Argumento
de la Epístola
...Sólo
los tontos escriben por escribir. Únicamente los
locos se meten en la cueva del león hambriento para
domar con una nana a la fiera. San Pablo no era ni lo uno
ni lo otro. El sabía, con la misma seguridad que
lo sé yo, que el hombre es un árbol, un árbol
vivo, cuya savia es la fe y el agua de la que depende para
vivir es el Conocimiento de Dios. Pero claro, cada cual
cree conocer a Dios mejor que nadie. Y en verdad no se equivocan.
Los adoradores de Marduk conocían a Marduk mejor
que nadie. Los que adoran a Alá lo conocerán
mejor que nosotros. Cada cual conoce a su dios. Los adoradores
del Padre de Jesucristo conocemos al verdadero Dios y de
EL hablamos, y siendo nuestras manos la boca con la que
la Sabiduría gorifica a su Señor, el hijo
a su Padre, sin este Conocimiento el árbol de la
fe se corrompe, se seca y acaba por ser cortado y quemado
para que deje sitio a otro. ¿Encontrará fe
en la Tierra el hijo del Hombre cuando venga? -preguntó
Jesucristo. La fe, que se corrompe, dijo Pedro, su Discípulo.
Palabras de las que se ve que el Edén era figura
del jardín de la vida en el que cada criatura somos
un árbol del paraíso de Dios.
...Dios
no cultiva naranjos y almendros, cultiva árboles
vivos, que le adoran y tiene en su Amor por su Paraíso
su lluvia, la fuente de agua que le da vida a la tierra,
el vapor que vuela en el aire y vivifica hojas y ramas,
tronco y raices. ¡Bendito sea Dios, Padre de Jesucristo,
y bendito su Hijo, el Jesús que nos amó y
no dudó en compartir nuestra naturaleza, aún
siendo quien con su Todopoderosa Palabra hizo brillar la
Luz en las Tinieblas!
Pues
no me avergüenzo del Evangelio, que es poder de Dios
para la salud de todo el que cree, del judío primero,
pero también del griego
...¿Quién
más que el cristiano romano, ciudadano de una Babilonia
entre cuyas murallas todas las religiones del mundo se habían
dado cita y convivían en armonía sincretista, qué cristiano con más urgencia y fuerza
necesitaba de una labor constante de reevangelización?
¿No era entre los dioses del universo imperial romano,
venidos desde todas las partes del mundo, entre quienes
la Verdad, la Idea del hijo de Dios hecho hombre encontraba
por respuesta la carcajada más ofensiva, la que da
por terminado el asunto por locura del que así ve
el Universo? ¡Cómo avergonzarse de la Divinidad
del Hijo! ¿¡Bajar la cabeza porque Dios es
Padre!? ¿Entonces Dios tiene que ser lo que nosotros
queramos que sea y si no es así nos negamos a ser
criaturas salidas del juego de las Manos de su Hijo con
el Barro Primordial de la Vida? ¿Quién es
el loco, el que se inventa una realidad a la medida de su
deseo o el que mira a la Realidad con los ojos de la Realidad?
La tolerancia convertida en espada. "Déjalo
creer lo que quiera, está loco; es inofensivo pero
está loco". ¡Cómo no iban a tener
los romanos necesidad de la fuerza revivificante e invencible
del espíritu de un hijo de Dios! ¿Acaso había
sembrado Dios el árbol de la fe para abandonarlo
a la intemperie sin Hortelano que se cuidara de cultivar
su Jardín en la Tierra? ¿Quién mejor
que un hijo para trabajar en lo que es de su Padre? ¿Quién
trabajará con más dedicación y cariño?
El siervo se limita a cumplir y lo hace todo de acuerdo
al salario. El hijo se levanta al alba y antes que los siervos
despierten él ya está presto a "evangelizaros
a vosotros también los de Roma".
Porque
en él se revela la justicia de Dios, pasando de una
fe a la otra, según está escrito: “El
justo vive de la fe”.
...Declaración
básica que será el sustrato ideológico
cavando en el cual Lutero halló la espada con la
que separar la cristiandad en norte y sur, levantando entre
las dos el muro de la enemistad. Hubo una fe, es cierto,
entre cuyos principios no figuraba la existencia de Dios
Hijo Unigénito, nuestro Amado Rey, Señor y
Padre Nuestro. Con El vino la Nueva fe, en la que su existencia
en el Padre transfigura la Idea de la Creación y
abre el futuro de todas las cosas a la luminosidad de un
Amor eterno e infinito. En el Padre se completó Dios;
en el Hijo halló Dios su vida. Dios y el Padre devinieron
una sola realidad, indivisible, indestructible, maravillosa,
perfecta, alegre, joven, llena de fuerza, soñadora,
amadora de todas las cosas, loca por vivir y seguir viviendo.
En su Hijo Primogénito encontró Dios la voluntad
de vivir que había perdido en alguna parte del Infinito
y la Eternidad. ¡Cómo separar al Padre del
Hijo! Padre e Hijo son la misma cosa, una sola cosa: Dios.
Esta es la Nueva Fe. Fe eterna. Fe indestructible. Fe perfecta.
El que la ama vive en ella y de ella recibe en herencia
la vida eterna. Morimos para resucitar. Amén.
La
gentilidad desconoció a Dios
Pues
la ira de Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad
e injusticia de los hombres, de los que en su justicia a
aprisionan la verdad con la injusticia.
...Entramos
en el templo vivo de la sabiduría divina, derramada
en los hombres, tal cual se dispuso al Principio de la Creación
de los Cielos y la Tierra, antes de la Caída de Adán,
y por las circunstancias de la Traición de una parte
de la Casa De Yavé desplazada hasta la Plenitud de
los Tiempos. Así es, en ninguna cabeza cabía
que una criatura se atreviese a alzarse en guerra contra
su Creador. Pero así fue. La Palabra es, sin embargo,
la Roca sobre cuya indestructibilidad ha forjado Dios su
Reino, de manera que diciendo: "Hagamos al Hombre a
nuestra imagen y semejanza", es decir, hijo de Dios,
y siendo Adán la cabeza de ese Hombre, hasta que
el Universo entero alcanzase esa Forma nada ni nadie podría
impedir que la Voluntad de Dios se realizase, aún
cuando el propio Hijo Unigénito de Dios tuviese que
bajar al Infierno a rescatar al Hombre de su Castigo por
adhesión a los planes malignos del Diablo. Ahora
bien, esta adhesión por la que el Hombre se ganó
la condena y su expulsión del Paraíso, no
fue ejecutada con pleno conocimiento de causa, según
vino a demostrar nuestro Padre, Cristo, sino que el Diablo
se sirvió de la ignorancia de Adán respecto
a sus planes malignos para empujarnos a todos lejos de la
Obediencia al Espíritu Santo. Es decir, desde el
Principio Dios le ha manifestado al Género Humano,
de muchas formas y en muchas lenguas, la posición
de su Justicia sobre quien negando Su existencia anula la
Ley Universal para imponer la suya propia, abriendo de esta
manera un agujero negro en el seno del Universo, puerta
que da directamente a su destrucción y conduce a
los transgresores al suicidio eterno. Obviamente la posición
desde la que los hijos de Dios de la Plenitud de las Naciones
observamos y vivimos la Justicia Divina frente a la injusticia
humana está fundada en la experiencia. En el espíritu
y en la experiencia. Por el Espíritu sabemos sin
necesidad de vivirlo que el fin de todo Reino dividido en
sí mismo es la destrucción. Por la Experiencia
lo sabemos porque lo hemos vivido y lo estamos viviendo
en las carnes de nuestro mundo: la injusticia de quienes
odian la Justicia de Dios se viste de ciencia para, negando
la existencia de Dios, imponer su ley de opresión
y esclavitud de los pueblos. La sentencia divina contra
quienes niegan la existencia de Dios, permitiendo en el
Universo la instauración de un régimen infernal
es, ciertamente, conocida. Su fin, como se ha visto en los
últimos tiempos, es la caída; lo cual no quiere
decir que, enloquecidas por la negación de Dios,
otras naciones sigan persistiendo en el camino que las conduce
a la ruina. No hay más Justicia Divina, en efecto,
eterna y perfecta, que la de Dios, por la cual todos somos
hermanos y todo nos pertenece a todos. Desde este Principio
de Igualdad todas las cosas están sujetas a la satisfacción
de la necesidad de toda la Familia Humana, siendo un delito
contra la Humanidad la Propiedad sobre lo que es de Dios,
Único Señor de todos los bienes de la Tierra.
En
efecto, lo cognoscible de Dios es manifiesto entre ellos,
pues Dios se lo manifestó;
...Todas
las religiones de todos los tiempos y lugares conocieron
lo cognoscible de Dios: su todopoder y omnipotencia. Los
archivos de las civilizaciones, perdidas o muertas, y de
las que aún persisten, bien en sus sistemas idolátricos
bien en sus monoteísmos a la carta, dan testimonio
de la cognoscible de Dios: su eterno Poder y su infinita
Sabiduría. Aún la religión de la Ciencia,
el ateísmo científico, declara con su Razón
que tales son los atributos naturales cognoscibles de Dios.
Es, pues, universal el conocimiento de lo cognoscible de
Dios, que se manifiesta en la Naturaleza a la manera que
la savia forma parte del árbol y lo alimenta. Y es
que la Idea de Dios en tanto que Ser Supremo, Gran Espíritu,
Dios de dioses, Creador del Cielo y la Tierra le es innata
a todos los pueblos desde los orígenes del ser humano.
Negar esto es negar la Historia del Hombre. Entrar en la
polémica sobre la relación entre esa Idea
y el comportamiento del Género Humano tras la Caída
de la Primera Civilización es un debate que se incluye
en la Teología del Cristianismo; hacerlo desde una
Antropología de la Sociedad es falsificar la Naturaleza
del Universo. El efecto de esta manipulación esquizofrénica
de los Orígenes del Mundo -poner donde una vez hubo
un Paraíso... un Infierno- ya ha campeado alegre
por el siglo XX. No es que no lo hiciera antes, lo que pasó
es que en el siglo XX el árbol de la ciencia del
bien y del mal extendió sus ramas a la Plenitud de
las Naciones de la Tierra. Todas conocían lo cognoscible
de Dios, empero todas caminaron hacia el campo de batalla
de Gog y Magog.
Porque
desde la creación del mundo, lo invisible de Dios,
su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las
obras. De manera que son inexcusables,
...La
Historia de las Civilizaciones habla por sí sola
sobre la relación entre la Idea de Dios y los Orígenes
del Mundo. La falsificación esquizoide del ateísmo
científico -tocando el tema de la naturaleza religiosa
de los primeros pueblos del Género Humano- es un
clásico a estas alturas. Nada más contrario
a la verdadera línea del tiempo evolutivo de las
sociedades humanas que esa serpiente venenosa que, para
explicar la conducta criminal de las naciones, la ciencia
puso por útero y placenta en la que se criara el
ser humano. Desplazar la línea filogenética
humana desde el Homo Sapiens al Simio Antropos y de éste
al Anfibio sólo podía complacer a la Serpiente
del Edén, pero en ningún caso reflejar la
verdadera línea que siguiera la Vida en la Tierra
desde el Barro a aquél hijo de Dios llamado Adán.
Por
cuanto conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios
ni le dieron gracias, sino que se entontecieron en sus razonamientos,
viniendo a oscurecerse su insensato corazón; Y alardeando de sabios, se hicieron necios.
...Lo
inexcusable al término del párrafo anterior
procede de la relación entre el hombre y su conducta.
Es de derecho y ley que el Apóstol se refiere a quien
conociendo a Dios se alza contra su Reino. Pues de no ser
así San Pablo estaría condenando a Cristo
por excusar en la ignorancia de Adán los crímenes
de todos aquéllos que en su Sangre encontraron el
Perdón, es decir, todos nosotros. En lo demás,
su afirmación es tan verdadera y cierta como que
todos los días sale el sol. Conociendo la existencia
de un Dios de dioses, Creador del Cielo y de la Tierra,
todos los pueblos se abandonaron a los razonamientos tortuosos
que proceden de la experiencia solamente. Pero si la experiencia
es la madre de la ciencia, la ciencia no es la madre del
hombre; es la religión. Mas como el hombre deja por
su mujer a sus padres, así la ciencia a la religión,
con la variante errónea de poner en el horizonte
del hombre una bestia donde la Naturaleza puso un hijo de
Dios. La sabiduría de esta bestia, así pues,
es la consagración de la necedad como cabeza rectora
de la Academia de las Ciencias.
Y
trocaron la gloria del Dios incorruptible por la semejanza
de la imagen del hombre corruptible, y de aves, cuadrúpedos
y reptiles.
...Ayer,
muy lejos en el tiempo… Ayer, a la vuelta del milenio
que acaba de nacer, los sabios trocaron la imagen del Hombre
que el Dios incorruptible concibiera al Principio de la
Creación por la de un Superhombre... Ellos -los sabios
del siglo XX- sí que son inexcusables pues que conociendo
a Dios por las obras de Cristo trocaron la semejanza de
Dios en la bestia que eligieron por modelo de conducta.
El
castigo de la gentilidad
Por
esto los entregó Dios a los deseos de su corazón,
a la impureza con la que deshonran sus propios cuerpos
...Las
puntualizaciones conducen a los extremos. El extremismo
desata la violencia. Y la violencia es el recurso de la
ignorancia a la hora de imponer su locura asesina. Hay,
en efecto, muchos grados de ignorancia. Y muchas formas
de travestirla. El evangelio de la justificación
de la violencia como consecuencia natural de la evolución
de las especies según el ateísmo científico
demuestra, a no ser que sea mentira lo dicho anteriormente,
que la violencia es el fruto de la ignorancia, demuestra
-decía- que el ateísmo científico es
una locura. A diferencia de las patologías
de la mente, la de la inteligencia es la más sutil
por cuanto sabe vestirse de omnisciencia, y la más
letal pues que arrastra en su caída a toda la especie.
Y sin embargo el derecho a la libertad es connatural a la
Creación; es decir, la Creación a imagen y
semejanza del Creador implica el Derecho a la libertad por
el que la Criatura puede rechazar a su Creador. Y viceversa,
el derecho implica el deber por el que el Creador acepta
las consecuencias de la libertad de su Creación.
Dios no obliga pero tampoco puede ser obligado. Si el deseo
del corazón de la Criatura, conociendo el deseo del
corazón de su Creador, es volverle la cara y comportarse
acorde al modelo contrario de conducta que para sí
y por sí tiene por natural la Creación...
Pues
trocaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron a la
criatura en lugar del Criador, que es bendito por los siglos.
Amén
...La
Verdad de Dios es la verdad Universal y Eterna en cuya tierra
las galaxias y los mundos tienen bien alimentadas sus raíces.
Es el reflejo puro de una Realidad Cósmica que despliega
su Sabiduría por el Infinito y establece un Modelo
de Pensamiento imperecedero e indestructible. Y volvemos
a lo mismo. La Creación de vida inteligente a imagen
y semejanza de esta Verdad implica la libertad de elección
que procede de una Voluntad, reflejo de la Voluntad del
Creador. El hombre, como cualquier criatura inteligente,
es libre para darle la espalda a la Verdad de Dios y crearse,
aunque esa verdad hunda sus raíces en el infierno
de una locura autodestructiva, una verdad propia. Pero lo
que ni el hombre ni nunguna criatura puede es borrar del
Infinito y la Eternidad su Verdad, que es la Verdad de Dios.
Y es que la inteligencia, en tanto que órgano, está
sujeta a su patología característica, de la
misma manera que cualquier otro órgano del cuerpo
humano. La Ciencia, por contra, aún estudiando el
cerebro humano y habiendo localizado el soporte material
de la inteligencia en el cerebro, jamás ha sujetado
el cerebro intelectual a la naturaleza general. Jamás
se la oído hablar de una sujeción del cerebro
intelectual a cualquier patología. Muy al contrario
la Ciencia ha divinizado el cerebro intelectual, mediante
esta locura divinizando su pensamiento, por el que la locura
de la violencia que procede de la ignorancia del ateísmo
científico impuso su evangeliuo criminal sobre las
naciones de la Tierra. Enferma la mente, enferma el cerebro
físico, enferma el cerebro genético, pero
¿quién jamás de los jamases le ha oído
hablar a los sabios de la Academia de los Nobeles de una
patología del cerebro intelectual? Y con todo y a
pesar de ellos la inelgencia cerebral: existe.
Por
lo cual los entregó Dios a las pasiones vergonzosas,
pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza
...El
cerebro intelectual implica, pues, una estructura orgánica
y como tal está sujeta a las leyes generales a las
que se sujeta el resto del cuerpo humano. La negación
de esta realidad universal es la cuna donde el ateísmo
científico conoció sus primeros dias. La cuestión
es ¿de quién era la mano que mecía
la cuna? Pero nosotros nos contentaremos con determinar
que la negación de este principio implica la degeneración
del sistema natural y su transformación en un virus
maligno con capacidad para destruir la estructura lógica
del cerebro intelectual, por esta negación de la
Realidad estableciendo un sistema de comportamiento contrario
al establecido por la propia Naturaleza. Fenomenología
patológica que opera sus nefastos efectos en todo
espacio y tiempo donde la reación haya procedido
a desencadenar sus síntomas. Aquí, entonces,
en la enfermedad del cerebro intelectual tenemos que ver
la génesis de la tendencia suicida de una especie
que queriendo vivir sólo se produce a sí misma
la muerte.
E
igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer,
se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros, los
varones de los varones, cometiendo torpezas y recibiendo
en sí mismos el pago debido a su extravío
...La
Naturaleza sólo reconoce una Verdad y sólo
tiene una Ley. A saber, un organismo sujeto a la Muerte
lo está en todas sus partes. Aquella teoría
patológica del nacimiento de las ideas en un mundo
exterior al ser humano es la afirmación de una locura
por la que el cerebro intelectual no existe y el pensamiento
humano procede, como decía Descartes, del Ser en
cuanto ser, y no del cerebro. Alucinada la Ciencia por semejante
Método de locura gracias al cual la Razón
se hizo infalible y el Ateísmo devino una Religión
Omnisciente, los sabios de la Academia se elevaron a la
condición de los dioses, todos más allá
del bien y del mal, y en consecuencia, como los locos ajenos
a la responsabilidad que procede y le conviene a los pensamientos,
las palabras y las actos de todos los seres en tanto que
Ser. Es cierto, cómo no, que a un loco no se le puede
pedir responsabilidad por sus actos, y es natural que se
le conceda este beneficio a todo enfermo mental, pero que
una persona cuerda quiera hacer privativo y extenso a su
ser este derecho de la locura es un delito contra natura
que, obviamente, debe hacer sufrir sus efectos sobre la
sociedad obligada a vivir bajo el pensamiento y las obras
de semejantes sabios enloquecidos por sus pensamientos,
entontecidos por sus razonamientos a la manera que un mono
que hablase y se sorprendiese a sí mismo ante el
espejo admirándose del milagro: soy un mono que habla.
Y hablando se creyese todopoderoso y omnipotente para imponerle
a la Naturaleza nuevas leyes.
Y
como no procuraron conocer a Dios, Dios los entregó
a su réprobo sentir. Que los lleva a cometer torpezas
...La
lógica de la Naturaleza habla con una sabiduría
que a un cerebro intelectual en plena ebullición
patológica no le puede resultar lógica. Queriendo
conocerse a sí misma en tanto que inteligencia divina
esclavizada en un cuerpo mortal en su ateísmo demente
la Ciencia abandonó la búsqueda de la Verdad
en beneficio del conocimiento de su propia estructura ontológica.
Pero como su principio era la negación de estas dos
realidades la única salida que le quedaba era la
Duda. Y es que después de haberse maravillado contenplámdose
a sí misma en el espejo se impuso por objetivo obligar
a todas las demás bestias de su selva a admirar el
objeto de su admiración, o sea, ella misma, empleando
para alcanzar esta meta no importaba qué sistema
de manipulación de la verdad universal ...
Y
a llenarse de toda injusticia, malicia, avaricia, maldad;
llenos de envidia, dados al homicidio, a contiendas, a engaños,
a malignidad; chismosos
...La
manipulación de la Verdad de la que se nutre el cerebro
intelectual le afecta, como es de comprender, al Ser que
depende de esa información para establecer su comportamiento
en y dentro de la Naturaleza, la Obediencia a cuya Ley determina
la extinción o evolución de su especie. Rota
la existencia del Pensamiento como fruto del cerebro humano,
pues en virtud de la religión de la Ciencia fue transformado
en un cuerpo inmune a la Muerte, la Ciencia devino la Ley.
Y dado que la Ciencia no existe independientemente de la
realidad creada, siendo esclava la Ciencia de la Ley, la
Ciencia devenida en Ley implica la elección por la
cual la Criatura determina la elección de la Naturaleza
sobre su evolución o extinción. Es decir,
negando a Dios, ignorando su Existencia, la Ciencia se estableció
como Ley para bendecir la extinción de la especie
humana en nombre de su victoria sobre Dios. ¡Si judíos
y romanos mataron al Hijo ¿por qué no iba
la Ciencia a matar al Padre?!
...calumniadores
de Dios, ultrajadores, orgullosos, fanfarrones, inventores
de maldades, rebeldes a los padres...
...Las
consecuencias de la rebelión están escritas,
la génesis de la misma también, lo que aquí
nos interesa determinar es en qué medida existe el
cerebro intelectual y en qué medida aquélla
divina ciencia, cuyas ideas procedían de un ignoto
lugar llamado Duda, se veía afectada por la naturaleza
material de ese cerebro sin cuya existencia no podía
darse ciencia en el ser humano. Obviamente este discuro
tiene su razón de ser en la necesidad de establecer
un diálogo con un enfermo, las particularidades de
cuya enfermadad lo convierten en el demente más peligroso
que existe, como se ve en sus ejemplares del siglo XX. Dentro
de esas particularidades de la enfermedad conocida por ateísmo
científico la más temible y peligrosa es aquella
por la cual el sabio ateo se creía infalible y a
salvo de cualquier pensamiento objetivo externo que pudiera
activar los recursos de la naturaleza para vencer la enfermedad
que le afectaba; el loco en el genio estaba tan bien instalado
en su patología que no veía el sabio por qué
había de renunciar al loco que llevaba dentro.
Insensatos,
desleales, desamorados, despiadados
...Ninguno
de estos síntomas, efecto de su enfermadad sobre
la sociedad y sí mismo, podía convencer a
los obispos de la Academia de los Nobeles de la necesidad
de desprenderse del loco connatural al genio...
Los
cuales, conociendo la sentencia de Dios, que quienes tales
cosas hacen son dignos de muerte, no sólo las hacen,
sino que aplauden a quienes las hacen.
...Determinar
el grado de enfermedad es siempre el primer paso hacia la
recuperación de la salud. Hacia ese punto caminaremos
sin desviarnos ni a la izquierda ni a la derecha.
Tampoco
los judíos están camino de la salvación
Por
lo cual eres inexcusable, ¡oh! hombre, quienquiera
que seas, tú que juzgas; pues en lo mismo en que
juzgas a otro, a tí mismo te condenas, ya que haces
eso mismo que condenas.
...La
Sabiduría es la consejera de los valientes; y las
leyes la de aquéllos que se escudan en sus oficios
para cometer impunemente los delitos que en otros condenan.
Pues todos sabemos que desde la Caída de Adán,
es decir, desde el principio de este mundo, los mayores
criminales se refugian en los palacios de justicia y los
mayores sacrílegos en el templo de Dios. La naturaleza
infernal de este mundo procede de esta relación entre
el crimen y la ley, en la que la ley sirve al crimen y es
su mejor mecenas. Pues nadie ignora que la religión
es el refugio de los mayores criminales de todos los tiempos,
como se ve en los tiempos presentes.
...La
fuerza que anima el brazo y la mente de semejantes delincuentes
procede de su natural desprecio a la existencia de Dios,
de cuyo nombre se sirven para empujar a otros a mancharse
de sangre hasta el cuello mientras ellos lucen al sol la
camisa blanca de sus delitos secretos. De manera que si
los valientes tenemos en la sabiduría nuestra fuerza,
los cobardes y sus gemelos en el infierno tienen en la ley
su mejor arma de defensa. Ignorar esta realidad, independientemente
de la nación y el credo, es abrirle la puerta al
infierno y permitir que el terror sea el maestro de los
cachorros de los aspirantes a tiranos, dictadores, asesinos,
criminales, estafadores, genocidas, en suma, criaturas a
imagen y semejanza de los demonios.
Pues
sabemos que el juicio de Dios es, conforme a verdad, contra
todos los que cometen tales cosas.
...La
Justicia Divina se mantiene incólume e inmarcesible
frente y delante de toda criatura, del Cielo o de la Tierra,
que pretenda fundar su delito en la filiación o amistad
con Dios, cual si Dios le perdonare a unos el crimen en
razón de su parentesco y a otros los condenara al
infierno por ese mismo delito en orden a la distancia de
parentesco entre el delincuente y el Juez eterno. Quien
así hace acusa a Dios de ser el Padre del Maligno,
en virtud de cuya paternidad se jactan de sus crímenes
los demonios en el infierno. Obviamente Dios no puede ser
engañado, pero los hombres sí, de aquí
que el hombre que cierra sus ojos y perdona en su raza y
pueblo lo que condena en sus vecinos se hace partícipe
de los delitos cometidos por su pueblo. No hay, pues, mayor
cobarde y suicida que quien bendice en su pueblo y parentesco
lo que condena en aquellos contra quienes se alza criminal
el brazo de sus hermanos. Y esto hablando lo mismo para
el judío que para el cristiano, para el musulmán
que para el ateo, quien bendice en sus hermanos lo que condena
en los extraños es un delincuente y es reo de la
Justicia de Dios, ya se siente en el trono de san Pedro
ya en la Casa Blanca, en el Kremlin o en el mismo trono
del infierno.
¡Oh
hombre ¡ ¿Y piensas tú, que condenas
a los que eso hacen, y con todo lo haces tú, que
escaparás al juicio de Dios?
...La
sabiduría de todo criminal, según se ve, tiene
un norte y una meta. Para llegar a imponer su propia ley
y transformar la sociedad en una jungla maligna la necesidad
le exige vestirse de sacralidad, rodearse de impunidad,
igualarse a los dioses del infierno, elevarse sobre los
demás hombres y golpear sin miedo contra todo aquel
que se atreva a contestar su voluntad. Mas esa necesidad
en razón de la cual excusan los santos criminales
sus infernales crímenes tienen en la Justicia Divina
su final, y ante Dios responderán de la Fe que pisaron
en el interior de su Templo ante los ojos de toda la Humanidad.
Quien peca no tiene Fe, aunque se siente en el mismisimo
trono de Dios, cosa, como se comprenderá, imposible,
aunque lo intentó con todas sus fuerzas el mismísimo
Satán. ¿El Pecado y la Fe unidos a un mismo
tronco como los brazos al cuerpo humano? Quedándonos
en la disputa Protestantismo-Catolicismo, Lutero verá
que no miento el día que Dios lo juzgue por bendecir
en los suyos lo que condenó al infierno en los otros.
Y viceversa.
¿O es que desprecias las riquezas de su bondad, paciencia
y longanimidad, desconociendo que la bondad de Dios te trae
a penitencia?
...¿De
dónde procede esta paciencia y longanimidad que misericordiosamente
distribuye sus dones entre nosotros Dios sino en la justicia
que procede de la Fe? ¿No fuimos todas las familias
del mundo condenadas y entregadas al fuego por la ignorancia
del príncipe que el propio Dios nos eligiera para
ser nuestro Rey sempiterno? ¿Acaso no sabía
Dios que al condenarnos a todos por el pecado del Primer
Hombre nuestros crímenes clamarían al Cielo
pidiendo para todos el Infierno? Porque hubo Ignorancia,
la Sabiduría se apiadó de nosotros, y, aún
dándonos la espalda por un tiempo, con lágrimas
en los ojos caminó a nuestro encuentro. Y si éramos
ignorantes, lo mismo judios que gentiles, -siempre hablando
antes de Cristo-¡cómo hubiera podido nadie
comprender el Pensamiento de quien tenía en la Sabiduría
su Esposa Omnisciente!
Pues
conforme a tu dureza y a la impenitencia de tu corazón,
vas atesorando ira para el día de la ira y de la
revelación del justo juicio de Dios
...De
aquí que habiendo estado sujetos todos a la esclavitud
de la Muerte todos nosotros hallásemos en Cristo
quien nos defendiese y, separando crimen de criminal, arrojando
el delito al fuego eterno doblase sus rodillas ante el Juez
Eterno pidiendo para nosotros la clemencia y la misericordia
reservada a quien fue empujado al pecado sin conocimiento
de causa. La petición de Aquel que se alzó
en nuestra Defensa delante del Tribunal de Dios y su Corte
fue oída en la Creación entera, cuando antes
de morir abrió por última vez su boca, diciendo:
"Perdónalos porque no saben lo que hacen".
Que
dará a cada uno según sus obras
...Pues
si los hombres hubiéramos sabido desde siempre todas
las cosas jamás la mano de Eva se hubiera estirado
para arrancarle al árbol de la maldición su
fruto de muerte.
A
los que con perseverancia en el bien obrar buscan la gloria,
el honor y la incorrupción, la vida eterna
...Pero
el Maligno, sabiendo que sin comer el hombre descubriría
las leyes de esa Ciencia, nos sirvió su veneno dantesco
envuelto en el frasco de la leche materna, engañándonos
con la blanca dulzura de la apariencia el mortal líquido
que habría de cerrarnos el camino a la gloria de
la libertad de los hijos de Dios.
Pero
a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la
injusticia, ira e indignación.
...Sobre
su cabeza su crimen, sobre su alma sus infinitos delitos,
sobre sus huesos la condena que buscó para una criatura
inocente que apenas si acababa de salir de su Infancia.
El Juicio de Dios contra el asesino de su hijo Adán
se mantiene firme: Destierro de su Reino por la eternidad
de las eternidades.
Tribulación
y angustia sobre todo el que hace el mal, primero sobre
el judío, luego sobre el gentil
...Sabiendo
nosotros que tal es el Juicio de Dios contra quien odia
la Ley, una vez conocida la Ciencia que al Principio debiéramos
haber conocido no por la experiencia en nuestras carnes,
sino por el poder de la teoría que le es natural
a la inteligencia, el Juicio pesa sobre todo hombre, cristiano
o judío, musulmán o ateo, idólatra
o no, que conociendo la Justicia Divina persista en sus
crímenes, dado que procediendo el Conocimiento de
todas las cosas ya no opera la Ignorancia.
Pero
gloria, honor y paz para todo el que hace el bien, primero
para el judío, luego para el gentil
...Cristiano
o judío, musulmán o ateo, la Justicia Divina
recoge en sus cestos las obras de quienes aman sus frutos,
ya que como bien dice el Apóstol:
Pues
en Dios no hay acepción de personas
La
ley de los gentiles
Cuantos
hubiesen pecado sin Ley, sin Ley también perecerán;
y los que pecaron en la Ley, por la Ley serán juzgados
Vamos
entrando en el Pensamiento de Cristo, pues quien no tiene
el Pensamiento de Cristo no es de Cristo, según confiesa
en alguna otra parte el mismo Pablo. Y digo que entramos
en el pensamiento de Pablo porque por fin tocamos la llaga
hurgando en la cual la Reforma supo abrirse entre las aguas
de la ignorancia un paso al otro lado de la corrupción
romana y su cuerpo cardenalicio: "la Ley". En
otra parte dijo San Pablo también que la Ley sólo
sirvió para descubrirnos la naturaleza del Pecado,
es decir, qué es el pecado.Ciertamente si la Ley
no hubiera dicho: No robarás, no sabríamos
que robar es pecado. Sabríamos que es un delito,
pero no que es Pecado. Punto que nos lleva a investigar
la naturaleza del Pecado. O lo que es lo mismo, ¿qué
diferencia al Pecado del delito? ¿Conducir sin licencia
es un pecado? Decimos que no, pero sí es un delito.
De donde se ve que el delito y el pecado son dos cosas diferentes.
Esto de un sitio, y del otro que a diferencia del delito,
que si hoy es y mañana no es no le quita ni le añade
nada a la estructura social, el Pecado mantiene su malignidad
eternamente en todos los tiempos y lugares. Así,
robar un pan por hambre puede ser un delito, pero no un
pecado, porque lo que define al Pecado es la voluntad de
su ejecución mirando al daño implícito
en el acto. O sea, robo para hacer daño, no para
saciar una necesidad que se me niega por una sociedad delincuente
en su estructura y me empuja a delinquir para lavar sus
delitos en mi necesidad. Peco si obligo a quien necesita
lo que robo a cometer un robo a su vez. Yo he robado por
malignidad pero el otro por necesidad. Y existiendo la necesidad
nacida del delito maligno mi acto ni es pecado ni es delito.
Tenemos,
pues, un delito que es maligno y un delito que es benigno.
Delito benigno es, como hemos visto, el que nace de la necesidad;
y delito maligno el que nace de una mente perversa y asesina
que bendice su crimen en razón del Poder que maneja.
El delito benigno no implica correlación secuencial,
pero el maligno opera en reacción en cadena y su
crecimiento tiene por fin la destrucción de la sociedad
en la que se aloja como virus. Entonces, existiendo la Ley
existe el Conocimiento del delito maligno, es decir, del
Pecado. Y de aquí que unos conociendo su existencia
y otros en su ignorancia, pero todos cometiendo esos actos,
todos seamos reos ante el Tribunal Divino.
Porque
no son justos ante Dios los que oyen la Ley, sino los cumplidores
de la Ley; ésos serán declarados justos.
Lo dicho,
si existía el Pecado antes de la Ley, Conocimiento
por el que se nos dice lo que es bueno y malo ante los ojos
de Dios, existía también el bien, y existiendo
el bien existía la justicia. Y existiendo la conciencia
humana antes de nacer Moisésde aquí que San
Pablo diga que por sus obras cada cual será declarado
justo. Pues la Ley no podía hacer mejores a los hombres
sino por el Temor del Dios que nos dio a conocer el Pecado
mediante la Ley. Dios, en efecto, dio la Ley, pero no inmunizó
al hombre contra el Pecado. El Judío, en este capítulo,
estaba más adelante que el resto del mundo por cuanto
conocía lo que era Pecado, pero se movía al
mismo ritmo ante el delito que el resto de sus vecinos al
no haber dotado aún Dios a su Creación del
espíritu de Cristo; la Necesidad que empujaba al
resto del mundo empujaba al Judío a hacer en privado
aquello por lo que en público denigraba al gentil.
La diferencia estaba en la ignorancia, pues si el gentil
ignoraba la naturaleza del Pecado y se legislaba por el
delito, el Judío conocia la existencia del Pecado
y la Ley era su Código de Justicia.
En
verdad, cuando los gentiles, guiados por la razón
natural, sin Ley, cumplen los preceptos de la Ley, ellos
mismos, sin tenerla, son para sí mismos Ley.
La
relación entre la Genética y la Estética
del Universo es cosa probada desde los albores del mundo.
Su existencia implica una Razón Natural. Forjada
la Razón Natural en un Universo sujeto a un Origen
Divino su la Vida lleva en sus genes la estructura que le
imprime el Orden a su Cuerpo. Gracias a ella la estructura
mental de los pueblos de la Humanidad, desde sus orígenes
remotos en el Tiempo, ha manifestado una tendencia universal
hacia un concepto del delito y la Justicia similar en todos
los lugares.
Esta tendencia innata genéticamente pone sobre la
mesa una estructura prototipo acorde a cuya estructura se
ha desarrollado la mente de las Civilizaciones, hasta finalmente
converger en la Estructura del Mundo Actual. Ni que decir
tiene que el camino dejado atrás por cada una de
las partes de nuestro mundo es una epopeya digna de un libro.
El caso es que superando las diferencias observamos en todas
las partes del Mundo una Razón Universal desde cuya
plataforma se han articulado, contra viento y marea, sus
códigos de justicia, que, si no siguen alterados
por las influencias psicóticas de los fundamentalismos
religiosos, coinciden en lo general y básico con
los códigos del resto de los pueblos y naciones vecinas.
Y
con esto muestran que los preceptos de la Ley están
escritos en sus corazones, siendo testigos su conciencia
y las sentencias con que entre unos y otros se acusan o
se excusan.
Sin la existencia
de esta Razón Universal operando lo mismo en el Comunismo
que en el Capitalismo, lo mismo en la Democracia Cristiana
que en la Socialista, la Idea de un Juicio Divino sería
infernal. Otra cosa será que en su demonismo el Pecado
pretenda negar esta Razón Natural. Ahora bien, siendo
el Pecado un acto consciente contra Dios y la Naturaleza
del Universo, que al no poder hacer caer su malignidad sobre
la Creación y su Creador derrama su veneno sobre
la Criatura ¿a quién le sorprende que en su
malignidad el Pecado niegue la existencia de una Razón
Natural por la que la criatura, sin Dios, reconoce el Bien
y el Mal?
Así
se verá el día que Dios por Jesucristo, según
mi evangelio, juzgará las acciones secretas de los
hombres.
¿Pero
por qué un Juicio Divino cuando el delito tiene en
este mundo su castigo? ¿O no lo tiene? Según
la respuesta el Juicio Final será un acto de demonismo
o un acto de Santidad. El evangelio de San Pablo no admite
dudas ni divagaciones y lo declara Santo, Justo, Bueno y
Necesario, declarando de esta manera que la justicia de
los hombres y el delito son las dos caras de una misma moneda,
de aquí que el el juez se ponga la venda en los ojos
y allá que la espada de la injusticia del oder caiga
sobre quien ose levantar su voz para gritar: ¡Asesinos!
El
judío violador de la Ley es más culpable
Pero
si tú, que presumes de llamarte judío y descansas
en la Ley y te glorías en Dios
...Hemos
distinguido dos conceptos: delito y pecado. El delito se
refiere a las normas de los tiempos y evoluciona de acuerdo
a la inteligencia de los pueblos. El Pecado se refiere a
una conducta eterna, el alejamiento de la cual conduce a
la Muerte. Dos tipos de leyes se dan pues. Una es la circunstancial,
y la otra es la Divina. La ley circunstancial tiene por
objeto la convivencia social entre individuos de un mismo
Género. La Ley Divina abarca la relación de
la Sociedad entre el Creador y su Creación. Las dos
son vitales para las naciones del Reino de Dios. Por la
ley circunstancial articulamos el sistema de relaciones
dentro de nuestro mundo; por la Ley Divina se articula la
relación de nuestro mundo con los demás de
la Creación. Lo que el Apóstol dice del judío
podemos referirlo ahora al cristiano:
Conoces
su voluntad, e instruido en la Ley, sabes estimar lo mejor
...Y
donde pone "Ley" ponemos Evangelio, es decir,
la Ley de Cristo, la Nueva Ley por la que el espíritu
de la Justicia del que procede la Ley se abre el pecho y
descubre su Corazón a los ojos de toda su Creación,
a fin de que todos los Pueblos del Universo vean con los
ojos y entiendan que no la Ley que procede de la Fuerza
sino la Justicia que procede de la Sabiduría es el
alma de la que el Creador extrae el material con el que
articula su Reino y lo dota de vida eterna... El judío,
en efecto, sólo se relaciona con la Ley y cae cuerpo
a tierra ante su cuerpo como quien es amenazado por un criminal
armado hasta los dientes con el hacha del terrorismo; pero
el cristiano va más lejos, entra en el ser de esa
Ley y ve la fuente de la que mana, bebe de ese Agua y descubre
en su propio ser la bondad, la misericordia, la magnificencia,
la inteligencia, en una palabra, que Dios es Amor, y este
Anor es la Roca de la que Cristo Jesús, nuestro Rey
y Salvador, extrajo el manantial que nos salvó cuando
ya nos devoraba el desierto. Dios, en suma, no crea para
vanagloriarse haciendo gala de su Poder delante de sus propias
criaturas; Dios es Creador, o lo que es lo mismo, ama la
Creación, ama la Vida con la fuerza y pasión
que el artista ama su arte y el fruto de su espíritu
creativo. El judío, ignorante del espíritu
de Dios, en quien sólo veía el Poder y la
Fuerza, se relacionaba con la Ley en base al terror que
le inspiraba ese Poder y esa Fuerza, pero el cristiano,
adorador de ese Dios Creador, se lanza a sus brazos corriendo,
con los labios clamando Padre Nuestro, porque no el terror
sino el Amor es la fuente de esa Ley contra la que se estrelló
el judío. Y con todo la Ley es la misma: No robarás,
no matarás, no adulterarás...De manera que
no porque Dios se declare Padre y sobre toda su Creación
extienda sus Brazos tenemos su bendición para cometer
toda clase de delitos contra la Tierra, y pecados contra
el Cielo. ¿Quién entonces se atreverá
a presumir de ser lo que dice el Apóstol del judío:
Y
presumes de ser guía de ciegos, luz de los que viven
en las tinieblas
...¿Quién
y dónde está el hombre libre de todo pecado
y delito? ¿Quién sino sólo Dios puede
alzarse como luz en nuestras tinieblas y guiarnos a los
que estamos ciegos? Y sin embargo los judíos primero
y los cristianos luego olvidándose de que sólo
Dios tiene la Primera y la última Palabra declararon
infalibles sus palabras y sus pensamientos. Así que
¿qué diremos?, ¿de qué podrán
presumir quienes teniendo el ejemplo de aquéllos
a quienes su presunción los condujo a la ruina presumen
de ser luz de los ciegos? ¿Se corresponden las obras
de los cristianos al conocimiento de Dios de quienes tuvieron
en la Teología un circo y en la Verdad un campo de
batalla? ¿Si el fruto del Conocimiento son las obras
se puede medir por la calidad de las obras la luminosidad
de ese Conocimiento? El Protestantismo, la Ortodoxia, el
Catolicismo ...el que esté limpio de pecado que tire
la primera piedra... Conociéndose por las obras la
naturaleza de la doctrina y por el fruto al maestro ¿cómo
puede la luz inmaculada del Conocimiento Verdadero de Dios
engendrar el fruto de la Muerte, que es el Pecado? Pero
si el Protestantismo, la Ortodoxia y el Catolicismo están
limpios de pecado... entonces...
Preceptor
de rudos, maestro de niños, y tienes en la Ley la
norma de la ciencia y de la verdad
...Eso
era en verdad el judío al que hacía referencia
el Apóstol, y de eso precisamente se jactaba y presumía
el judío ante los suyos y delante de los gentiles.
Obviamente el judío de nuestros días ni es
preceptor de rudos, ni es maestro de niños, ni tiene
en la Ley la norma de la ciencia y de la verdad. La Historia
le ha enseñado cuál es su sitio en el mundo
y bastante tiene con defenderlo. Al cristiano, más
que al judío, debemos apliucarle el cuento:
Tú,
en suma, que enseñas a otros, ¿cómo
no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas
que no se debe robar, ¿robas?
...El
espejo ha sido hecho para reflejar la verdadera imagen del
original. ¿Se mira el cristiano en el espejo de la
Verdad o en su presunción se mantiene lejos para
no ver cuál es la imagen que se refleja en su rostro:
la de Cristo o la del mundo? ¿Puede ser cristiano
quien hace lo contrario que predica? ¿Ser cristiano
no consiste en agradar a Dios, según lo dicho: "En
Tí tengo mi complacencia"? ¿Por qué
desjarretó Dios el carro de la Antigua Alianza, por
capricho o porque entre la doctrina y los hechos del judío
se había levantado un abismo? ¿Si el cristiano
opera la misma obra renunciará Dios a su espíritu
por amor a quienes amó un día? ¿Pero
Satán no fue hijo suyo antes de adherirse al Infierno
y preferir la Corona del Imperio de la Muerte a la de un
Príncipe sin Corona en el Reino de Dios? ¿No
cayeron los judíos es esta trampa: Creerse que por
amor a Abraham les iba a perdonar lo que no le perdonara
Dios a un hijo? ¿Porque el cristiano sea de Dios
tiene un cheque en blanco para transformar su Reino en un
infierno mediante obras hechas en el espíritu del
Diablo?
Tú,
que dices que no se debe adulterar, ¿adulteras? Tú
que abominas de los ídolos, ¿te apropias de
los despojos de los templos?
...Luego
la ley humana mira al delito y la Divina al Pecado. Por
el delito no nos hacemos odiosos a los ojos de Dios, o su
Hijo no hubiera bendecido a los que son perseguidos por
la justicia. Pero por el pecado sí nos hacemos odiosos
a nuestro Creador. El delito procede de la necesidad causada
por la injusticia humana; pero el Pecado es una violación
consciente de un sistema social contra el que se siembra
la semilla maligna de la guerra. El delito es una rebelión
instintiva contra un sistema social fundado en la injusticia
de unos pocos contra la voluntad de la mayoría; el
Pecado es la rebelión contra un sistema social que
defiende a la mayoría contra esos pocos. Por esto
Dios condena el Pecado y bendice el delito que procede de
la lucha contra la injusticia. Por esto condenó al
judío y bendijo a Cristo. Y en fin
Tú,
que te glorías en la Ley ¿deshonras a Dios
traspasando la Ley?
...Buena
pregunta. ¿Se la preguntamos al Papado? ¿Se
la hacemos al Consejo Mundial de las iglesias Reformadas?
¿Se la enviamos al Patriarcado Ortodoxo? Cuando con
sus obras negaron al Señor al que juraban servir
¿deshonraron a Dios? Pero pudiera ser que la gloria
de Dios y el volumen de pecado de sus siervos no se encuentren
bajo ninguna ley de relación...En este caso los pecados
del Catolicismo, del Protestantismo y de la Ortodoxia no
tiene por qué imputarsele a cargo y cuenta de quienes
despreciaron al Señor por sus siervos y siguiendo
el ejemplo de esos siervos no hicieron sino imitar al Señor
que vieron en sus siervos. Pudiera ser también que
el Apóstol, en su celo, se pasase una legua infinita
y condenase a la honra de Dios y al pecado del cristiano
a mantener una relación de correspondencia, relación
sin vigor delante del tribunal Divino. ¡Allá
cada cual con su conciencia! Y con todo Dios no perdonó
al pueblo judío en razón del pecado de sus
preceptores y maestros; y aún más, le imputó
con infinita más severidad eterna a sus príncipes
los pecados del pueblo, como se ve por los hechos, ya que
el pueblo ha sobrevivido una vez pagado su crimen, pero
de sus príncipes aaronitas no se sabe que exista
sólo uno.
Pues
escrito está: “Por vuestra causa es blasfemado
entre los gentiles el nombre de Dios”
...Dios
no puede mentir. Ni puede permitir que su gloria sea pisada
por quienes se dicen sus siervos. A los pecados de las iglesias
se les debe imputar los de aquéllos que fueron apartados
de la Salvación por esos pecados cometidos por quienes
se vistieron las ropas de los siervos de Dios para cometer
sus crímenes y evitar pagarlos ante la justicia.
Así se verá el Día del Juicio. Ay de
aquélla iglesia que no corra a hacer la Voluntad
Presente de su Señor sumándole a sus pecados
el Pecado de los pecados: Rebelión contra la Voluntad
de Dios. |