El Evangelio de Cristo según San Pablo
Análisis
biohistórico de la Carta a los Romanos
El judío violador de la Ley es más culpable
Pero si tú, que presumes de llamarte judío y descansas
en la Ley y te glorías en Dios
Hemos distinguido dos conceptos: delito y pecado. El
delito se refiere a las normas de los tiempos y evoluciona de acuerdo a la
inteligencia de los pueblos. El Pecado se refiere a una conducta eterna, el
alejamiento de la cual conduce a la Muerte. Dos tipos de leyes se dan pues. Una
es la circunstancial, y la otra es la Divina. La ley circunstancial tiene por
objeto la convivencia social entre individuos de un mismo Género. La Ley Divina
abarca la relación de la Sociedad entre el Creador y su Creación. Las dos son
vitales para las naciones del Reino de Dios. Por la ley circunstancial
articulamos el sistema de relaciones dentro de nuestro mundo; por la Ley Divina
se articula la relación de nuestro mundo con los demás de la Creación. Lo que
el Apóstol dice del judío podemos referirlo ahora al cristiano:
Conoces su voluntad, e instruido en la Ley, sabes
estimar lo mejor
Y donde pone “Ley” ponemos Evangelio, es decir, la Ley
de Cristo, la Nueva Ley por la que el espíritu de la Justicia del que procede
la Ley se abre el pecho y descubre su Corazón a los ojos de toda su Creación, a
fin de que todos los Pueblos del Universo vean con los ojos y entiendan que no
la Ley que procede de la Fuerza sino la Justicia que procede de la Sabiduría es
el alma de la que el Creador extrae el material con el que articula su Reino y
lo dota de vida eterna...
El judío, en efecto, sólo se relaciona con la Ley y
cae cuerpo a tierra ante su cuerpo como quien es amenazado por un criminal
armado hasta los dientes con el hacha del terrorismo; pero el cristiano va más
lejos, entra en el ser de esa Ley y ve la fuente de la que mana, bebe de ese
Agua y descubre en su propio ser la bondad, la misericordia, la magnificencia,
la inteligencia, en una palabra, que Dios es Amor, y este Amor es la Roca de la
que Cristo Jesús, nuestro Rey y Salvador, extrajo el manantial que nos salvó
cuando ya nos devoraba el desierto. Dios, en suma, no crea para vanagloriarse
haciendo gala de su Poder delante de sus propias criaturas; Dios es Creador, o
lo que es lo mismo, ama la Creación, ama la Vida con la fuerza y pasión que el
artista ama su arte y el fruto de su espíritu creativo.
El judío, ignorante del espíritu de Dios, en quien
sólo veía el Poder y la Fuerza, se relacionaba con la Ley en base al terror que
le inspiraba ese Poder y esa Fuerza, pero el cristiano, adorador de ese Dios
Creador, se lanza a sus brazos corriendo, con los labios clamando “Padre
Nuestro”, porque no el terror sino el Amor es la fuente de esa Ley contra la
que se estrelló el judío. Y con todo la Ley es la misma: No robarás, no
matarás, no adulterarás...De manera que no porque Dios se declare Padre y sobre
toda su Creación extienda sus Brazos tenemos su bendición para cometer toda
clase de delitos contra la Tierra, y pecados contra el Cielo. ¿Quién entonces
se atreverá a presumir de ser lo que dice el Apóstol del judío:
Y presumes de ser guía de ciegos, luz de los que viven
en las tinieblas
¿Quién y dónde está el hombre libre de todo pecado y
delito? ¿Quién sino sólo Dios puede alzarse como luz en nuestras tinieblas y
guiarnos a los que estamos ciegos? Y sin embargo los judíos primero y los
cristianos luego olvidándose de que sólo Dios tiene la Primera y la última
Palabra declararon infalibles sus palabras y sus pensamientos. Así que ¿qué
diremos? ¿de qué podrán presumir quienes teniendo el ejemplo de aquéllos a
quienes su presunción los condujo a la ruina presumen de ser luz de los ciegos?
¿Se corresponden las obras de los cristianos al conocimiento de Dios de quienes
tuvieron en la Teología un circo y en la Verdad un campo de batalla? ¿Si el
fruto del Conocimiento son las obras se puede medir por la calidad de las obras
la luminosidad de ese Conocimiento? El Protestantismo, la Ortodoxia, el Papado
... el que esté limpio de pecado que tire la primera piedra... Conociéndose por
las obras la naturaleza de la doctrina y por el fruto al maestro ¿cómo puede la
luz inmaculada del Conocimiento Verdadero de Dios engendrar el fruto de la
Muerte, que es el Pecado? Pero si el Protestantismo, la Ortodoxia y el papado
están limpios de pecado... entonces...
Preceptor de rudos, maestro de niños, y tienes en la
Ley la norma de la ciencia y de la verdad
Eso era en verdad el judío al que hacía referencia el
Apóstol, y de eso precisamente se jactaba y presumía el judío ante los suyos y
delante de los gentiles. Obviamente el judío de nuestros días ni es preceptor
de rudos, ni es maestro de niños, ni tiene en la Ley la norma de la ciencia y
de la verdad. La Historia le ha enseñado cuál es su sitio en el mundo y bastante
tiene con defenderlo. Al cristiano, más que al judío, debemos aplicarle el
cuento:
Tú, en suma, que enseñas a otros, ¿cómo no te enseñas
a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas?
El espejo ha sido hecho para reflejar la verdadera
imagen del original. ¿Se mira el cristiano en el espejo de la Verdad o en su
presunción se mantiene lejos para no ver cuál es la imagen que se refleja en su
rostro: la de Cristo o la del mundo? ¿Puede ser cristiano quien hace lo
contrario que predica? ¿Ser cristiano no consiste en agradar a Dios, según lo
dicho: “En
Tí tengo mi complacencia”? ¿Por qué
desjarretó Dios el carro de la Antigua Alianza, por capricho o porque entre la
doctrina y los hechos del judío se había levantado un abismo? ¿Si el cristiano
opera la misma obra renunciará Dios a su espíritu por amor a quienes amó un
día? ¿Pero Satán no fue hijo suyo antes de adherirse al Infierno y preferir la
Corona del Imperio de la Muerte a la de un Príncipe sin Corona en el Reino de
Dios? ¿No cayeron los judíos es esta trampa: Creerse que por amor a Abraham les
iba a perdonar lo que no le perdonara Dios a un hijo? ¿Porque el cristiano sea
de Dios tiene un cheque en blanco para transformar su Reino en un infierno
mediante obras hechas en el espíritu del Diablo?
Tú, que dices que no se debe adulterar, ¿adulteras? Tú
que abominas de los ídolos, ¿te apropias de los despojos de los templos?
...Luego la ley humana
mira al delito y la Divina al Pecado. Por el delito no nos hacemos odiosos a
los ojos de Dios, o su Hijo no hubiera bendecido a los que son perseguidos por
la justicia. Pero por el pecado sí nos hacemos odiosos a nuestro Creador. El
delito procede de la necesidad causada por la injusticia humana; pero el Pecado
es una violación consciente de un sistema social contra el que se siembra la
semilla maligna de la guerra. El delito es una rebelión instintiva contra un
sistema social fundado en la injusticia de unos pocos contra la voluntad de la
mayoría; el Pecado es la rebelión contra un sistema social que defiende a la
mayoría contra esos pocos. Por esto Dios condena el Pecado y bendice el delito
que procede de la lucha contra la injusticia. Por esto condenó al judío y
bendijo a Cristo. Y en fin
Tú, que te glorías en la Ley ¿deshonras a Dios
traspasando la Ley?
.Buena pregunta. ¿Se
la preguntamos al Papado? ¿Se la hacemos al Consejo Mundial de las iglesias
Reformadas? ¿Se la enviamos al Patriarcado Ortodoxo? Cuando con sus obras
negaron al Señor al que juraban servir ¿deshonraron a Dios? Pero pudiera ser
que la gloria de Dios y el volumen de pecado de sus siervos no se encuentren
bajo ninguna ley de relación... En este caso los pecados del Catolicismo, del
Protestantismo y de la Ortodoxia no tiene por qué imputarsele a cargo y cuenta
de quienes despreciaron al Señor por sus siervos y siguiendo el ejemplo de esos
siervos no hicieron sino imitar al Señor que vieron en sus siervos. Pudiera ser
también que el Apóstol, en su celo, se pasase una legua infinita y condenase a
la honra de Dios y al pecado del cristiano a mantener una relación de
correspondencia, relación sin vigor delante del tribunal Divino. ¡Allá cada
cual con su conciencia! Y con todo Dios no perdonó al pueblo judío en razón del
pecado de sus preceptores y maestros; y aún más, le imputó con infinita más
severidad eterna a sus príncipes los pecados del pueblo, como se ve por los
hechos, ya que el pueblo ha sobrevivido una vez pagado su crimen, pero de sus
príncipes aaronitas no se sabe que exista sólo uno.
Pues escrito está: “Por vuestra causa es blasfemado
entre los gentiles el nombre de Dios”
Dios no puede mentir. Ni puede permitir que su gloria
sea pisada por quienes se dicen sus siervos. A los pecados de las iglesias se
les debe imputar los de aquéllos que fueron apartados de la Salvación por esos
pecados cometidos por quienes se vistieron las ropas de los siervos de Dios
para cometer sus crímenes y evitar pagarlos ante la justicia. Así se verá el
Día del Juicio. Ay de aquélla iglesia que no corra a hacer la Voluntad Presente
de su Señor sumándole a sus pecados el Pecado de los pecados: Rebelión contra
la Voluntad de Dios.
