Pues
Moisés escribe que el hombre que cumpliere la justicia
de la Ley vivirá en ella.
...No
es de extrañar que Lutero encontrase en esta doctrina
del Derecho Universal a la vida eterna en el Nombre de Jesús
la palanca con la que mover el universo cristiano y dividir
la cristiandad europea occidental en dos partes irreconciliables.
Pablo procede a darle expresión humana a la Revelación
de Cristo, cuando dijera que todo el que cree en el Hijo
conocerá la vida eterna. Punto y final. Se acabó.
No hay más, no se pide menos. Luego podrán
venir las ordenanzas, los mandamientos de la santa madre
iglesia, el peaje que cada uno quiera ponerle para acceder
a esta autopista libre al Cielo. Allá cada cual.
Unos ponen diezmos, otros mandamientos, otros odios condicionantes,
cada cual impone sobre aquel a quien acerca a Dios su propio
peaje, unos invisibles otros tan visibles como cadenas que
hacen del libre un esclavo de aquel que le liberara. Digamos
en descargo de Dios que tan tonto es quien libera para esclavizar
como el que naciendo libre se deja convertir en esclavo
después de haber sido hecho libre. La libertad no
es el fruto de un hombre, o de una iglesia, sea cual sea,
sino don de Dios sobre toda su creación. Los hombres,
y las iglesias, son meros instrumentos de realización
de este don, que, como una espada sobrenatural, va cortando
las cadenas de las naciones encadenadas por el Infierno
al muro de su autodestrucción. Que la espada pida
las gracias sometiendo a su sobrenaturaleza a aquel que
libera es una nueva idolatría, tanto más sutil
cuanto que se adora al instrumento por ser de Dios siguiendo
el razonamiento animal de quienes adorando a la Luna o al
Sol consideran que adoran a su Creador. Quiero decir, el
Poder y la Gloria es de Dios y los hombres como las iglesias
son sólo instrumentos de liberación, y en
consecuencia, cualquiera que pide peaje, en forma de diezmos,
mandamientos o cualquier otro sistema de servidumbre del
liberado respecto a su "liberador", es una rebelión
contra el Dios que concediera gratis al universo entero
el derecho a la vida eterna. El Cristiano, en efecto, únicamente
a su Dios y Señor, nuestro Rey Jesucristo, le debe
la Gracia de su Nacimiento en Libertad para disfrutar de
la gloria de los hijos de Dios. El que libera en su Nombre
no es nada. Ni iglesia ni pastor. La gloria de la Liberación
no es del siervo, sino de su Señor, y a El y sólo
a El, le debe todo hombre, nacido en la Fe, su derecho inalienable
a la vida eterna en el Paraíso de Dios, su Padre.
Lo cual no implica, ni mucho menos, como Lutero en su disputa
con el Papa concluyó, que tengamos que coger al siervo
y mandarlo al infierno, tanto más cuanto que el Siervo
y el Señor forman una sola realidad un sólo
Cuerpo, divino y eterno. Que la espada libertadora sufra
el continuo golpe contra las cadenas y por ese desgaste
sea condenada al fuego es un ejercicio de ignorancia supina,
tremendo y categórico que pone de relieve el olvido
de la Sobrenaturaleza del Brazo de Dios. No porque la fe
se corrompa, según le dijera Pedro "a los elegidos
extranjeros de la dispersión: Por lo cual exultáis,
aunque ahora tengáis que entristeceros un poco, en
las diversas tentaciones, para que vuestra fe, más
preciosa que el oro, que se corrompe anque acrisolada por
el fuego...". No porque la fe se corrompa tenemos el
deber, que se impuso a sí mismo Lutero, de coger
la Fe y echarla fuera de nuestra alma porque nuestra alma
se merece algo más que una fe "que se corrompe".
Este sistema de pensamiento que procede del orgullo, es
destructivo, esquizoide, y comporta, a la larga, una perversión
del pensamiento de Cristo, cuyo fruto no puede ser, según
ya se ha visto en el Siglo XX, otro que un comportamiento
cainita del que así piensa y se separa de los demás
cristianos en base a que su fe se corrompe y la fe a la
que él aspira es una fe incorruptible. No hay más
que abrir las páginas de la Historia para comprobar
la demencia en este tipo de discurso. Y como ya veremos
en otro sitio y reconociera el Apóstol en otra Carta,
para vivir semejante Fe tendríamos que no estar en
este mundo. Mas habiendo nacidos en este mundo y viviendo
en este mundo evitar que la influencia de este mundo le
afecte a nuestra Fe, es decir, a nosotros, es pretender
una locura. Locura tan grande como hacer de la realidad
excusa y convertir nuestro defecto en justificación
de todos los crímenes que se nos ocurran, como si
mientras conservemos la fe nos estuviera permitido lo que
al Diablo le ha supuesto el Destierro Eterno de la Creación
de Dios. ¡Nunca! Como todos sabemos la Obra de Dios
es que creamos en el Hijo. Sin embargo todo en el mundo
está configurado para que esta Obra no alcanze su
Meta más preciada: Que seamos su Imagen y Semejanza.
La Historia del Cristianismo, en cuyos volúmenes
figura la Edad de la Reforma, es uno los efectos de esa
batalla milenaria entre la Fe y la Ignorancia del mundo.
Creer que Lutero marcó un Antes y un Después
es un error terrible. Tan terrible como creer que el Concilio
de Trento hizo otro tanto. La Fe de Cristo sólo tiene
una palabra y una justicia:
Pero
la justicia que viene de la fe dice así: No digas
en tu corazón: "¿Quién subirá
al cielo?", esto es, para bajar a Cristo;
...Nadie,
ni en la Tierra ni en el Cielo, podía hacer que la
Imagen y Semejanza a la que fuimos llamados desde el principio
de la Creación de nuestro Mundo, renaciera en nuestro
ser. Únicamente Aquel que Dios nos dio como Modelo
sempiterno podía impregnar nuestra conciencia de
su Realidad mediante la Contemplación en vivo de
su Persona. La Iglesia, y el sacerdote en cuanto Siervo,
tiene por Deber de Contrato de vida acercarnos a Aquel que
es nuestro Modelo, pero es en los hijos de Dios que ese
Modelo se hace vida en nuestra vida, o como diria más
adelante el Apóstol: "Cristo, que es vuestra
vida". Cual recibimos gratis de nuestros padres la
vida, de la misma manera recibimos gratis nuestro derecho
a la vida eterna, que viene dado en Cristo, nuestra Fe hecha
carne para que no seamos sólo de palabra hijos de
Dios, sino en Poder y Gloria. ¿O acaso el Cristiano
no extiende su bandera sobre el mundo entero?
o:
"¿Quién bajará al abismo?",
esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
...Adonde
fue arrojado como consecuencia de la Caída el verdadero
ser del Hombre. Habiendo sido creados para conocer la libertad
de la gloria de los hijos de Dios ¿en
qué lugar acabamos y por qué nos encontramos
al día siguiente atrapados en la selva de las pasiones
infernales que nos han devorado durante estos últimos
seis milenios? ¿Qué hombre podía recuperarnos
para Dios, qué criatura en el Cielo o en la Tierra
podía rescatar nuestro Ser de la tumba en la que
fuera arrojado? Es verdad que bien podía habernos
dado Dios por Modelo otro de sus hijos. Pues al decir, hagamos
al hombre a nuestra imagen y semejanza, implicaba en la
Formación del Género Humano a toda su Casa.
Nuestra gloria está en que teniendo Misericordia
de nosotros, quiso darnos por Modelo a su Unigénito
en persona, a fin de que nuestro Ser renaciera tanto más
hermoso cuanto más monstruoso habia devenido por
la Caída. Unicamente El podía rescatar nuestro
Ser haciendo de esta manera su Vida nuestra Vida. Y viceversa,
¿o acaso no van unidos eternamente la Imagen y su
reflejo? Será de esta manera, sin duda, que Cristo
y las Iglesias se hicieron una sola cosa, aunque, como dijimos
arriba, esta unión siguiera sujeta a la ley de la
corrupción natural al mundo. En suma, a nadie le
debe nuestro Ser su vida sino al Hijo de Dios, y, en consecuencia,
todo peaje, todo diezmo, todo mandamiento que convierta
nuestros defectos en actos pecaminosos, es un acto delictivo
contra la justicia de la fe.
Pero
¿qué dice? "Cerca de tí está
la palabra, en tu boca, en tu corazón", esto
es, la palabra de la fe que predicamos.
...A
saber: Jesucristo es Dios Hijo Unigénito, nacido
de la Virgen María, nuestro Rey Sempiterno, Señor
de todas las iglesias, a las que se unió para engendrarle
a Dios hijos, su Descendencia en el Espíritu, nosotros,
Descendencia Divina, en razón de cuyo nacimiento
futuro la Creación entera se mantuvo expectante hasta
poder ver con su alma al Hombre liberado y hecho partícipe
de la gloria de los hijos de Dios. Esta era la Voluntad
de Dios al enviar a su Hijo desde el Cielo para bajar a
los abismos, rescatar nuestro Ser y restaurar su Obra haciéndola
tanto más hermosa cuanto devenía Imagen y
Semejanza de Aquel por quien Dios Padre renuncia a todo
y sin quien Dios no puede concebir su Vida: su Hijo Jesús,
nuestro Héroe, Rey y Salvador. Esta es la Fe que
predicaron los Apóstoles. Y esta es la Confesión
que les costó la vida.
Porque
si confesares con tu boca al Señor Jesús y
creyeres en tu corazón que Dios le resucitó
de entre los muertos, serás salvo.
...Nada
más fácil. Nada más sencillo. A dos
milenios de distancia del autor debemos tener en cuenta
que hoy día hasta los loros repiten esta Confesión.
A la hora de leer las Escrituras nuestra inteligencia no
debe separar Historia y Vida. La Historia sin vida es nada.
Y la Vida es de por sí Historia. Lo podríamos
decir diciendo que el texto va en su contexto y cualquier
disociación de ambas partes impone una actitud de
sabiduría que, de no darse, implica la manipulación
del sentido original de la Escritura, desembocando el hecho
en perversión de la Doctrina. En este caso la Fe
es la misma. No se puede ser cristiano y no creer en la
resurrección del Hijo. Y se es cristiano porque se
cree en que Dios resucitó a Jesús. Es el Texto.
El contexto es que hoy puedes gritarlo en la calle y nadie
va a ponerte una espada en el cuello ni a tirarte a los
leones. El fruto de la Fe es el mismo en todo hombre, la
vida eterna. Sólo que creerse más que nadie
por repetir en la calle mil veces al día esta Confesión
cuando no existe el Contexto, o sea, la pena de muerte por
hacerla, implica cierta grado de demencia.
Porque
con el corazón se cree para la justicia, y con la
boca se confiesa para la salud.
...Desgraciadamente
aún existe en nuestro mundo naciones que sostienen
la espada contra la Fe. Es un hecho, no una denuncia. Son
millones los cristianos que son sometidos a vejación
y tortura por Confesar en privado lo que en público
entre nosotros no desata ya ni risa. Entonces, si somos
los herederos de Dios, y nos pertenece todo ¿cómo
siendo partícipes de la gloria de los hijos de Dios
podemos permitir que nuestros hermanos sufran vejación
y tortura por Confesar lo que nosotros vivimos libremente?
Y lo que es más dramático y terrible: ¿Cómo
podemos permitir que nuestros gobiernos y los gobiernos
que persiguen y torturan a nuestros hermanos en la Fe tengan
tratos sin poner nuestros gobiernos ante, delante y sobre
la mesa la Denuncia contra semejante conducta criminal y
asesina? Porque, ciertamente, la Muerta de Cristo era de
Necesidad; pero nosotros hemos recibido por Deber: Vivir.
Y con el deber el Derecho a la defensa de esta Vida, y,
estando todos en Cristo, la tortura contra un cristiano
es una vejación contra todos nosotros. Pero alguno
se dirá: ¿Acaso corrieron los cristianos a
defender a los otros cristianos del sacrificio, siendo que
tenían el martirio por coronación de su fe?
Y yo le digo: Había Necesidad de la Muerte de Cristo.
Pero consumada la Necesidad, es anticristiano procediendo
de un cristiano: hacer caso omiso del Sagrado Derecho a
la Vida de todos los ciudadanos del Reino de Dios.
Pues
la Escritura dice: "Todo el que creyere en El no será
confundido".
...¡Cómo
podría ser de otra forma! ¿O acaso Dios nos
creó para ser aplastados por las bestias del campo
y no "para dominar sobre todas las criaturas"?
El Testamento es firme: "Se apoderará tu descendencia
de la puerta de sus enemigos". No hay por tanto confusión
para los que vivimos en la Luz de la Verdad. Y la verdad
es, en palabras de San Pablo:
No
hay distinción entre el judío y el gentil.
Uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los
que le invocan,
...Lo
cual a los judíos tiene que seguir pareciéndoles
herejía, y en su herejía incapaces de comprender
que Dios es Libre para hacer y deshacer según su
Omnisciencia, y esta Omnisciencia desde luego no está
sujeta al Talmud ni a la Torah, pues quien escribe está
sobre su Obra y puede destruir lo que hace con sus manos
acorde a su Ciencia y su Poder. Lo contrario, limitar la
Voluntad de Dios al interés de un pueblo, se llama
Judaísmo.
pues
todo el que invocare el nombre del Señor será
salvo.
...¿O
tendrá Dios que pedirle permiso a su criatura para
levantar sobre la Obra de sus manos a quien El quiera? ¿O
tiene que estructurar sus Planes teniendo en cuenta los
planes de sus criaturas? ¿O sujetar Sus proyectos
y determinios a los pensamientos de sus siervos e hijos?
¿Y qué? ¿Qué tiene que decir
nadie si El ha querido que la Puerta de Su Reino sea su
Hijo, y quien no acepte su Corona y Señorío
no conozca las mieles de la vida eterna en su Paraíso?
¿No han vivido en sus carnes durantes estos dos milenios
los judíos lo que significa rechazar esta Voluntad
manifestada en el Evangelio? ¿Acaso tuvo Dios en
cuenta que son descendencia de Abraham a la hora de aplicar
sobre los judíos la Pena debida al rechazo a su Voluntad
Eterna? ¿La tuvo acaso cuando Adán, padre
de los judíos, quiso imponerle su voluntad a Dios?
Se corrompe la fe, ¿pero se corrompe Dios por amor
a sus criaturas? Donde Ayer Dios dijo NO ¿pone El
Hoy SÍ? Es evidente que no. La misma Ley sigue vigente,
y el Derecho a la Vida eterna pasa por una Puerta sempiterna,
que todos conocemos: Jesucristo, lo mismo para los judíos
que para los demás hombres de la Tierra. |