...Regresamos
al punto donde espacio y tiempo se encuentran y lejos del
cual se produce la dispersión interpretativa a la
que nos ha acostumbrado el protestantismo desde su nacimiento
a nuestros días. Ya hemos dicho que sacar un texto
de su contexto es un acto de lavado de cerebro de quien
lo realiza respecto a quien admite por buena esta corrupción
del hecho intelectivo. Dos son las fuerzas que confluyen
en el movimiento histórico, la mente del individuo
y el comportamiento del pueblo dentro de cuyo espacio se
mueve el, en este caso, pensador. No olvidemos que el Evangelio
no sólo no anuló el Pensamiento sino que lo
rescató de la tumba en que lo había enterrado
la caída del Mundo donde naciera. ¿Acaso el
Pensamiento no existió antes de la Academia de Atenas?
Bueno, ciertamente sí, y ciertamente no. Antes de
la Filosofía existió el Mito, y sólo
con el Cristianismo la Filosofía se hace Ciencia
en el crisol de la Teología, y es, gracia al espíritu
cristiano, que resucita la Lógica, ahora integrada
en el cuerpo cristiano, donde, alimentada por la sabiduría
de los san agustines, se fortalece y se independiza en su
día, dando a luz al Renacimiento. Antes de Sócrates
existía el pensamiento pero al estar enfocado hacia
el Mito su fruto no podía generar la Filosofía,
dentro de cuyo cuerpo surgiría Ciencia en tanto en
cuanto realidad independiente. Es esta realidad la que fue
devorada por el fuego de los acontecimientos, mucho antes
de nacer Cristo, y sería por obra de la escuela de
Alejandría que el pensador científico pasó
a transformarse en mito, especie rara a admirar pero en
ningún caso a tomar en serio. Es el cristianismo,
como se ve en San Pablo, quien rescata del hecho diferencial
pagano la Filosofía, y transforma el Pensamiento
Filosófico en instrumento al servicio del Evangelio,
fusión que había de permanecer íntegra
y demostraría su versatilidad en Orígenes,
avanzando por cuyo camino se llegó a San Agustín,
de aquí a Santo Tomás de Aquino y, por fin,
a Galileo Galilei, punto en el que Pensamiento y Fe se despiden
y sigue cada uno su camino, contra la voluntad de la Fe,
todo hay que decirlo, pero sin poder evitar la Fe que su
criatura, el pensamiento científico occidental, se
convierta lenta pero inevitablemente en su peor y más
terrible enemigo, cumpliéndose así el dicho:
"Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Mas si alguien puede demostrar que la Ciencia hubiera sobrevivido
a la Caída del Mundo Antiguo de no haber encontrado
refugio en el Cristianismo, a partir de ese momento declararemos
proscrito a Cristo.
Pero
¿cómo invocarán a aquel en quien no
han creído? Y ¿cómo creerán
sin haber oído?
...El
Apóstol vive, en consecuencia, una realidad suya,
personal, que acaba identificando su personalidad en el
complejo mundo de las memorias de la Humanidad, singularizando
su actuación y haciendo de su figura un eje central
de dinamismo histórico sin cuya existencia el futuro
no habría alcanzado la propiedad que tuvo a partir
de San Pablo. Es decir, tan irracional es creer que San
Pablo reinventó a Cristo, como ignorar que sin San
Pablo la fusión entre ambos espíritus, el
del Evangelio y el de la Filosofía, se hubiera producido
a la velocidad que se produjo sin haber mediado su Cristianismo.
San Pablo fue la encarnación de un cristianismo sui
géneris en cuya particularidad el morfologismo atónito
con tendencia a la anulación de la individualidad
en el hecho de la universalidad de la Fe encontró
su camino y, sin ecluir esta universalidad, le abrió
la puerta a la individualidad cristiana, tipo cristo Jesús,
donde el Yo y el Nosotros convivieron sin ninguna lucha
interna. Contra
la tendencia perturbadora judía, que le acarrearía
a Israel la destrucción, cuyo eje supremo era la
heretización de lo anómalo en tanto que individualidad,
profética en el caso hebreo, consistente en hacer
de todo hijo de Abraham un clon miserable del modelo corrupto
que se habían forjado los sacerdotes y los rabinos
sobre lo que el Ser es, Cristo Jesús puso en acción
un nuevo Modelo, el Hijo del hombre, el YO como base y techo
de la realización de la vida, el Nosotros como cuerpo
integrador perenne, indestructible en cuya dimensión
conviven estas dos fuerzas sublimes en un todo divino, indisociable,
armonizado por un Espíritu Universal que hace del
Individuo su Roca de Fundación eterna y del reino
de Dios su Templo, su Edificio, su Palacio, su Ciudad, su
Mundo. Era imposible, pues, que Cristo Jesús pudiera
ser admitido por los judíos como el Hombre en el
Verbo de Vida: el Hombre a la Imagen y Semejanza de Dios,
una Persona perfecta, completa, existente de por sí
y en sí, inteligente, creador, activa, libre. Oposición
que encontraría en los Apóstoles, por su origen
judío, un fuerte valedor a la hora de mantener el
crecimiento del cristianismo en el perímetro interno
del pensamiento hebreo. La famosa disputa entre Pablo y
Pedro, ganada por el Señor de ambos en bien de todos,
puso sobre la mesa aquella terrible confrontación
que, de haber perdido Pablo, hubiera supuesto la imposible
resurrección de la Filosofía en el cuerpo
del cristianismo. Aquí, en esta victoria, no de Pablo
o de Pedro, sino del Señor de ambos, pero firmada
por Pablo, es donde el cristianismo se echó a andar
sin mirar atrás y por el camino, sin quererlo ni
pensarlo, cuando ya creia el Filósofo que el imposible
era su sino, el Pensamiento alcanzó a la Sabiduría,
se hicieron una cosa y juntos le consiguieron a la Humanidad
lo que de otra forma hubiera sido imposible. A saber: La
Victoria de la Civilización sobre la anunciada Caída
del Mundo entre cuyas paredes se forjara su edificio. El
Judaísmo, así las cosas, no entraba ya en
el juego de los siglos.
Y
¿cómo predicarán si no son enviados?
Según está escrito: "¡Cuán
hermosos los pies de los que anuncian el bien!".
Cualquier
interpretación del texto paulino debe realizarse
teniendo en cuenta este pensamiento del propio Pablo sobre
su realidad concreta, pues la singularidad personal no anula
en ningún caso la concepción del cuadro general
dentro de cuyo marco se mueve cada cual. Y viceversa. La
integración del hombre en el universo de circunstancias
del que forma parte no oprime su individualidad ontológica.
Yo diría todo lo contrario, que la enriquece. En
este contexto justo es decir, ¡qué mayor bien
podía hacérsele al Hombre que regalarle el
encuentro con su Identidad Ontológica, ver el Modelo
Vivo de Ser a imagen del cual fuera pensada su existencia!
Era esa Identidad la que fue arrojada al Polvo por la Caída
de Adán y su Mundo; fue esta Personalidad la que
bajo un cosmos de prescripciones y ritos sangrientos el
Judaísmo mantenía en su tumba. Ningún
Bien myor podía hacerle Dios al Hombre que resucitar
su YO de la Muerte y darle Nueva Vida. Antes de Cristo éramos
animales arrasando nuestro pecho por el polvo, bestias asesinas
devorándonos los unos a los otros sin esperanza de
solución ni ruptura de continuidad; tanto judíos
como romanos, griegos como persas, chinos como aztecas,
todos los pueblos tenían por modelo de Ser un tipo
criminal y homicida cuyos pensamientos sólo tenían
un fin: Justificar ese comportamiento. Después de
Cristo el Ser del Hombre tiene en su Pensamiento el Modelo
a cuya Imagen fue creado y encuentra en el tipo antiguo
un monstruo, impuesto al Género Humano por la Caída,
una bestia asesina tanto más poderosa por en cuanto
usaba la Razón Divina para hacer más omnipotente
su imperio homicida. Pues la Caída no destruyó
la Creación de Dios, sino que el Mal estuvo en hacer
del Pensamiento un arma de dominio del hombre sobre el Hombre.
Es decir, la Caída le abrió a la Humanidad
la puerta de la esquizofrenia más violenta concebible,
dentro de cuyo edificio cayó el Género Humano
y tras el que se cerró la puerta... hasta que llegara
el Hijo de Eva, el Hijo del hombre, según está
escrito. La diferencia letal entre el Judaísmo y
el Cristianismo es que el Judaísmo limitó
la Salida de semejante situación a su posición
predominante dentro del Nuevo Mundo en cuanto Raza Superior,
elegida, llamada a Gobernar a todas las Naciones de la Tiera.
El Mesías según los rabinos del Templo era
un Hitler Divino cuyo Imperio se extendería hasta
los confines del mundo y todo el que no se sometiera a su
Trono sería aniquilado, exterminado... en nombre
de Dios. El Cristianismo de Jesús asumió la
locura de semejante concepción mesiánica y
la puso a la luz del mundo entero al dejarse crucificar
por quienes vieron en sus ojos la locura que a los ojos
de Dios era la concepción judía sobre el Hijo
de Eva. Desgraciadamente aún se mantiene en pie semejante
locura, causa de enemistad profunda entre judíos
y musulmanes y muro de separación letal entre cristianismo
y judaísmo. Porque si hay un hombre con dos dedos
de luces que no vea una locura en la predicación
rabínica actual de la superioridad de raza del judío
por elección divina y su futuro como Nación
Directora de la Plenitud de las Naciones de la Tierra,debemos
convenir entre nosotros en que ciertamente las luces de
algunos son verdaderas tinieblas. Se comprende, entonces,
que los judíos a los que se refiere San Pablo, encontraran
en el Bien de todos un regalo del Diablo y en el Mal de
todos el principio de su Hegemonía Universal. El
destino de semejante Pueblo, enloquecido por sus rabinos,
no podía ser otro que el que la Historia selló.
Pero
no todos obedecen al Evangelio. Porque Isaías dice:
"Señor, ¿quién creyó nuestro
mensaje?"
La verdad
no necesita de nadie ni de pruebas que especifiquen su ser.
Pero en razón de nuestra ignorancia se deja diseccionar
y estudiar, en la esperanza de que viendo la sustancia de
la que está dotado su cuerpo aquéllos a quienes
se dirige se hagan el favor de mirarse al espejo. Y es que
la complejidad de la estructura de los Hechos vino determinada
por las Causas y Efectos de la Caída. Como ya hemos
dicho en alguna otra parte la Caída tuvo lugar en
nuestro Mundo y se sirvió de nuestra carne para declararle
la Guerra a un Espíritu Eterno que, por sus Propiedades,
era odiado, en razón de esas Propiedades Personales,
por los autores de las palabras que mataron a Adán.
De la Victoria del Cristianismo o de su Fracaso dependía
que los Enemigos del Espíritu de Dios alzasen su
Victoria sobre la Destrucción total de nuestro Mundo.
Era imposible que los judíos, esclavos de la Ley
de sus rabinos, pudiesen siquiera comprender la naturaleza
de las Causas que determinaron la elección de sus
padres como portadores de la Esperanza Mesiánica
de Victoria de Dios sobre sus Enemigos. Y no pudiendo comprender
las Causas difícilmente podían entender sus
Efectos. Ni aunque oyeran al mismo Cristo.
Luego
la fe viene de la audición, y la audición,
por la palabra de Cristo.
Dios, por
Su experiencia tratando con situaciones límites,
digámoslo todo, jugaba con ventaja a la hora de las
profecías. Quien ha andado mucho y ha vivido muchas
situaciones diferentes al cabo del tiempo es capaz de predecir,
por lo que ve, la naturaleza del paisaje que se va a encontrar
tras la próxima curva. Inútil perder el tiempo
razonando sobre el volumen real de la experiencia divina.
Cómo había de afectarle al ser humano la situación
histórica creada por la Rebelión de una parte
de sus hijos contra su Espíritu, es decir, contra
su YO, el YO de Aquel que dice: "YO soy el que soy",
los efectos de dicha situación universal sobre el
Genéro Humano no le eran desconocidas, tanto más
cuanto El dirigía la línea del tiempo desde
Adán hasta el Hijo del hombre, su heredero y Vengador
de su sangre. Los judíos, un pueblo del Género
Humano, no escapaban a esta ley de la lógica. No
saber cuál era su rol en los Acontecimientos Universales
sería el principio de la destrucción de su
Nación. Que habría de llegar, y llegó,
aunque pusieron toda la fuerza de que fueron capaces al
servicio de la supervivencia de su Templo. La ley es universal
y no hace excepción. El que a hierro mata, a hierro
muere.
Pero
digo yo: ¿Es que no han oído? Cierto que sí.
"Por toda la tierra se difundió su voz, y hasta
los confines del orbe habitado sus palabras".
La locura
de todo enemigo de Dios, que más tarde se resolvería
en locura contra el Cristianismo, reside en creer que se
puede destruir lo que Dios es y hace. Aún en nuestros
días y a pesar de la experiencia milenaria, grupos
de insensatos luchan contra el cristianismo, personificado
en la Iglesia, y, cuales bestias dementes que no aprenden
de las lecciones vividas, reemprenden el fracaso de tantos
otros como si Dios dejara Hoy de ser lo que es. Antes de
que las persecuciones anticristianas movieran un pie Dios
ya predecía el triunfo del Cristianismo y la difusión
de su Salvación hasta los confines del orbe. Lo cual
no implicaba la anulación de la libertad humana para
decidir entre Dios y el Diablo, entre su Reino y el Imperio
de la Muerte, entre Cielo e Infierno. A la postre, creados
a su Imagen y semejanza, la Libertad es el don supremo sempiterno
que se nos ha legado como Bien Humano Imperecedero. Por
esta misma Ley aquéllos que nos querían esclavos
debían matar al Libertador. De donde se entiende
que quien quiera esclavizar a la Humanidfad lo primero que
deba hacer es eliminar a la Iglesia, es decir, a Cristo.
Pero
¿acaso Israel no conoció? Es Moisés
el primero que dice: "Yo os provocaré a celos
de uno que no es pueblo, os provocaré a cólera
por un pueblo insensato".
En verdad,
y como he dicho arriba, una empresa abandonada por imposible,
que el pensador le diera alcance a la Sabiduría,
para seguirla, se entiende, no para esclavizarla a sus pasiones
e intereses, se consumó cuando nació Cristo
Jesús. Nosotros hemos visto cómo la Ciencia
se ha puesto al servicio de los intereses de clanes de poder
y grupos de riqueza, vendiéndonos a todos en razón
de una ideología selectiva, pronazi, homicida y geocida.
Esta insensatez fue la que operó en los judíos
su desgracia cuando quisieron poner a Dios a trabajar, creando
para ellos un reino universal cuya aristocracia y trono
fuera enteramente compuesto por el pueblo judío.
Contra cuya insensatez Dios cerró el castigo que
se merecieron al asesinar a sus hijos, nacidos de nuestras
hembras, mediante la encarnación del Mesías
que le habían pedido, para su ruina, Adolfo Hitler.
¿El mesías que ellos le pedían a Dios
que era sino un Hitler judío bajo cuyas soluciones
finales serían exterminados todos los pueblos que
no se sometieran a su corona universal; es decir, todos
nosotros, los pueblos de la Tierra?
E Isaías se atreve a decir: "Fuí hallado
de los que no me buscaban, me dejé ver de los que
no preguntaban por mí".
...Predeterminado
el momento en que los judíos no se bajarían
del carro talmúdico y la versión del Mesías
que se darían sería la de un Emperador Hitleriano,
la suerte de su Nación quedó decidida. Y el
hecho de profetizarla no disminuía en absoluto el
efecto a suceder. Según lo escrito: "Decretada
está la ruina que acarreará la destrucción
a este pueblo". Tras el horizonte de cuya destrucción
venía el nacimiento de un nuevo paisaje histórico,
como por los hechos vemos todos los que tenemos inteligencia
para ver la sucesión de los acontecimientos universales
y el Fin hacia el que tiende la Historia en su Plenitud.
Pero a Israel le dice: "Todo el día extendí
mis manos hacia el pueblo incrédulo y rebelde".
...Lo
cual nos conduce a otra pregunta: ¿Qué hubiera
pasado de no haber crucificado los judíos a Cristo
Jesús, o sea, si hubieran tendido sus manos hacia
Aquel que se las estuvo extendiendo durante tantos siglos?
Aunque claro, pensar en lo que pudo ser o dejar de ser no
es pensar, es matar el tiempo. |