El Evangelio de San Pablo

La justificación, prenda de la salvación eterna

...Por lo que estamos viendo el sentido de esta Carta tiene que ver con el problema histórico vivo que en aquéllos días estaba arrasando la conciencia de una gran parte de la comunidad cristiana naciente. En el 49 los Apóstoles en pleno levantaron la frontera entre el judaísmo que juzgara a Cristo y lo condenara a muerte y el cristianismo surgido de su tumba y nacido con la Resurrección de Jesús. Grosso modo el tema tenía que ver con la convivencia entre la Fe de Cristo y la Ley de Moisés. Los Apóstoles, de cuya doctrina se hace eco San Pablo en esta Carta, dieron un NO sin concesiones a semejante convivencia. ¿Es lógico que los hermanos del asesinado convivan con los asesinos del hermano que les mataron? El miedo de la fe a caer bajo la maldición de la Ley trajo a flote la posibilidad de esa convivencia en razón del parentesco sanguíneo entre los primeros cristianos y los antiguos judíos. Los Apóstoles se levantaron para decir que No, pues la misma Ley que había asesinado en la carne a Cristo acabaría asesinándole en espíritu. Y ese No afirmado en el Concilio del 49 quedó sellado para siempre. Sello que ha permanecido hasta hoy y seguirá permaneciendo eternamente. Pero, el Concilio fue una reunión secreta de particulares y su decisión había de expandirse por toda la comunidad cristiana del imperio. Así que sería poco convincente de nuestra parte creer que adopada la decisión su voz se expandió a la velocidad de la luz por todo el Mediterráneo, y... sin vencer la consiguiente oposición sencillamente acabaría con el Judeocristianismo, sin más. Será para vencer esta oposición que San Pablo, con los vientos de la Gran Persecución Imperial Neroniana amenazando tormenta, le escribiría esta Carta a los Romanos reafirmando el No al Judeocristianismo adoptado en el Concilio del 49. Cuando habla de la Ley se refiere a la de Moisés y cuando habla de obras de la Ley, mismamente.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por mediación de nuestro Señor Jesucristo

...Efectivamente, realizada la Redención de la que procede el perdón de todos los pecados cometidos por nuestro mundo bajo el yugo de la Ignorancia, Dios levantó la bandera de su Paz sobre todas las naciones de la Tierra, llamando a todos los pueblos del Género Humano a vivir a la luz de la Justicia del Reino de su Amor, Amor personificado en su Hijo, quien, teniendo Misericorida de todos nosotros, se ofreció a sí mismo como Mediador entre Dios y nosotros para por el Amor obtenernos la Gracia del Perdón que precede a la Paz y la Gloria de la Libertad de los hijos de Dios que procede de la Fe. En nadie más tiene el Hombre esta Libertad y esa Paz, sino en El, Jesucristo.

por quien en virtud de la fe hemos obtenido también el acceso a esta gracia en que nos mantenemos y nos gloriamos, en la esperanza y la gloria de Dios.

...¿Dónde está la gloria de Dios sino en el Amor de sus hijos, y cuál es su Esperanza sino que el Hombre lo llame Padre? ¿Y la esperanza de un padre no es que sus hijos convivan por siempre a su lado en el Amor por el que los engendrara a la vida? Siendo Padre ¿qué otra Esperanza puede tener Dios sino que el Género Humano, su Criatura, regrese a su Casa y la Plenitud de sus naciones vivan en su Reino sempiterno? Que Dios tenga esta Esperanza y por ella nos diera como Mediador a su Hijo, a sabiendas que le pagarían su servicio con la Cruz, ¿no es nuestra gloria, lo mismo para los primeros cristianos que para los últimos? ¿O acaso Dios cambia de corazón y de mente con la facilifad que cambia de piel la Serpiente?

Y no sólo eso, sino que nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce la paciencia: la paciencia, una virtud probada, y la virtud probada, la esperanza.

...Del terreno de la mirada en Dios pasamos al de la mirada al Hombre, en este caso, la de los primeros cristianos. San Pablo se abre el pecho y pone sobre la mesa la naturaleza de la Esperanza de Salvación Universal por la que estaban luchando y por la que estaban dispuestos a sufrir y sufrían las persecuciones. Dios no ofreció su Cordero por los pecados de un grupo de elegidos. El Sacrificio Expiatorio realizado en Cristo extendió su Gracia sobre todos los pueblos de la Tierra. Y fundada la conducta del hombre en la ignorancia, y localizado su origen en el pecado de un solo hombre, Cristo elevó en su Resurrección al Cielo una Petición de Misericordia que incluía entre sus términos a todos los hombres, tanto a los que habían muerto como a los que habían de nacer. Porque tanto los que murieron en el tiempo antes del Nacimiento como quienes nacieron en el espacio después de la Resurrección pero sin Noticias de Cristo, todos pecaron bajo la misma ley. De manera que por esa ley todos quedaban comprendidos bajo la bandera de una Esperanza de Salvación que, por el tiempo y el espacio, no conocieron. Victoria que, al no depender de ellos, pues estaban unos muertos y otros por nacer, quedaba en las manos de aquéllos cuyas obras, realizadas en Dios, por las obras de la Fe edificaban el Argumento de la Defensa... con las Obras de la Fe.

Y la esperaza no quedará confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

...El amor, pues, de un Dios Maravilloso es el que se derrama en su Creación para vestirla de Vida eterna. Obra que fue destruida y enterrada bajo las aguas de aquel Diluvio Universal por el Eje del Dragón, cuya cabeza, la Serpiente Antigua, se alzó en Rebelión contra el Espíritu Santo. Dios, para que juzgásemos por nosotros mismos contra qué se alzó en guerra la Bestia, cumpliendo su juramento de Venganza pr un sitio y de Promesa de Salud eterna, por el otro, nos hizo jueces del Diablo al amar lo que el Infierno odia y odiar lo que la Muerte ama.

Porque cuando todavía éramos débiles, Cristo, a su tiempo, murió por los impíos.

......en la esperanza de hallar en nosotros, una vez justificados y congraciados, el Juicio dictado por Dios contra Su enemigo y el nuestro. Victoria conseguida en primera instancia en sus Apóstoles y Discípulos, quienes por su destierro de la ignorancia y entrada en el reino de la Sabiduría conocieron la naturaleza de ese Espíritu y, mediante las obras nacidas de la fe, manifestadas en la paciencia frente a las tribulaciones, por las que le daban a la Esperanza peso, condenando al Maligno en la Imitación del Ejemplo de su Maestro demostraron en nombre de la Humanidad que la esperanza por la que murió Cristo estaba llena de vida y salud, y, cual hasta un ciego puede verlo, no quedaría defraudada en absoluto.

En verdad apenas habrá quien muera por un justo; sin embargo, pudiera ser que muriera alguno por uno bueno;

...Hablando siempre en relación a la Salvación. Porque el Justo lo es porque no está sujeto a Ira y Condena, de manera que por él no cabe sacrificio. Sobre uno bueno pero que vive en la ignorancia y por esa ignorancia su bondad se pierde no dando más frutos, sí. Es Dios mismo quien hablando sobre los días de Cristo declara estar todos corrompidos, ser todos unos impíos, como vimos antes. Mas contra los delitos de nuestros padres no lanzó su Condena sino su Gracia, demostrando El en el Sacrificio Expiatorio de los pecados del Mundo que la Ignorancia era la madre de esos delitos. Y si el sacrificio no fue hecho por Juan ni Juanito sino por todos los pecados del mundo la Expiación descubre ser obra de la Ley, de manera que sin las obras no hubiera podido haber Redención. Y el propio Abraham, como hemos visto, fue justificado por las obras y sin esas obras su fe no se hubiera hecho perfecta ni sin esas obras hubiera ganado para todas las familias del mundo la Bendición Universal que nos ganaron sus obras. Y el propio Cristo fue todo Obras, hasta el punto de declarar: "Si no creeis en mi palabra creed al menos por las obras". De donde se ve que la fe que procede de las obras genera fe en quienes no la tienen. Porque si le fe sola, en tanto que conocimiento, basta para la salvación, el sacrificio de los primeros cristianos y las tribulaciones padecidas por los Discípulos fueron actos innecesarios y, de serlo, declararían a Dios culpable de delito al ser omnipotente y no haber actuado en defensa de sus hijos para salvarlos a todos de la muerte. Había Necesidad de la Muerte de Cristo, mas una vez realizado el Sacrificio por la redención de todos los pecados del mundo, no había necesidad de ninguna muerte más...a no ser...que la Victoria de la fe le abriera el campo a la Esperanza de Salvación Universal mirando a la cual la Cruz devino Necesidad.

pero Dios probó su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, murió Cristo por nosotros.

...De donde se ve que el fin de la Obra del Diablo era engendrar en Dios un odio hacia el ser humano, en razón de sus delitos, a tenor de cuya violencia Dios se olvidase de su Justicia y abandonase al Hombre a su suerte. Cuatro milenios tuvo el Maligno y su gente para cultivar el odio de Dios hacia el Hombre. La conducta del género humano durante esos 4 Milenios está recogida en los anales de las historias de los pueblos del mundo. Es cierto que el fruto de esas obras era generar el odio y en otras circunstancias ese odio se hubiera hecho un árbol de ira interminable contra el hombre y su mundo. Sin embargo el Corazón de Dios se mantuvo inaccesible al odio. Las causas las conocemos. Pero aquélla de entre esas causas que derretiría el corazón de sus hijos sería la Esperanza de Salvación Universal que en el centro de su Corazón había hallado Santuario Perpetuo. Por ella su Hijo dobló sus rodillas y adoró a Dios, y sus hermanos en el Espíritu Santo se enfrentaron a la muerte adorando al ese Dios Maravilloso que su Hijo les había descubierto en el Padre.

con mayor razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por El salvos de la ira;

...Desterrados de la Ignorancia y devenidos ciudadanos del Reino de la Sabiduría en virtud del Sacrificio Consumado, la Ira Divina contra los delitos cometidos con pleno conocimiento de causa, y por ese mismo conocimiento no cometidos, hace Justo a todos los que desterrados, certifican ese destierro mediante la conducta de quien es Ciudadano del Reino de Dios. El Conocimiento, por consiguiente, no define sino la calidad del delito. Porque habiendo conocimiento ya no hay ignorancia, de manera que quien conoce no puede sujetarse a ley expiatoria de ningún tipo. Las obras son lo que definen la naturaleza de Cristo y del Diabo, pues por las obras conocimos a Cristo y por las obras descubrimos al Diablo. Ahora bien, quien cree pero no obra sino que se limita a creer, supera a ambos en que vive la existencia de quien muriendo no puede hacer ni bien ni mal y por tanto no puede ser juzgado por sus obras. !Un listo!.

porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, reconciliados ya, seremos salvos en su vida.

...O sea, en la vida de Cristo. Ahora, si Cristo no hizo nada y se limitó a conocer a Dios y creer que le bastaba este conocimiento para ser declarado Justo... en este caso los Apóstoles fueron todos unos asesinos, porque, satisfecha la Necesidad, la fe sola sin las obras de Cristo les hubiera bastado para crecer y expandirse sin provocar, por causa de las obras de Cristo hechas en ellos, aquel terrible conflicto en el origen de las Grandes Persecuciones. Me explico, únicamente un demonio vería algún sentido en el argumento de la FE SIN LAS OBRAS de Cristo.

Y no sólo reconciliados, sino que nos gloriamos en Dos por nuestro Señor Jesucristo, por quien recibimos ahora la reconciliación.

...La Verdad resalta sola y no necesita de las obras ni de la fe de nadie para ser gloriosa, eterna y perfecta. Imposible de ser alcanzada en su Plenitud con las fuerzas solas del hombre, tal cual se demuesdtra en la lógica original de la Filosofía, quiso Dios en su Maravillosa Paternidad que se hiciese Carne en su Plenitud para en la Persona de su Hijo no sólo lea viéramos la espalda sino también el rostro y la tocásemos con nuestros sentidos, pasra con el poder d elos sentidos admirar su belleza, su fortaleza, su salud y su gracia. Inútil criticar el Amor del Hijo por su Padre, y del Padre por el Hijo. Nosotros mismos, a quienes nos ha sido descubierta la Maravillosa Esencia del Espíritu de Dios, somos los que repetimos con el autor de estas palabras eternas: Nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo. Pero si alguno no es aún capaz de entender esta gloria ...

..La obra de Adán y la de Jesucristo

Posiblemente este sea uno de los capítulos más crípticos de toda la Carta. Sus declaraciones son de una profundidad tan intensa y sus conclusiones de una vastedad tan enorme. Por regla general se tiende a pasarlo por alto. No se procede a una inmersión y despliegue. Su profundidad y vastedad son de una riqueza tan brillantes que su resplandor previene y genera el respeto a semejantes aguas. Los judíos no han querido jamás posar sus ojos y abrir sus oídos a este capítulo de la Carta por razones evidentes. Es su padre original, Adán, quien es declarado culpable de la situación del mundo durante los últimos seis milenios. Ellos que se vanaglorían de tener por padre a Abraham se blindan a sí mismos frente al hecho de tener por padre original, y padre de ese mismo Abraham, al hombre cuyo delito arrastró a la Humanidad al infierno. Su blindaje es un escudo propio de locos. Dicen que cuando Adán es declarado el Primer Hombre esto se interpreta diciendo que aquél hombre es el padre carnal lo mismo del hombre de piel negra que del piel blanca, lo mismo es padre del hombre de piel roja que del piel amarilla, y, no faltaba más, del hombre de piel oliva. Sobra cualquier tipo de discusión con el loco que contra ciencia, sabiduría y razón alza su guerra santa particular a favor de semejante declaración solemne de locura. Es cierto, digámoslo todo, que dos milenios atrás el conocimiento de la civilización no había dado el salto revolucionario que nos aleja de su sistema de visión de la realidad. Juzgar a aquellas generaciones desde este lado del abismo es un ejercicio que no nos compete. Sí, en cambio, ver que lo que ayer era una alternativa cuerda, hoy es discurso de locura. Cualquiera que mantenga el origen carnal de todas las razas humanas en los muslos del hombre declarado culpable de la tragedia de la Humanidad en esta Carta, cualquiera que pretenda seguir emparentando carnalmente a todos los pueblos en las carnes de Adán comete un ejercicio de demencia. Desgraciadamente aún hay entre los judíos quienes siguen manteniendo semejante visión del Pasado de la Humanidad a fin de no aceptar las consecuencias de la Biblia.

...Desde el lado cristiano el dilema que suscita este capítulo es gordiano. ¿Porque bajo qué contexto puede ser justificado el juicio de condenación contra una multitud sin número de inocentes a cargo del delito cometido por un único hombre? ¿Acaso perdió Dios el juicio al condenar por la desobediencia de un sólo individuo a la Humanidad entera? ¿Dónde está el demente asesino que por la falta de un individuo jura destruir toda su nación y su mundo? ¿Es de justicia que por el delito de un individuo, no habiendo tenido parte su familia en su delito sea declarada culpable y sentenciada a muerte? Lo que nos parece demencial y propio de una justicia terrorista e infernal nos es ofrecido en esta Carta como un manjar divino, tanto más hermoso cuanto que otorga a quien lo come la vida eterna. Es comprensible, pues, que el cristianismo haya pasado de largo por este capítulo. El temor a ahogarse en sus profundidades y perderse en su vastedad ha sido de siempre más grande que el deseo de descubrir en la Naturaleza Humana la Imagen Divina acorde a cuyo Modelo fue su Ser concebido, tejido y articulado para gloria de su Creador y admiración de la Creación entera.

Así pues, como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos habían pecado.

...Hemos saltado dentro y nos disponemos a llegar al fondo de la cuestión. Adán vivió unos 4.000 y pico años antes de Cristo, en Mesopotamia, según el cómputo biblico. La Ciencia, sin fe, ha situado el origen de la Civilización en esa franja de tiempo, justo en el mismo espacio donde dice la Biblia una vez existió el Edén. La Ciencia tiene su propio modelo de evolución histórica y afirma que antes de la Caída los humanos ya se comían vivos, celebraban festines con suculentos niños asaditos, empalados a fuego lento, a la parrilla. La Biblia dice que no, que este tipo de cosas era imposible. Afirma que este tipo de cosas comenzó a darse entre los pueblos justo después de la Caída como consecuencia de la Caída. Y declara que este tipo de cosas fue costumbre entre los pueblos de la Tierra por culpa de un hombre en concreto. Antes de este hombre la Humanidad no conocía la ciencia del bien y del mal. Es decir, no conocía el concepto de propiedad privada, capital, guerra, y no estaba sacudida por enfermedades. Las familias humanas vivían sin trabajar, cultivando la tierra y alimentándose libremente de la abundancia de árboles frutales. Todo era de todos y el Templo tenía por misión distribuir gratuitamente el fruto de las cosechas acorde a las necesidades de cada familia. De repente, una buena mañana se levantaron todos para desear no haberse despertado jamás. ¿Cuál fue aquel sueño perdido que al despertar se transformó en una pesadilla? Es importante correr este velo o de otro modo jamás entraremos en la mente de aquellos hombres. En otros tiempos este acceso fue imposible y de no estar viviendo en éstos seguiría permaneciendo vedada sus visiones a nuestra mirada. Desde nuestra posición privilegiada y saturados del conocimiento de la ciencia del bien y del mal nosotros podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el origen de todos los males del mundo estaba dentro de aquella Caja de Pandora en forma de fruta colgando de un árbol. Aquél era el Arbol de la Muerte y su fruto era la Guerra. En consecuencia la visión de futuro que aquella primera civilización tuvo se rigió por una ley de vida y sabiduría desde la que soñó extender su mundo en las alas del Conocimiento y la Paz. El Pecado terrible de Adán, su delito, fue acelerar el proceso y usar la Guerra como medio de Civilización. Es decir, querer imponer por la fuerza su Mundo a los pueblos que aún seguían disfrutando del aquel edénico Neolítico fue el paso, involuntario porque no sabía lo que hacía, que una vez dado levantó entre El y su Dios el Muro de la Enemistad. Y muy bien, todo perfecto, ¿pero por qué Dios no se limitó a quitarle el poder a aquel príncipe de aquella Unión Mesopotámica y entregarle la dirección del Proyecto Civilizador de la Humanidad a un conciudadano suyo? Los judíos no quisieron entrar en este tema jamás porque para ellos Adán era el único hombre por aquel entonces. La Arqueología ya ha demostrado que antes de su nacimiento su tierra estaba habitada por ciudades estados. De manera que unificando las dos verdades es donde se halla la perla de la realidad envuelta. Adán, en efecto, fue hijo de una civilización naciente con vocación de futuro universal cuyo movimiento en el espacio se estuvo realizando al ritmo de las alas de la libertad y la ciencia, los dos brazos de la Sabiduría que desde el principio guiara la evolución creadora de la vida en la Tierra desde el barro a la condición humana. Sin este escenario cualquier intento de comprender el origen de la tragedia de la Humanidad cae en esa selva donde el hombre no es más que una bestia comiéndose a sus propios hijos.

Porque antes de la Ley había ya pecado en el mundo, pero el pecado no es imputable si no existe la Ley.

...Aquella perversión del medio a emplear para seguir adelante sin Dios el Proyecto de Formación del Género Humano fue el detonante de la pérdida de un sueño, el primero y más hermoso que vivó en sus carnes la Humanidad. El error de Adán se extendió por todas las ciudades de su mundo. Los Caínes se multiplicaron en una reacción en cadena que regó de sangre aquél paraíso creado por la unión de familias y razas venidas de todos los puntos de Europa, Asia y Africa. Desconocedores de la ciencia del bien y del mal, ignorantes sobre la avalancha de pasiones que la fuerza como medio de expansión lleva consigo, Abel fue el primero de sus semejantes sobre cuyos cadáveres comenzara su andadura la lucha por el Dominio de las Cuatro Regiones. Tal como se dice en esta Carta aquellos hombres no vivían bajo ninguna Ley. Se unieron espontáneamente, libres y pacíficamente comenzaron a crear sus ciudades. El amor a la vida era la ley sagrada inscrita en sus genes, no escrita en códigos, bajo su estrella sus familias se fundían en una familia universal más grande cada día. Todos eran hijos de todos y todos eran padres de todos. Era su mundo. La tierra explotaba de frutos y cereales, hortalizas, agua, la primavera regaba sus campos, el sol maduraba sus frutos y cosechas, el otoño a disfrutar, el invierno a hacer el amor alrededor del fuego de la felicidad. No tenían ejércitos ni concebían el uso de sus instrumentos de trabajo al servicio de la destrucción. Es así que la Biblia dice que estaban desnudos. Tanto que le bastaba a Caín una simple quijada de asno para matar a Abel. Ciertamente y puesto que Dios no había legislado hechos que no cabían en la naturaleza humana, no habiendo Ley, aunque no por no haberla dejase de ser menos delito el fratricidio cainesco, no existiendo Ley no puede ser llevado ante un tribunal quien no está sujeto a legislación. Lo cual quiere decir que la necesidad de la Ley devino inevitable a fin de que el hombre reconociera la naturaleza de sus actos y su conciencia albergara en su código interno el concepto de culpabilidad. Vemos en la respuesta de Caín a Dios que el fratricida no deja traslucir sentido de culpabilidad de ninguna clase. Quería el Poder, su hermano se interponía entre él y su deseo de conquistar el mundo, y lo eliminó en bien de toda la Humanidad. Sencillo, simple. Con la misma naturalidad quienes hacía un día se dedicaban a dejar en las manos de Dios el ritmo de crecimiento de la Civilización un día después alzaban sus brazos para reclamar para sí ese Poder sobre los cadáveres de todos los que se negaron a secundar sus delirios.

...Un nuevo nudo sobresale aquí: ¿Cómo pudo producirse un cambio tan brusco en la personalidad de Caín de la noche a la mañana? El Apóstol dice: por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Y nosotros nos preguntamos: ¿Acaso aquellos hombres habían conseguido la Inmortalidad? ¿O será que hablando de la muerte el Apóstol entiende algo más que un simple dejar de respirar? Tengamos en cuenta que el primero en escandalizarse y sufrir el efecto devastador de la Caída no fue Abel, ni el propio Adán, el primero fue el mismísimo Dios. Fue Dios quien sintió la Desobediencia de su hijo pequeño, nuestro Adán, quien sufrió la lanza entrarle por el costado y atravesarle el corazón. En suma es lo que en sus carnes nos recordó su Hijo Mayor, nuestro Jesús, dejándose clavar la lanza hasta lo más hondo de su ser. Porque de lo contrario, de no haber sido así, tendríamos que coincidir con quienes afirman con los judíos, aunque se dicen cristianos, que Dios hace lo que quiere y a unos predestina para la gloria y a otros para el infierno, y bueno, a Adán lo predestinó para el infierno, y al resto para seguirlo en su Caída, entre los que eligió para sí unos cuantos, judíos y cristianos, para la vida eterna. En definitiva, Dios sería un monstruo, un terrorista elevado a la categoría máxima, infinita. Si a los judíos del antiguo orden mundial y a los protestantes de cuño calvinista semejante Dios es el que es, se entiende que vivan la locura de su predestinación como causada por el pecado de un hombre, padre de blancos y negros, amarillos, rojos y olivas. Hemos llegado al punto en que no podemos comprender la Biblia sin la ciencia, ni la Ciencia puede comprender la Historia sin la Biblia.

Pero la muerte reinó desde Adán hasta Moisés aún sobre aquellos que no habían pecado, a semejanza de la transgresión de Adán, que es el tipo del que había de venir.

...Fue el de Dios, pues, el pecho buscado por la lanza de la traición. El Hombre no fue más que la lanza, un instrumento al servicio de una causa que superaba al propio hombre y lo esclavizaba a sus intereses antidivinos. Pero más allá de la clásica Batalla entre el Diablo y Cristo tenemos que ver la Desobediencia de Adán como trompeta de declaración de guerra apocalíptica. Si Adán era la lanza, y el cuerno era Satán, quien soplaba era la Muerte. En la Tercera Parte de la Historia Divina os introduje a las Memorias de la Increación. Resumiendo podemos decir que la Vida y la Muerte son realidades que existieron en el cuerpo de la Increación sin causar en su curso ningún desequilibrio antinatural. Este desequilibrio comenzó cuando Dios provocó una revolución cósmica que implicaba el destierro de la Muerte del cuerpo de la Realidad Universal Increada. Pero Dios no fue consciente de esta implicación durante todo el Camino de la Increación a la Creación. Para El el reto estuvo en coger en sus Manos el origen de la Vida y conducir su evolución desde el barro a la vida a su imagen y semejanza. La Muerte en cuanto entidad increada e indestructible por tanto no entró dentro de su campo de visión sino el Día que cayó Adán. La muerte de su hijo pequeño le abrió los ojos al verdadero enemigo de su Creación. Y era lógico. Para Dios era imposible entender que una simple criatura de barro, formada con sus propias manos, que El podía barrer de la escena con un simple soplo, se atreviera a declararle la guerra. La Creación implicaba el fin de la Muerte como parte natural del proceso de la evolución de la vida, parte que le fue natural a la Muerte desde el Principio sin principio de la Increación. Y era natural que en cuanto Fuerza Ontológica Increada buscara, pues que no podía destruir a Dios, obligar a Dios a integrar en su Idea de la Creación su existencia. Ciertamente Dios hubiera podido haber bajado la cabeza en señal de derrota y reajustado su Idea para integrar la Vida y la Muerte en el cuerpo de la Creación, actuando El como un Dios de dioses sin ley que actúa en el mundo para salvar a quien quiere y abandonar a su suerte al resto. Pero...

Mas no es el don como fue la transgresión. Pues si por la transgresión de uno mueren muchos, cuanto más la gracia de Dios y el don gratuito conferidos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, ha abundado en beneficio de muchos.

...La Batalla Final había comenzado. Ni Adán ni Satán. La Guerra era entre el Cielo y el Infierno. Adán había sido un peón en la guerra particular de Satán y los suyos, y éstos un peón en las manos de la Muerte. La Vida puso su Visión en los ojos de Dios, y también la Muerte puso la suya, el Infierno. Dios amó el Cielo, la visión con la que la Vida lo sedujo, y aborreció la Idea del Futuro con el que la Muerte lo tentara. De ahora en adelante, una vez que había visto la Muerte en su verdadera naturaleza ontológica increada, la cuestión se centraba en la muerte de la Muerte, por emplear una expresión chocante. De un sitio. Del otro, abrirle los ojos a su Hijo y a toda su Casa sobre el por qué de su No al Infierno de la transformación de su Creación en un Olimpo de dioses sin ley, sujetos exclusivamente a un Dios de dioses, padre de todos ellos que los rige de acuerdo a esa paternidad y no en razón de una Justicia superior a todos los seres. Dicho No Divino sería contemplado en vivo en las carnes de la Humanidad. Una vez y para siempre. Jamás volvería a tener lugar otra Batalla semejante. Así como fue crucificado Cristo una vez y jamás volverá a serlo.

Y no fue el don como la transgresión de un solo pecador, pues el juicio proveniente de uno solo llevó a la condenación, mas el otro, después de muchas transgresiones, acabó en la justificación.

...Efectivamente, si la desobediencia de Adán no hubiese implicado a la realidad cósmica en su totalidad Dios hubiera podido traspasar la Corona reservada a él y haber seguido su Proyecto de Formación del Género Humano a la imagen y semejanza de los reinos que componían su Imperio. Implicada esa totalidad, el futuro de la Creación entera pendiente del hilo de la Respuesta de Dios a la declaración de guerra contra su Espíritu Santo, sobre cuya Piedra se basa toda su Mundo, ese acto tan sencillo de quita y pon rey fue aparcado. Contradiciéndose a sí mismo delante de toda su creación, sujeta a la ley de la culpabilidad centrada en el individuo, Dios extendió la condena contra el pecado de uno a todos sus hijos. Y pues que el mundo que nacía de su delito sería el que sobreviviría a la destrucción de su mundo, toda la Humanidad fue condenada por el pecado de un hombre, sin pecar a la manera de ese hombre. Pues para ese hombre sí constaba ley, pero a ningún otro le dijo Dios: Si comes, morirás. Y sin embargo, siendo el rey, y por tanto la cabeza del mundo, ¿si cae la cabeza no cae todo su cuerpo? Es de esta manera que Adán era el tipo del que había de venir, y se nos hace ver mediante lo que vemos lo que no vimos.

Pues como por la transgresión de uno, esto es, por obra de uno solo reinó la muerte, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia reinarán en la vida por medio de uno solo, Jesucristo.

...Y aquí llega todo el meollo de la Salvación Universal de la Humanidad. Sacrificada a la Necesidad, Dios, en su Justicia Maravillosa, no podía permitir que satisfecha la Necesidad la Humanidad se quedase sin una Puertra Abierta hacia su Paraíso, con tanta más gratuidad el acceso cuanto más duro ha sido su camino. Dios no podía dejar para el futuro la Necesidad que tenía toda su casa de ver con sus ojos el por qué de su No al Infierno. Tampoco. La Creación entera estaba en juego. Ni podía Dios en su Amor traspuesto fortalecer en su Corazón la Esperanza Universal de Salvación a manifestarse al final de los tiempos, y apuntalada sobre Roca en la Cruz de Cristo. De manera que si por la Necesidad la Muerte imperó desde Adán hasta Cristo, su imperio comenzó a perder límites y fronteras según fueron las naciones viniendo al Cristianismo. Y aunque el posicionamiento de la Ciencia implicó un contraataque masivo de la Muerte, cuyo Infierno hizo del siglo XX su madera, la Esperanza de Salvación Universal se ha mantenido fuerte y golpea alegre el corazón de la Creación entera al alba de este Nuevo Milenio y Era.

Por consiguiente como por la transgresión de uno solo llegó la condenación a todos, así también por la justicia de uno solo llega a todos la justificación de la vida.

...Y cómo podía ser de otra forma. Fuimos transformados en actores inconscientes de una Clase de Historia Universal. Había de llegar el Día y sonar la Hora de la Libertad. Ser dueños de nuestro propio destino, actores conscientes de nuestro propio futuro, libres de las cadenas de la ignorancia, hijos de Dios a imagen y semejanza del Hijo Unigénito, conocedores de todas las cosas, incluída la Ciencia del Bien y del Mal.

Pues como por la desobediencia de un solo hombre muchos se constituyeron en pecadores, así tambien por la obediencia de uno muchos se constituyeron en justos.

...La gloria es de nuestro Salvador, porque también El tuvo en sus manos la decisión cósmica que en su día tuvo su Padre, y, palo de tal astilla, prefirió la Vida a la Muerte, el Cielo al Infierno, y desde su Obediencia hizo sonar los clavos con un Sí a la Vida por todos los rincones de la Creación entera. Somos hijos de ese Grito de Guerra del Hijo de Dios. Lo que fue ya no importa, lo que somos es lo que cuenta, y lo que serán nuestros hijos todo lo que nos interesa.

Se introdujo la Ley para que abundase el pecado; pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, para que, como reinó el pecado por la muerte, así también reine la gracia por la justicia para la vida eterna por nuestro Señor Jesucristo.

...Vosotros mismos podeis ponerle la puntilla a este capítulo de la Carta.