![]() |
BIBLIOTECA TERCER MILENIO
|
![]() |
El Evangelio de Cristo según San Pablo
La Verdadera Circuncisión
Hemos visto hasta aquí dos cosas. Primero, que la
comunidad romana a la que Pablo le dirigía esta Carta se encontraba a las
puertas de su Martirio, y el Apóstol en tanto que profeta -según la Escritura: “El espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía”- se dirigía a la comunidad cristiana romana para
recordarles lo que era y le es y le será sempiternamente natural a la doctrina
apostólica del Reino de Dios, a saber: se es de Cristo antes que de Pablo o de
Pedro, y cristiano antes que romano u ortodoxo o protestante. Y segundo: como
hay dos justicias, la humana y la Divina, hay dos actos contrarios a sus
mandatos, que son el delito circunstancial y el pecado. Por el pecado rompemos
valores eternos sobre los que se basa la Sociedad entre el Creador y su
Creación; y por el delito circunstancial rompemos con la injusticia de quienes
abolen el pecado despreciando a su Creador para alzarse ellos como fuente de
legislación. En la lucha entre estas dos justicias hallamos el campo de batalla
sobre el que nuestro mundo se ha estado moviendo en el infierno de sus guerras
y desgracias desde la Caída de Adán hasta nuestros días. En este capítulo II el
Apóstol da un paso adelante y reflexiona sobre la Caída del Muro entre judíos y
cristianos que Dios derribó por amor a su Hijo. Pues está claro que la no
aceptación divina a la alianza entre el Cielo y el Infierno, es decir, dar luz
verde a la transformación de su Reino en un Olimpo de dioses más allá de la
Ley, meta de la Rebelión de una parte de su Casa contra su Justicia, tuvo y
tiene en su Hijo la razón sempiterna de ese No. Como Padre no quería criar a su
Hijo en un mundo sujeto a las leyes del Bien y del Mal; no estaba dispuesto a
hacerlo y no lo hizo. Las circunstancias impuestas por la Traición, que otros
llaman Rebelión, encontró en su propio Hijo el No de su Padre, de aquí que
dijera Jesucristo, y con toda propiedad: “El
Padre y yo somos una sola cosa”. Y seguimos
Cierto que la circuncisión es provechosa si guardas la
Ley; pero si la traspasas, tu circuncisión se hace prepucio
El origen de este análisis era, es y sigue siendo
descubrir la conexión luterana. Vamos centrando el problema con la intención de
poner el texto en su contexto y evitar cualquier manipulación. Ya sabemos que
la manipulación es el arte de sacar el texto de su contexto con la idea de
pervertir el espíritu del autor. ¿Es lo que hizo Lutero? Esto es lo que vamos a
descubrir. Así pues, si primero el autor se dirige a los cristianos de Roma,
enseguida apunta a los cristianos de origen judío, como él mismo, en cuya
comunidad específica se había levantado el debate del judeocristianismo, que al
propio Pedro le causara tantos dolores de cabeza y al cristianismo en general
una crisis profunda cuyas consecuencias fueron la violencia en el origen del
Incendio de Jerusalén en el 64, según unos, en el 66, según otros, pero en
cualquier caso siempre anterior al Incendio de Roma. Pensemos que la acusación
neroniana contra los cristianos encontró buena tierra a causa de la propaganda
de la comunidad judía romana que, absolviendo la rebelión de los suyos, culpó a
los cristianos de haberse rebelado contra el Imperio, al que profesaban un odio
tan grande como para meterle fuego incluso a la ciudad santa. El humo del
Incendio de Jerusalén aún se olía en la atmósfera cuando la chispa que saltó el
Mediterráneo arrasó Roma. Nerón sólo tenía que dirigir su dedo contra los
inocentes a los que la comunidad judeo romana acusara de ser los pirómanos de
Jerusalén para hacer hervir el odio y desatar el huracán de las Persecuciones.
Será a esta comunidad cristiana amenazada de muerte a
la que, viendo su martirio, el Apóstol le dedicará su mejor Carta, su
Evangelio. ¡Y quién mejor que un asesino de cristianos y perseguidor de hijos
de Dios para ver en las profundidades del terror la mano del hombre al servicio
del Diablo! ¿La circuncisión hace la raza?- se pregunta. ¿Se es judío por la
extirpación de un pedazo de pellejo o por la adhesión del ser humano a la Ley
de la que procede toda Justicia? ¿Si se arrancara el Diablo ese trozo de
pellejo sería judío? ¿No la obediencia y el amor a la Justicia Divina sino un
prepucio abandonado a los perros tras su extirpación es lo que diferencia al
hombre de Dios de los demonios malditos que sembraron el terror en la Tierra y
lo cultivan con tanto esmero desde la Caída a nuestros días?
San Pablo da un
paso adelante en este capítulo, desgaja raza y hombre de Dios y sujeta al judío
lo mismo que al cristiano a la obediencia a la Justicia Eterna, de manera que
si el prepucio solo no hace al judío tampoco la fe sola, como se verá, hace al
cristiano. Porque si el prepucio era la señal del judío y la fe es la del cristiano,
y sin embargo sin las obras de la Ley no había judío, tampoco sin las obras de
la fe hay cristiano, punto al que llegaremos caminando sobre las letras de un
texto que en su contexto se abre al pensamiento de Cristo, origen y raíz del
Evangelio de San Pablo.
Mientras que si el incircunciso guarda los preceptos
de la Ley, ¿no será tenido por circuncidado?
La reflexión es importantísima, más que si la hiciera
un Orígenes o un San Agustín. Quien la hace y la plasma es un judío de
nacimiento que no reniega de sus orígenes hebreos pero sí se sujeta a la ley de
la vida: Transformarse o morir, evolucionar o perecer. El judío, ayer como hoy,
predica un estado humano final en el que la inteligencia y la mente se plantan
y se le niega al Hombre cualquier participación en la Vida Divina, excepto la
de vivir cuerpo a tierra como si se estuviera delante de un criminal llamado
Dios. La materialización perfecta de ese judaísmo es el islamismo. Los judíos,
obligados a vivir entre las naciones tuvieron que adaptarse contra su propia
ley de raza, que predica el inmovilismo y el mamutismo social. Los musulmanes,
teniendo su propia tierra, pudieron materializar esa sociedad sin futuro de la
que fueron sacados por la dinamicidad natural del cristianismo. La pregunta por
tanto no es gratuita: si el incircunciso guarda los preceptos de la Ley ¿no
será tenido por circuncidado?
Por tanto, el incircunciso natural que cumple la Ley
te juzgará a tí, que, a pesar de tener la letra y la circuncisión, traspasas la
Ley
Y la respuesta no menos exacta y justa. Respuesta que
se encuadra en la palabra de Jesucristo refiriéndose al castigo de las ciudades
de su tiempo y Sodoma y Gomorra. Y en las del propio Moisés cuando dijo que al
principio Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Si lo creó la potencia
de ser se había hecho acto, de manera que aunque cayera, como cayó, la impronta
de aquella Imagen permanecería viva y se convertiría en la fuente de donde
procede la razón natural desde la que el gentil, sin conocer a Moisés, era para
sí mismo Decálogo, pues el decálogo devino Ley de Naturaleza. E igualmente, lo
que se aplica al judío se aplica al cristiano. San Pablo, sirviéndose de los
sucesos hace lección y mediante el ejemplo predica sabiduría. Si eso le pasó al
judío por convertir el prepucio en signo de salvación y no la Ley, ¿qué le ha
de pasar a quien convierte la Fe en signo de salvación y le niega su obediencia
a la Ley de la libertad de Cristo? Si el fruto de la Ley es una Sociedad justa
y buena a causa de las obras de los creyentes, el de la Fe es esa misma meta y
fin. El prepucio y las obras de la Ley es lo que hace al judío; la Fe y las
obras de la Ley es lo que hace al cristiano. Jesús no vino a abolir la Ley,
sino a perfeccionarla engendrando en el hombre el espíritu divino sin el que la
Ley no puede ser cumplida. Renunciar a este cumplimiento y tirar la toalla
agarrándose “al prepucio solo” es lo que hizo el judío al determinar su
relación con su Dios mediante la ley del prepucio, ofreciéndole a Dios por
única adoración un trozo de pellejo que se tira a los perros. Es lo que hizo
Lutero con la Fe al determinadar al cristiano no por los frutos de Cristo en el
Hombre sino por “el prepucio de la fe sola”.
Porque no es judío el que lo es en lo exterior, ni es
circuncisión la circuncisión exterior de la carne
La doctrina divina de los apóstoles, representados en
este momento por San Pablo, no admitía dudas ni admite desviaciones en razón de
los tiempos. El Hombre que Dios creó a su imagen y semejanza es una realidad
interior. ¿O acaso puede la materia engendrar a Dios? Pero si todo lo que
diferencia al Hombre de las bestias es un trozo de piel arrancado de su cuerpo
¿por qué respondió Dios a su Caída acorde a la reacción que se merece un
semejante? (Va por los judíos de origen cristiano a fin de que no miren atrás y
conviertan la fe en prepucio). La Ley es la misma para cristianos y judíos: No
matarás, no adulterarás...etcétera... Y por esa misma Ley tan antijudío es
quien pisa la Ley y se agarra al prepucio para revocar el Juicio de Dios contra
los transgresores a su Justicia, como anticristiano es quien convierte la fe en
fuego contra la sentencia del Tribunal Divino sobre quien hace lo que la Ley
ordena no hacer, ¡cometer pecado! Desde esta Doctrina Evangélica mal consejero
fue el Lutero que le predicara a sus fieles -si eran de Lutero no eran de
Cristo- pecar a destajo: “porque todos los pecados los lava la sangre preciosa de
Cristo”, es decir, la fe. Veremos que semejante sabiduría no podía venir de
Dios. Dios no puede legislar y al mismo tiempo decretar la inmunidad para todos
los transgresores en razón de ser cristianos.
Sino que es judío el que lo es en lo interior, y es
circuncisión la del corazón, según el espíritu, no según la letra. La alabanza
de éste no es de los hombres, sino de Dios
...En efecto, ¿no
proceden del corazón todas las cosas? ¿Quién será más perfecto: el que pone su
corazón en las manos de Dios o el que en las manos de Dios pone un trozo de
pellejo? ¿Entonces el judío que asesina es menos criminal que el palestino que
mata? ¿Y el cristiano que destroza es menos asesino que el ateo que destruye?
¿Cuántas justicias y varas tiene Dios? ¿Una para todos, judíos y cristianos, o
una ley según quien se acerque a su Tribunal? ¿Por cuántos dracmas se dejará
sobornar Dios? ¿Cuánto quiere por hacerle la vista gorda al que -en palabras de
Lutero- viola a su propia Madre? Le entregaron los judíos de los días de San
Pablo a Nerón los cristianos como chivo expiatorio ¿y son santos? Los alemanes
hicieron lo mismo con ellos ¿y son demonios? Que “el prepucio solo” es
desprecio de la Ley, y “la fe sola” desprecio de Dios se está viendo y se verá
en los capítulos que siguen.
|
|