El Evangelio de San Pablo

El cristiano, unido a Cristo

...Fue San Pedro quien hablando de San Pablo dejó clara la dificultad natural a la hora de la interpretación de la inteligencia sobrenatural de San Pablo. Nada anormal. El espíritu de profecía en el que participaron todos los Apóstoles se enriqueció con el espíritu de inteligencia que Dios derramara en el hasta hacía poco perseguidor de cristianos, desde el punto de nuestra justicia actual: autor de un severo crimen contra la humanidad. Es cierto que este delito permanece vivo en ciertos regímenes del planeta donde el hecho de ser cristiano es causa suficiente de persecución, cárcel y ejecución. Arabia Saudita, Sudán, China, en este terreno son la resistencia anticristiana más palpitante, acosando, destrozando, asesinando.

...En este capítulo concreto San Pablo tiene en mente la terrible persecución anticristiana que en breve Roma iba a desatar. La causa específica que le permitiría al Imperio violar su ley de libertad religiosa no podía San Pablodefinirla, pero que el Imperio estaba presto a golpear y dar un giro brusco en su política religiosa, que haría del cristianismo el enemigo público número uno de los Césares, esta visión le era tan cierta como que no podía especificar cuál sería el detonante de ese giro de tuerca.

...Desde el futuro es fácil ver las cosas. Todos sabemos que el Incendio de Roma fue el gatillo que soltó la bala. Qué parte tuvo en el bulo neroniano de haber sido los cristianos los autores el bulo judío esparcido en Jerusalén, la primavera del mismo año, de haber sido los cristianos los autores del Incendio de la Ciudad Santa, qué parte tuvo un Incendio con el otro es algo en lo que no entraremos pero que echando mano de la psicohistoria se puede enlazar y ver el Incendio de Roma como la lógica sucesión del Incendio de Jerusalén.

...Si con el primero los judíos y puesto que se vieron impotentes para asesinar el presente quisieron matar el futuro, alguien creyó poder hacerlo, matar el futuro del Cristianismo, aprovechando la locura de los Césares. No olvidemos que la comunidad judía en Roma había tenido una presencia tan alarmante como para empujar al Céar de turno a tomar la medida de librarse de su influencia mediante su destierro de la capital. Imposible no ver en el odio judío contra el cristianismo en la capital del Imperio el origen de los tumultos que diera lugar al decreto de destierro de los judíos de Roma, incluyendo el legislador en su ignorancia en el mismo saco a cristianos y judíos.

...Aquel decreto abrió la necesidad de un Concilio de los Apóstoles a fin de enfocar el futuro del reino de Dios en la Tierra desde el enfrentamiento a muerte que habría de sucederse a la vuelta de la esquina. En esta ocasión los acusadores habían sufrido ellos mismos el efecto de su maldad, pero en una próxima ocasión las consecuencias darían origen al anticristianismo imperial más virulento.

...Reunidos en el 49, para enfocar la resistencia y edificar la victoria final, del Primer Concilio Católico, Cristiano y Apostólico nació la estructura jerárquica universal con los Obispos como columnas de la Fortaleza Divina contra cuyos muros el Infierno lanzaría todas sus fuerzas.

...Cuando San Pablo escribe esta Carta el día del traspaso de poder de los judíos a los romanos estaba a punto de realizarse. Con este futuro y su tragedia inmensa pendiente en el aire, el Apóstol le escribe a los Romanos estos capítulos donde, hasta donde hemos visto, toda su preocupación se centraba en fortalecer la fe del pueblo destinado al matadero y encender el fuego de la esperanza con la promesa de vida eterna que les había hecho el propio Dios y Padre de Jesucristo.

...Aquéllos que en el futuro, llámense Lutero o cualquier otro nombre, manipularon el espíritu de esta Carta para apoyar sus versiones subjetivas sobre la Fe y su naturaleza, la Iglesia y su sobrenaturaleza, semejantes hombres cometieron una terrible equivocación, y quienes les dieron orejas un terrible error de inteligencia, demostrándose con el error y la equivocación en su base lo que dijera San Pedro hablando de San Pablo, que el espíritu de inteligencia de San Pablo procedía del mismo Dios y sin ese espíritu la dificultad de interpretación era invencible. Nosotros, como quien ha vencido lo imposible, nacidos para ser invencibles según la Promesa: "Tu descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos", repetimos las palabras del Apóstol:

¿Qué diremos, pues? ¿Permaneceremos en el pecado para que abunde la gracia?

...Y recordamos para verguenza y humillación de todos quienes faltos de sabiduría confesaron con su autor las siguientes palabras: “Sé pecador y peca fuertemente, pero confíate y gózate con mayor fuerza en Cristo, que es vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Mientras estemos aquí abajo, será necesario pecar; esta vida no es la morada de la justicia, pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habita la justicia”- Palabra de Lutero. ¿Qué decir? ¿Cómo excusar lo inexcusable? El hombre que niega a Pablo con semejante declaración para seguidores del infierno edifica su gloria sobre el propio Pablo mediante la manipulación diabólica de su Inteligencia. Es el propio San Pablo quien le responde a quien usó su gloria para edificar la suya propia. El que tenga orejas que escuche:

De ningún modo. Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo vivir todavía en él?

...Si el pecado es adulterar, robar, envidiar, condenar, hacer gala de falso juicio, adorar a dios o mortal... y por el pecado fue destruido Adán ¿bajo qué concepto o patrocinio excepto el del propio Diablo puede un hombre que a sí mismo se llama cristiano negar la Doctrina del Espíritu Santo y afirmar sobre la negación de la Sabiduría Divina la locura humana propia? ¿Acaso no murió una vez y para siempre Cristo por la remisión de todos los pecados cometidos antes del Bautismo? ¿Quién remitirá, pues, los pecados cometidos después del Bautismo? ¿No es esto convertir el cristianismo en el judaísmo contra el que se levantara Cristo por esta misma doctrina? Porque el judío pecaba y pecaba y pecaba pero le bastaba comprar un cordero, sacrificarlo y quedar absuelto. Lutero, infinitamente más listo, pecaba y pecaba y pecaba pero no tenía que pagar nada, porque la preciosa sangre de Cristo todos los pecados limpiaba. Hurra, ¡Heil Luther! No menos diabólica, digamos en descargo del pueblo alemán, era la doctrina del Vaticano de esos días, que vivía exactamente del pecado pero cobrando en metálico... sin necesidad del engorro de matar bichos. Era hasta cierto punto natural que el pueblo alemán y sus vecinos encontraran en la doctrina absolutoria del pecado, enemigo imposible de vencer, una teología infinitamente más graciosa, puesto que les procuraba el mismo fin sin tocarles la bolsa. Ahora bien, nada de esto tiene que ver con la Carta a unos Romanos a dos pasos de la Gran Persecución. Sacar de este contexto histórico y manipular el texto injertándolo en otro contexto, que es la acción ejecutada por Lutero al fundar su teología del pecado y la salvación sobre esta Carta, será la acusación contra la que tendrá que defender Lutero su alma en el día del Juicio Final. Nosotros sigamos adelante y confesemos con el Autor su declaración:

¿O ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados para participar en su muerte?

...Independientemente de la apología del Mandato: "Sed santos porque yo soy santo" que toma en sus manos San Pablo, apología eterna, independientemente del tiempo y del lugar, apología que reduce a miseria de una mente fracasada la confesión luterana arriba citada, porque arroja la toalla y se entrega al pecado que no puede vencer, así negando a Dios que ha puesto la santidad a nuestro alcance, dando por locura la Sabiduría Divina que pretende la santidad de quien ha de convivir con el pecado "mientras existan estos cielos y esta tierra", ¡amén!. Independientemente pues de la sobrenaturaleza heredada por el Cristiano, esa misma sobrenaturaleza que lo hace vencedor del pecado, sobrenaturaleza que a los Romanos les recuerda San Pablo como quien ha visto su propio martirio y para nada se acobarda ni huye ni se entrega a sabidurías justificadoras de lo que hubiera sido injustificable, su huida del testimonio Sagrado reservado a los Santos del Primer Siglo. Independientemente de esta apología San Pablo hace de ella Necesidad y les recuerda a los Romanos que si habían sido predestinados para morir la Muerte de Cristo también habían sido llamados a compartir su Gloria sempiterna. En efecto:

Con El hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como El resucitó de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.

...No hay mayor refutación de la confesión de renuncia a la victoria sobre el pecado declarada por Lutero que esta sencilla sentencia apostólica del santo de nuestra devoción. Y es que quien vive la Fe en el pecado por el que el hombre es desechado y llamado a Juicio no sólo aborrece a Cristo sino que si en vida no ha sabido seguir su ejemplo ¡cómo a la hora de la Verdad le seguirá hasta el Testimonio Supremo del Martirio!

Porque si hemos sido injertados en El por la semejanza de su muerte, también los seremos por la de su resurrección.

...En esta Esperanza Sagrada los Apóstoles vivieron y caminaron hacia el Matadero al frente de los Primeros Cristianos. De manera que todo hombre duerme, al morir, en espera de la Voz que levantará a los muertos a Día de Juicio, pero ellos alcanzaron la Gloria de su Maestro y según fueron siendo sacrificados para este mundo fueron naciendo para el Mundo del que bajó el Hijo, nuestro Rey sempiterno, Jesucristo.

Pues sabemos que nuestro hombre viejo ha sido crucificado para que fuera destruido el cuerpo del pecado y ya no sirvamos al pecado.

...Y de nuevo, de la Esperanza a la Fe. La Fe y el Pecado son el fuego y el hielo, Cristo y el Diablo. No hay ninguna posibilidad de convivencia entre la Luz y las Tinieblas. La doctrina luterana enmarcada arriba es una violación de la Doctrina Divina. Violación connatural al Papado y a los Patriarcados de su tiempo. No seamos indulgentes con unos por cierto delito y absolvamos por el mismo delito a otros. La Justicia Divina no hace acepción de personas. Tanto, que estando vigente la Ley de Moisés, habiendo nacido bajo su imperio, su propio Hijo hubo de sufrir su pecado contra la justicia de la Ley de Moisés, que condenaba al madero a todo hijo de hebreo que osare dar por anulado el Pacto del Sinaí y procediera a uno Nuevo. Es lo que hizo Jesús, hijo de David, hijo de Abraham, hijo de Adán.

En efecto, el que muere queda absuelto de su pecado.

...Pero muriendo para que se cumpliera la Ley la ejecución de Cristo fue el último acto de la Justicia nacida de aquel Pacto Antiguo. Su ejecución realizó el Sacrificio Expiatorio Universal por el que el Templo había sido erigido. Resultando de la Caída del Muro de la Enemistad entre Dios y la Plenitud de las Naciones el nacimiento de un Pacto Nuevo. Por este Pacto Nuevo todo hombre muere para volver a nacer a una nueva vida, creada a imagen y semejanza de Cristo. Por lo que dice en otro sitio el Apóstol "Cristo, que es nuestra vida". Siguiendo a su Maestro: "El reino de los cielos está en vosotros". De lo que se entiende que Cristo vive en nosotros, en quien tenemos nuestra vida. Y en cuyas manos se encuentra nuestra muerte. Y si la nuestra, ¡cuánto más la de aquéllos predestinados a compartir su Sacrificio! Guíados al matadero, todos corderos inocentes. Así que:

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos en El;

...Lo contrario, vivir en Cristo y vivir en el pecado es irracional, animal, propio de doctrinas incubadoras de monstruos. ¿O acaso, y aunque era hijo suyo Satán, según se lee en el libro de Job, Dios pudo admitir en su vida semejante petición de convivencia entre el Cielo y el Infierno? Nacidos de nuevo a la vida eterna en la esperanza de la Fe de Cristo Jesús, nuestro modelo sempiterno, el pecado y el miedo ya no tienen parte en el Cristiano. Por lo que sin miedo se atreve a decir San Pablo:

Pues sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere, la muerte no tiene ya dominio sobre El.

...Por lo tanto quien vive por la Fe y la Esperanza del que tiene en Cristo su vida ni puede admitir el pecado ni acobardarse ante el peligro de la Muerte. El Cristiano no muere, resucita a la manera que el propio Cristo a la vida de Dios.

Porque muriendo, murió al pecado una vez para siempre; pero viviendo, vive para Dios.

...Ahora bien, San Pablo vuelve al principio, "sed santos porque yo soy santo", que es el fin de la Fe y el Principio de la resurrección gloriosa de quienes habían de ser conducidos al matadero por el Imperio en breve tiempo. Recalcando siempre el punto de la doctrina apostólica universal en boca de todos los Discípulos de Jesús esparcidos por todas las tierras del Imperio, San Pablo proyecta su visión de la Gran Persecución que se avecinaba sobre la mente de los Romanos, prepara el espíritu de los hermanos de Roma para la Hora de la Verdad que se cernía sobre ellos. Nada les decía de nuevo que no supieran, el mensaje que entre sus líneas iba secretamente abrazado a sus corazones era el verdadero tesoro por el que esta Carta brillaría por lo siglos hasta el final de los tiempos

Así, pues, haced cuenta de que estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

...En fin , el que con Lutero quiera pecar que peque.

El servicio del pecado y el de Dios

...Parece evidente que quien predica una doctrina sea el primero en aplicarse el cuento y desde la felicidad producto de su práctica el fruto de su veracidad sea el alimento de aquéllos a quienes su doctrina es predicada. Lo contrario, creo, lo llaman hipocresía. Que los romanos de las generaciones futuras que le sucederían a la generación en mente del autor de esta Carta, y especialmente sus jefes espirituales, hicieran de la hipocresía el modus vivendi natural a la iglesia romana, verdad de la que dan cuenta siglos enteros de crímenes, robos, y perversión absoluta de la naturaleza del sacerdocio cristiano, esta verdad no debe cegarnos a la hora de ver con los ojos de la inteligencia la calidad cristiana de la generación romana a la que San Pablo le abrió su mente en esta Carta. Recordemos que críado en el judaísmo ortodoxo más fariseo el abismo revolucionario que el evangelio abrió entre judíos y cristianos, y entre cristianos y paganos, en nadie mejor que en un ex perseguidor de hijos de Dios podía encontrar su verdadera dimensión escatológica. Si para nosotros la definición de lo que la concupiscencia sea es un campo con límites imprecisos para un teólogo cristiano de origen judío esa definición no podía ser más precisa, exacta y definitiva. Establecido en los anteriores capítulos lo que el pecado es en este nuevo capítulo el autor da un paso hacia adelante y descubre la relación de esclavitud entre el pecado y el pecador, figurando el pecado como amo y el pecador como siervo. Si la libertad humana es un objetivo que le corresponde a la Sociedad, la libertad cristiana es una meta dejada en las manos del Individuo.

Que no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, obedeciendo a sus concupiscencias;

...Pero el pecado es, y siempre lo ha sido, un acto cometido en la ignorancia sobre el origen y el efecto final causado por su realización. Lo dijo Jesucristo en su Cruz, "perdónalos porque no saben lo que hacen". Y lo repitió el mismo San Pablo más tarde, diciendo: "Si hubieran conocido al Señor no lo hubieran crucificado". Desde las distancias infinitas que nos separan de aquéllos días nosotros estamos preparados para afirmar que el pecado es una ofensa voluntaria contra Dios. "Cometo adulterio no por el adulterio en sí, sino como forma simbólica de escupirle a Dios en la cara. Mato, no por matar, sino para mostrarle a Dios el aborrecimiento que siento por su persona y obra". Obviamente no podemos decir que el ser humano se haya encontrado hasta nuestros días en esta disposición cognoscitiva. Sí sabemos que la rebelión de los hijos de Dios procede desde esta voluntad libre que tiende a ofender a Dios mediante el aborrecimiento de su creación. La concupiscencia, en este orden, es el efecto sobre la naturaleza humana de milenios encadenados a un comportamiento demoníaco contra la voluntad del propio ser humano. Es un comportamiento que heredamos de nuestros padres, y contra el que nuestro deber es luchar desintegrando esa herencia en nuestra propia carne, de manera que seamos los últimos de la línea, y a partir de nosotros comience una descendencia libre de semejante legado antinatural. Desde la ciencia se llama comportamiento heredado.

ni deis vuestros miembros como armas de iniquidad al pecado, sino ofrecéos más bien a Dios como quienes, muertos, han vuelto a la vida, y dad vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

...El fin de este comportamiento antinatural heredado desde las circunstancias de esclavitud a que ha estado sujeta la Humanidad es la perpetuación de semejante leyenda no humana. Los siglos y los milenios operando sobre una misma línea genealógica imprimen una conducta interna que se sucede en el tiempo. Vemos en la humanidad actual en qué manera millones de criaturas cuyos árbol genealógico ha estado sujeto a religiones esclavistas aún cuando se les ofrece la libertad permanecen en esos estados paternos que desde la muerte los reducen a la condición de criaturas inmundas (casta de los Intocables en el Hinduísmo, por ejemplo). El culto a los muertos, sean patrios o ajenos, santos o simplemente considerados santos, es, desde esta realidad divina, una ofensa contra quien ha hecho de la Vida el Origen de la Libertad. Es nuestra responsabilidad suprema nacer a la Libertad de la Justicia Divina, romper las cadenas de las tradiciones y tener por Estrella del Futuro la Luz de la Vida. Todo hombre muerto sirvió a un propósito centrado en un Plan Eterno, pero el Viviente debe hacer su Camino y no arrodillarse ante el que hicieron quienes hicieron el suyo. Sus vidas son ejemplo de voluntad invencible y obediencia sin condiciones, pero como ellos no pueden vivir nuestra quien vive la vida de ellos renuncia a la libertad y se hace esclavo de la Muerte, aunque ésta se vista de vida. Sólo pues a Dios se le puede ofrecer la vida y quien a otro se la ofrece se hace esclavo de ése ante quien se arrodilla. Cabeza y cuerpo ambos son juzgados por el mismo delito por en cuanto habiéndole dado Dios a su Creación Viva una Cabeza sempiterna, su Hijo, la renuncia a formar parte de su Cuerpo, materializada en juramento, es rebelión contra la Sabiduría de su Padre Eterno. Rebelión hecha en la ignorancia, hemos dicho al principio, pero que una vez desintegrada la ignorancia por la luz de la inteligencia deviene demoníaca por la ofensa voluntaria y libremente asumida que supone darse por cabeza Alguien que no es el Hijo de Dios.

Porque el pecado no tendrá ya dominio sobre vosotros, pues que no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.

...¡Y es que siendo santa la Cabeza cómo su Cuerpo podría estar bajo la ley del pecado! Obra es del Eterno Padre de Jesucristo, para gloria Suya y Salvación de toda su Creación. Y lo contrario, que un hombre se proclame Cabeza de la Iglesia o del Pueblo de Dios es una rebelión abierta contra la Gloria del Unigénito. Rebelión cometida en la ignorancia y por tanto sujeta a la gracia. Pues bajo ningún concepto podemos juzgar a una Humanidad que ha estado sujeta a la corrupción en razón de un Plan de Salvación en cuyo Origen estuvo la Reestructuración del Reino de Dios y la Reconfiguración de su creación entera.

¡Pues qué! ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? De ningún modo.

...Y sin embargo las obras hechas en la oscuridad del momento están condenadas a extinción bajo la luz del día. La Gracia nos fue dada y se derrama en la Humanidad para operar en el hombre las fuerzas necesarias que supone la conquista de la propia naturaleza a la imagen y semejanza de Dios. Sin cuya Gracia el hombre no puede vencer las consecuencias de sus pecados. Ahora bien, la Fe sin la Inteligencia de todas las cosas se corrompe, según está escrito: "Para que vuestra fe, probada, más preciosa que el oro, que se corrompe aunque acrisolado por el fuego". Verdad que no necesita demostración de ninguna clase, al menos entre quienes tienen ojos para leer.

¿No sabéis que, ofreciéndoos a uno para obedecerle, os hacéis esclavo de aquél a quien os sujetáis, sea del pecado para la muerte, sea de la obediencia para la justicia?

...En efecto, quien da su obediencia a otro hombre se hace esclavo de sus intereses y el poder del pecado actúa en él a través de la concupiscencia para producir en él obras de muerte. De lo cual la Historia del Cristianismo, por no meternos en profundidades universales, está llena de ejemplos. El Hijo de Dios vino a liberarnos de toda esclavitud, mediante la unión a su Espíritu en cuanto Cabeza y Cuerpo. De tal manera que siendo El el espíritu de la Libertad en persona ni ahora ni nunca nadie pueda sujetar nuestra voluntad y obediencia a otro que no sea el mismo Dios, su Padre. Siendo miembros del Cuerpo de su Hijo es Dios quien nos mueve a todos acorde a su Infinita Sabiduría, buscando en todos el bien de todos. ¡Bajo qué autoridad y sabiduría hombre alguna puede reclamar para sí semejante infinito Poder sino en la ignorancia! ¿Habiendo sido engendrados para la Sabiduría cómo renunciar a nuestra Herencia a fin de santificar la Ignorancia de los hombres y siervos de Cristo? ¡Cuánto menos, se entiende, darle crédito alguno a las sabidurías de los demás hombres!

Pero gracias sean dadas a Dios, porque, siendo esclavos del pecado, obedecisteis de corazón a la norma de doctrina que os disteis,y, libres ya del pecado, habeis venido a ser siervos de la justicia.

...Ciertamente el elogio de San Pablo a los Romanos que habrían de seguirle al matadero del circo de los Césares hizo honor a la Palabra de Aquel que los llamara al martirio. "Lo que el Padre me ha dado es lo mejor", los ojos puestos en sus Discípulos confesó Jesús en público. Nosotros, vista la cosecha, nos atrevemos a decir: No sembró Dios su Palabra en carne de hipócritas.

Os hablo al modo humano en atención a la flaqueza de vuestra carne. Pues bien, como pusisteis vuestros miembros al servicio de la impureza y de la iniquidad, así entregad vuestros miembros al servicio de la justicia para la santificación.

...La llamada a martirio y el anuncio de la Hora de la Verdad a las puertas no puede ser más directo. ¿No se ha dicho siempre que el héroe no se hace por falta de miedo sino por ser valiente y superarlo? ¡Quién culpará a aquéllos hijos de Dios, de la descendencia de Abraham, de sentir en sus carnes el horror por el que habrían de pasar! ¡Y con qué gloria no iba Dios a recompensar a quienes liderarían su Rebaño al matadero, con su sacrificio levantando la Imagen del Hombre delante de toda su creación! ¡Cómo dudar que el Hijo subiría a la Cruz! Quien tenía el Poder de resucitar a los muertos no tenía nada que temer nada de la Muerte. La Duda que pesaba en la creación era: ¿pero y los hombres, superarían el miedo a la Cruz, tanto más horrorosa y terrible su visión cuán libres de todo delito estarían los llamados a superar esa prueba? San Pablo no duda, no se deja vencer, y no sólo no se amilana sino que da esperanza, fortalece, anima y se pone en primera fila. Cuando la Hora sonó el Hombre daría la cara. Es la Esperanza por la que murió Jesucristo. Esperanza que como anunciaría el rey sabio "no se vería defraudada". Y no se vio.

Pues cuando erais esclavos del pecado, estabais libres respecto a la justicia.

...La doctrina, el evangelio jesucristiano de San Pablo no es improvisado ni una fabricación al caso. Sus verdades permanecen sempiternas en su valor y su aplicación. El mundo -independientemente de la zona- no condena a quien sigue su ley, sino a quien tiene por meta criticarla, perfeccionarla, darla por muerta y hacer que su espíritu renazca de las cenizas. Mientras se sigue las reglas de su juego no pasa nada; es cuando el valor de esas reglas se ve con ojos despojados de la venda con la que se nos quiere cuando comienza el verdadero show. En entonces cuando se ve la verdadera naturaleza de las obras frutos de la justicia humana. Muchos han sido quienes han vivido los efectos de esta oposición. El Cristiano más que ninguno y mientras exista el mundo su espíritu será la fuerza que mantendrá la justicia humana en crecimiento continuo.

¿Y qué fruto obtuvisteis entonces? Aquellos de que ahora os avergonzáis, porque su fruto es la muerte.

...Es decir, el provecho propio y no el de la Vida de todos los hombres. Muerto el hombre se acabó el fruto de sus obras hechas en el espíritu de la ley del mundo.

Pero ahora, libres del pecado y siervos de Dios, tenéis por fruto la santificación y por fin la vida eterna.

...Dos realidades en una. El bien de todos, yo con todos, yo para todos; y la vida eterna como meta de las aspiraciones existenciales del Viviente.

Pues la soldada del pecado es la muerte; pero el don de Dios es la vida eterna en nuestro Señor Jesucristo.

Amén

Los cristianos, libres de la Ley

...Hasta ahora no hemos encontrado razón que justifique la legalidad de la interpretación de ruptura intercristiana que Lutero hallara en la Carta. Lo que sí estamos viendo es que esta doctrina de ruptura se refiere al judaísmo y al cristianismo. En los días de Lutero la ignorancia y el analfabetismo de los pueblos europeos eran inmensas. Gracias a tal analfabetismo ignorante de las clases bajas las clases cultas en asociación malvada con las clases altas divertían al pueblo con maquinaciones grotescas, en el caso del protestantismo: teonacionalistas, cuyos efectos repercutían sobre sus cabezas impidiéndoles levantarlas. En el caso específico de Lutero, éste levantó la cabeza de la clase pobre alemana para que la rica se despachase la bandeja a placer y en la Rebelión de los Campesinos se hartase de carne. En la última maravillosa versión de la vida de Lutero, la versión basura que se sigue ofreciéndose al protestantismo, un protestantismo íntimamente traumatizado por la escasa y nula calidad cristiana de sus fundadores, el historiador hace mutis de la famosa matanza de los campesinos, bendecida por Lutero el Magnífico, un Lutero que llamara a cruzada terrorista a los nobles incitándoles a estrangularlos como si se tratasen de perros, a acuchillarlos como si se tratasen de cerdos. Es natural que unos discípulos que descubren la maldad de su maestro y la poca semejanza con el Modelo Divino, horrorizados por semejante palabras propias de un demonio, siguiendo la ley del infierno en lugar de meas culpas se juren en su ignorancia permanecer ciegos hasta el Juicio Final y por la inmensa cantidad de ciegos que les siguen imponer misericordia hacia ellos en el Tribunal. Yo no soy Juez, así que allá cada cual con sus cataratas. En el Día del Juicio Final nos veremos todos las caras.

¿O ignoráis, hermanos, -hablo a los que saben de leyes-, que la Ley domina al hombre todo el tiempo que éste vive?

...La ignorancia es un mal terrible porque convierte en sabios a verdaderos monstruos y en santos a verdaderos cretinos. Ignorancia es que te arranquen el contexto histórico de un texto y te quedes tan tranquilo. Me imagino que al presente ignorante es el tonto. La libertad de acceso al conocimiento de la Historia Universal, aún en su versión amateur, la Internet, acusa al ignorante de hoy de asesino de su propio intelecto. Al pueblo del siglo XVI no se le podía pedir inteligencia para ver el contexto histórico sobre cuyo cuerpo esta Carta extendió su espíritu. Al hombre de este siglo, sí. Y se le puede juzgar por rebelde a la naturaleza intelectual del ser humano. El Conocimiento es nuestra Herencia, nuestro Poder, nuestra Fuerza, nuestra Alegría. ¿No está claro a quienes se dirige San Pablo, el contexto histórico de lucha entre el Cristianismo y el Judaísmo, la delicada tensión interna propiciada por la corriente judeocristiana contra la que se alzó San Pablo incluso callando -descubriendo la falacia de la Infalibilidad de la Cátedra de San pedro- a San Pedro? Cuando habla de la Ley el hombre se está refiriendo a la Ley de Moisés. ¿O acaso para el judío había otra? ¿No fue respecto a la Ley de Moisés que se produjo la Liberación Redentora del Género Humano? Sabemos que el Judaísmo, impotente para destruir al Cristianismo, se aplicó la famosa norma de "si no puedes con él, únete a él". En los días los Apóstoles y desde el Primer Concilio en el 49 hasta el 64-66 en que la ruptura es formal, el judeocristianismo quiso absorver al cristianismo como medio de integrarlo finalmente en el judaísmo. Incluso San Pedro se mantuvo bajo la Ley. Fue San Pablo quien poniendo a Dios sobre el Jefe de los Apóstoles operó la ruptura desde el cristianismo hacia el judaísmo. Y será esta Ley la que será dejada atrás por la Fe. Serán los delitos cometidos desde esa Ley, por los que el hombre se hizo merecedor de la muerte, que la Fe extiende su Gracia y limpia el alma haciendo nacer una nueva criatura de las cenizas de la criatura enterrada por el fruto de los pecados cometidos bajo la Ley. Pero de los pecados cometidos en la Fe no puede la Fe por sí sola proceder a la absolución, porque, como San Pablo lo puso, sería volver a crucificar a Cristo, siendo en este caso el pecador el crucificador de su propio salvador.

Por tanto, la mujer casada está ligada al hombre mientras éste vive; pero, muerto el marido, queda desligada de la ley del marido.

...Y ligada a la ley de la libertad. Es decir, la nueva criatura es libre para cometer aquéllos actos por los que se hiciera aborrecible a los ojos de su Creador. Cometidos en la ignorancia fueron absueltos por el sacrificio expiatorio universal redentor. Con la nueva criatura desaparece la ignorancia del pecado y viene a vida la libertad que da el Conocimiento. El cristiano, no importa su clase social, es libre para matar, adulterar, robar, blasfemar, dar falso testimonio, practicar brujería, acometer todos los actos contra los que la Ley se alzara. Puede porque tiene la libertad de poder hacerlo. Pero si el judío es merecedor de la Gracia de la Fe porque en su ignorancia no sabe lo que hizo, el cristiano, que sí sabe lo que hizo Dios, al acometerlos en su libertad usa su libertad para rebelarse abiertamente contra su Creador, y contra esta ley de la libertad no hay sangre que valga, ni la de Cristo, que se derramó una vez y para siempre. El argumento luterano de actuar esta Sangre sobre los crímenes cometidos después del Bautismo fue una doctrina suicida cuyos efectos, la división de las iglesias, descubre su verdadera naturaleza. Que el Papado contra el que se alzara la rebelión luterana hubiera hecho de esa doctrina infernal su modus operandi et vivendi no justifica su legalidad, pues lo que el Diablo engendró con el Diablo volverá.

Por consiguiente, viviendo el marido será tenida por adúltera si se uniere a otro marido; pero si el marido muere queda libre de la Ley, y no será adúltera si se une a otro marido.

...Dos leyes muy distintas pero que proceden la una de la otra. La Ley de la esclavitud, a la que se sujetara el mundo judío, y la Ley de la Libertad a la que está ligado el mundo cristiano. Desde el punto de vista de la inteligencia de San Pablo, despreciar la Libertad y su Justicia, por la que el pecador es absuelto por el Poder de la Confesión Sacerdotal Cristiana, y regresar a la Ley de Moisés y su Justicia, por la que el pecador podía cometer su delito en mente el precio con el que habría de satisfacer su condena siempre presente, semejante regreso al Pasado era innegociable, imposible y anticristiano. San Pedro no sabía lo que decía ni hacía al seguir sujeto a la Ley de Moisés aún viviendo bajo la Ley de Cristo. Tanto más verdadera esta afirmación de su imposible infalibilidad cuanto mediante un siervo tuvo Dios que cerrarle la boca y liberar sus manos de aquéllas cadenas patrióticas.

Asi que, hermano míos, vosotros habéis muerto también a la Ley por el cuerpo de Cristo, para ser de otro que resucitó de entre los muertos, a fin de que deis frutos para Dios.

...Más claro imposible. Aquella Justicia por la que un hombre podía premeditar su delito contra Dios y los hombres y anticiparse a sí mismo la absolución mediante el precio estipulado por la Ley, aquella Justicia era Historia. Una Nueva Ley entraba en acción, la Ley de la Libertad. Y para que esta Ley opere en su plenitud asombrosa quiso Dios que unidos todos en un mismo Cuerpo todos estuviésemos vivos por el Espíritu de Aquél que se hizo una sola cosa con el Hombre. Y de esta manera la Libertad engendrada tendiese por la sobrenaturaleza de la Fe a las cosas de Dios. PObra asombrosa que sentencia las dos libertades en pugna en los días que estamos tratando. Tanto la libettad de la iglesia romana para asesinar, robar, practicar brujería, y cometer toda suerte de delitos en nombre de la Iglesia Católica, como la libertad luzterana para cometer toda suerte de pecados epara la gloria de la Sanre de Cristo, tanto una libertad como la ora del Demonio procedían. Como se verá la doctrina luterana del pecado por la Fe y el evangelio de San Pablo son tan opuestos como Cristo y el Diablo. Si es que no lo habeis visto ya.

Pues cuando estábamos en la carne, las pasiones, vigorizadas por la Ley, obraban en nuestros miembros y daban frutos de muerte;

...Así es. Abandonados al poder de nuestras fuerzas naturales, hijos de una naturaleza doblegada por milenios de lucha contra las fuerzas del infierno, era imposible, tanto para judíos como para gentiles, que sinb la Gracia del Juez Eterno, encarbada en la Fe, pudiese el Género Humano sacudirse el yugo de su legado. Por inercia su comportamiento era la Guerra, la Corrupción, el Homicidio, la esclavitud y el Mal.

mas ahora, desligados de la Ley, estamos muertos a lo que nos sujetaba, de manera que sirvamos en espíritu nuevo, no en la letra vieja.

...Adoptados de nuevo por Dios, pues que fuimos creados para ser sus hijos, la Fuerza invencible de la Fe destierra de nuestra herencia carnal su sino y haciéndonos Suyos heredamos la Fortaleza de su Espíritu, que se manifestó en Cristo Jesús, nuestro Modelo sempiterno, Imagen viva de Dios Invisible, reflejo inmaculado de su Personalidad. Lo que por el Temor a Dios no pudo conseguir el Hombre, lo consiguió Dios por el Amor.