tropiezo, una piedra de escándalo,
y el que creyere en El no será confundido.
...Escándalo
para los judíos había de ser, ciertamente,
que Dios echase abajo el Muro entre El y su Creación,
y dando por consumado el Contrato con Moisés, extendiese
otro ante la Humanidad, a ser firmado por Cristo Jesús
en el Nombre de todas las familias de la Tierra. Cuyos términos
salvíficos universales lo acabamos de leer: El que
creyere en El no será confundido. Es decir: El que
cree en el Hijo tiene la vida eterna. ¿Por
qué ley? ¿Por
la de las obras? Sí, por supuesto. Pero por las Obras
de Dios, no por las humanas. Dios es quien dijo e hizo;
y su Voluntad era y es "que todo el que ve al Hijo
y cree en El tenga la vida eterna". La Ley fue dada
para anunciar la Fe, para prepararle el Camino, pero una
vez hecha carne la Ley seguía a Juan, hijo de Zacarías,
hijo de Abías, hijo de Aarón, al calabozo
donde habría de sufrir Israel la suerte de sus profetas.
Hermanos,
a ellos va el afecto de mi corazón y por ellos se
dirigen mis súplicas, para que sean salvos.
...Ahora
bien, la condenación por el Delito de Crucifixión
y Persecución quedó sujeto a pena y no a Destierro
eterno; algo que ya anunciara el propio Dios en muchas ocasiones
profetizando la suerte de Israel y su restauración
en el Espíritu al final de los tiempos. No porque
el Apóstol hebreo de nacimiento y judío de
crianza lo diga, sino porque se deduce de la misma justicia
de la Fe.
Yo
declaro en favor suyo que tienen celo por Dios, pero no
según la ciencia;
...Así
es. Fue la ignorancia, a la que el mundo entero quedó
sujeto tras la Caída, la fuerza que arrastrara a
los judíos a rebelarse contra el Plan de Salvación
de Dios. Pues la Ley de Moisés garantizaba la salvación
del alma a quien viviera bajo su norma, pero en ningúin
caso prometía la ciencia que viene del verdadero
conocimiento de la Divinidad a los hijos de Abraham. No
teniendo más justicia salvadora que la que les venía
de las obras de la Ley su celo por Dios era animal, puro
instinto de supervivencia, en ningún caso fruto del
espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu
de entendimiento y fortaleza, de consejo y temor de Yavé,
árbol que por la Fe produce el fruto de la verdadera
ciencia del conocimiento de Dios. Y no teniendo más
conocimiento que el que la Ley les proveía era imposible
que pudiesen conocer la Justicia Universal que en su mente
había predeterminado ofrecerle al Género Humano
cuando llegase el Día de la libertad de sus hijos.
porque
ignorando la justicia de Dios y buscando afirmar la propia
no se sometieron a la justicia de Dios,
...No
podían. Lo increíble hubiese sido lo contrario,
que el Maligno hubiese triunfado sobre Jesús y los
hijos rebeldes de Dios sobre su Reino, imponiéndole
al Todopoderoso su idea infernal de la Creación,
o que los Discípulos no hubiesen salido corriendo,
o que el mar Rojo no se hubiese abierto y Juan no se hubiese
retirado al calabozo para que le cortasen la cabeza. Determinado
desde el Principio el Duelo a muerte entre el heredero de
Eva y el Campeón de los Rebeldes, Cabeza de la Serpiente,
Satán, el Maligno, todos los hombres, lo mismo judíos
que gentiles quedaron abocados a ser meras comparsas alrededor
del ring donde se enfrentarían a muerte el hijo de
David y el príncipe de las tinieblas.
porque
el fin de la Ley es Cristo, para la justificación
de todo el que cree
..Más
claro, imposible. |