No
estéis en deuda con nadie, a no ser en el amaros
unos a otros, porque quien ama al prójimo ha cumplido
la ley.
...La
infinita superioridad de la Moral sobre la Ética
procede de este precepto eterno. Mientras la Etica es el
recurso de seres que han renunciado a superarse a sí
mismos y se niegan a seguir evolucionando al final del término
donde la Naturaleza le abre la puerta al Espíritu
y pone en manos de su Creador la Criatura que le pariera
su Creación, en función de cuya renuncia a
abandonar la ley de la selva la ley ética sustituye
la inteligencia del Espíritu por una Razón
Animal que establece decretos entre los miembros de la propia
especie, resultando de esta imposición a punta de
hierro que la obediencia a la ley sólo procede respecto
a la inferioridad del sujeto pero no precede jamás
a quien ordena la ley y se sitúa sobre ella, invirtiendo
el valor de la Etica, que rebaja a la condición del
Crimen cuando traduce su precepto máximo supremo
en aquella alta razón que subordina al Fin la Naturaleza
de los Medios. Así, mientras la Etica se ordena en
función de los tiempos y obedece a la razón
de los legisladores, la Moral es eterna y establece el camino
entre Fin y el Principio sin alternancia recursiva derivada
de la capacidad o la incapacidad del sujeto. La Etica ordena
matar cuando el fin es superior al medio por el que se alcanza
ese fin, cuyas repercusiones hacen del individuo un mero
objeto abstracto a los pies del bien político, resultando
que la Etica arrastra al Género Humano a los dorados
tiempos del sacrificio humano, ahora no ritual, sino jurídico.
Efectuado el sacrificio, en efecto, la justicia legaliza
el delito, deviniendo en su comportamiento un apéndice
asesino del poder ético que, desplazando los valores
eternos de la inteligencia, los sustituiye por los intereses
temporales de un grupo específico. Bajo la ley de
la Etica, por consiguiente, el amor al prójimo es
volatizado, reventado y en el núcleo donde la identidad
entre los seres humanos procede de la propia Naturaleza
establece la convivencia mediante decreto, y este decreto
arbitrario suspendido sobre la cabeza del hombre en función
de la perversión del derecho Natural y Divino que
Poder Político establece contra la Sociedad en su
conjunto. De donde se ve que la Etica es la moral del Poder
por en cuanto es el Poder el que destruye la Ley para imponerle
por Decreto a la Naturaleza su ley. No cabe el amor entre
los seres humanos y sí, y sólo la convivencia
que procede del decreto. Ahora bien, hasta hoy el universo
entero ha reconocido en mil formas y ocasiones que el amor
no se engendra por decreto y nadie puede amar al prójimo
en función de la voluntad de otro. Verdad apasionante
y irrefutable que convierte en fracaso el éxito pasajero
de quien legitima el sacrificio del individuo al bien del
universo, tras cuya retórica no se esconde más
que la dialéctica criminal del Poder Etico. Quje
cada cual löe pionga ahora el nombre que quiera a quien
por decreto vuela la Moral y pone en su lugar la ley de
las bestuias, entre las cuales, sí es cierto, la
fuerza es la madre de la razón social. ¿Y
qué es el Gobierno por decreto sino la fuerza a punta
de pistola del Poder? Se entiende, en consecuencia, que
no teniendo valor moral su imperio el Poder deba inventarse
una justificación social que excuse su sacrificio;
a esta justicia se le llama Etica.
Pues
"no adulterarás, no matarás, no robaraás,
no codiciarás", o cualquier otro precepto, en
esta sentencia se resume: "Amarás al prójimo
como a tí mismo"
...La
ley de la Verdad, la ley moral, o sea, la ley del Amor,
es más fuerte e infinitamente más poderosa
para fundar la estabilidad de la Sociedad en el Espacio
y el Tiempo, que cualquier relación basada en el
imperio del decreto. Desde la Etica yo no robo ni mato mientras
no se me cruce por el camino una causa superior de altura
política e histórica infinitamente más
grande que la vida del individuo, a cuya consecución
el sacrificio del individuo no es sólo aconsejable
sino un deber ético que el Grupo de interesados se
tiene que imponer si quiere llegar a alcanzat dicho fin
específico. Nada hay pues que diferencie la Etica
del Poder de la Ideología del Terrorismo, excepto
que el Poder tiene la legalidad para el sacrificio y el
terror sacrifica fuera de ley de la Etica Política.
No estableciéndose la relación entre el individuo,
entre el hombre y la Sociedad desde una Fuerza Natural que
procede a la identificación de todos con todos en
el Origen Universal de todos en un mismo Núcleo,
el parche que el Poder, tras destruir este Núcleo,
pone sobre la Historia, quitando la Moral, el fruto de ese
Origen, y sustituyéndola por la Ley Etica, es decir,
por el Imperio de la Fuerza, no es más que un parche
en el muro, un dique circunstancial creado a la ligera para
contener las aguas de la destrucción de una sociedad
atacada desde su interior por fuerzas aniquiladoras que,
bajo el disfraz del Derecho, no hacen sino causar la ruina
de la Sociedad sobre la que impera mediante Decreto. Por
amor a la humanidad se hacen maravillosas locuras, pero
por ley no hay en este mundo quien ponga la otra mejilla
o le dé sus sobras al pobre que se muere de hambre
en la esquina. La ley que viene de la Etica antes la da
las sobras a su perro que a ese moribundo, rastrero y asqueroso
inmundo piojoso vagabundo. Sólo la ley que procede
de la Moral enciende la conciencia , contra el interés
propio incluso, y se quita de lo propio - como pudiera ser
la felicidad que viene de la comodidad- para compartir con
el prójimo el pan, y, ya lo hemos visto muchas veces,
hasta la propia vida. El decreto ético es inoperante
para engendrar este comportamiento, y desde que es inoperante
su ley es inhumana porque mata una de las partes naturales
más importantes de la inteligencia, la Conciencia.
No vamos a condenar la Ley de la Naturaleza, que es Moral,
en razón del comportamiento de unos pocos. No todos
los que están, son, como dice el proverbio popular.
O lo que es lo mismo, que quienes habiten palacio sean unos
cerdos no quiere decir que el palacio no siga siendo lo
que es: sino que esos cerdos lo son más en razón
de la naturaleza del palacio que manchan.
El
amor no obra el mal del prójimo, pues el amor es
la plenitud de la ley.
...Y
no porque lo diga un Apóstol. Basta abrir cualquier
libro de Platón para ver a Sócrates poniendo
el Amor por las cosas, incluyendo lo humano, como superior
a la simple manifestación de las consecuencias a
que conducen esta fuerza divina desde una postura interesada
o no fundada en una razón ética. Sócrates
es sencilamente ero y sólo esto: La superioridad
del Pensamiento que procede del Amor al Hombre sobre el
Pensamiento que procede de la Pasión por de alcanzar
una posición ada vez más alta en la Sociedad.
Esta Etica del Poder no sólo no puede cumplir la
plenitud de la Ley porque en su desarrollo sacrifica a su
fin al hombre que se le cruza en su camino y convierte a
a la propia Sociedad en un mero objeto sobre el que apoyarse
para alcanzar su objetivo. La Etica no sólo no puede
desatarle la correa del zapato de los pies con el que el
cuerpo Moral Cristiano, expresión eterna de la Moral
Natural, se mueve, sino que además, estableciendo
el sacrificio humano en tanto en cuanto acto legal para
alcanzar el Poder, la Etica deviene una ideología
criminal que justifica el Medio para alcanzar el Fin. Sin
embargo parece que las verdades son menos verdades depende
de quien las diga, de aquí que firmándola
San Pablo esta Verdad no sea una declaración filosófica
con origen en la experiencia más desarollada adquirida
por los sentidos racionales del ser humano. Y al contrario,
parece que depende de quien la firme una mentira es más
verdad en la oreja de quien la escucha. |