Luego
¿lo bueno me ha sido muerte? Nada de eso; pero el
pecado, para mostrar toda su malicia, por lo bueno me dio
la muerte, haciéndose por el precepto sobremanera
pecaminoso.
...Lo
bueno, indiscutiblemente, es la Ley. No sólo porque
sin Ley no encontraría la conciencia natural una
dimensión final en la que encontrar su fuerza universal,
válida en todo tiempo y lugar. También porque
sin Ley la voluntad de todo ser inteligente libre, provocada
por la visión de un estado ontológico ajeno
a la convivencia natural, no encontraría freno para
procurarse su transformación en una bestia asesina
contra la cual el único recurso posible es la caza
y captura en la forma a como perseguimos a una fiera salvaje
que aterroriza a la población y la población
entera, unida frente a algo no humano, se lanza a su caza
y destrucción inmediata: sin acordarle a la bestia
las leyes de la misericordia naturales al mundo de los humanos.
La potencia malgina del Mal está, por tanto, en hacer
de su rebelión contra la Ley un artículo de
superioridad sobre quienes tienemos en la Ley nuestro Bien
universal sempiterno. Algo que, desgraciadamente, vemos
en carne aún en nuestros tiempos, cuando todavía
podemos encontrarnos con aullidos de rebelión contra
Dios, el Estado y el Hombre en base a que la Rebelión
es el estadio natural superior del ser humano. Semejante
discurso, cuando se arma, empuja a sus seguidores al otro
lado de lo humano, haciendo que los actos delincuentes de
tal bestia homicida sea comparado a los de la bestia asesina
a la que es imposible ajustarle la Ley Humana y sólo
cabe su destrucción inmediata. De esta manera es,
según el Apóstol y todo cristiano concuerda,
cómo el pecado, seduciendo con su fuerza, arrastra
al hombre lejos de la condición que le es natural
y, creyéndose superior a la Ley, evoluciona hacia
un nuevo estado antinatural, propio de las bestias salvajes
contra las que sólo cabe, pues que están desprovistas
de la Razón Humana, la caza, captura y destrucción.
En consecuencia nada ni nadie puede ponerse sobre la Ley.
La Ley es el bien supremo, la roca indestructible contra
cuyos preceptos sempiternos se estrellan los terremotos
que causan las razones salvajes de Partidos y Estados que
tienen en una teoría del Poder y la Raza el puente
que los aleja de la naturaleza humana y, aún siendo
humanos en su orígenes, dando el salto del Hombre
a la Bestia, acaban siendo raza de demonios. De donde nosotros
vemos que la necesidad de vivir a la luz de la Ley, en este
caso la Palabra de Dios, es la garantía sempiterna
de convivencia pacífica entre todas las naciones
de la creación. Y lo contrario, despreciar a la criatura
por su necesidad de la Ley, es un acto criminal que conduce
al demente al bestialismo, y acaba invocando contra su voluntaria
e irrecuperable demencia la ley que se le aplica a las bestias
asesinas.
Porque
sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido
por esclavo al pecado.
...En
efecto, las leyes de la creación miran a cada criatura
pero sólo Dios puede erigir una Ley Universal cuya
Luz gobierne las Conciencias de todas las Naciones del Universo.
De aquí que la Ley divina sea la fuente de las leyes
de la creación. En nuestro caso, acordando el estado
de indefensión al que fuimos expuestos por la Rebelión
de un sector de los hijos de Dios, acontecimiento recogido
en el Génesis, y que deviene punto de reflexión
en este capítulo, la transformación de lo
humano en bestia asesina no procedió de un acto voluntario
ejecutado, tal que Adán se hubiera unido y libremente
a Satán contra Dios. Nada de eso. A no ser que algún
demente sea capaz de convencernos de que la esclavitud es
un estado hermoso y natural contra el cual nuestra lucha
fue el verdadero acto de demencia. La afirmación
de San Pablo no puede ser más directa y procurarnos
el argumento más sólido a favor de la Ignorancia
sobre la que Dios basó la Redención del Género
Humano. Si, pues, fuimos vendido al pecado, fuimos trofeo
para un conquistador que alzó su bandera contra Dios
y nos ganó como esclavos para su imperio, sobre la
naturaleza infernal del cual no tenemos más que abrir
los ojos para descubrir la impronta de su malignidad en
cada pulgada de nuestra Tierra. Realidad que implica, y
demuestra el Cristianismo en su Historia en cuanto encarnación
de la Lucha por la Libertad contra semejante Imperio del
Mal, que la Batalla del Hombre contra la parte de la Casa
de Dios que por cuenta propia quiso pisar la Ley y obligar
a Dios, mediante la muerte de su Hijo Adán, a retirar
la Ley: Estableciendo sobre ella la Inviolabilidad de la
Cámara de los dioses ante la acción de la
Justicia Eterna... que esta Batalla está viva y ese
acerca a su fase Final.
Porque
no sé lo que hago; pues no pongo por obra lo que
no quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
...Tal
es el estado de la condición humana alejada de la
Ley de Cristo. Pone, por tanto San Pablo al desnudo, exponiendo
su pasado al juicio de la inteligencia, cuál es la
verdadera causa de la impotencia del ser humano para alcanzar
su libertad. La causa de nuestra propia destrucción
está, no ya fuera, sino en nosotros mismos. Y es
lógico y natural que así sea. Nadie ignora
que un comportamiento, aún obligado, establecido
a lo largo de siglos y milenios acaba provocando en el ser
una perversión hereditaria, maligna, que le afecta
al propio individuo y a su sociedad en conjunto. Habiendo
estado el hombre en general cuatro milenios y el judío
en particular dos milenios sujetos a la esclavitud del Imperio
del Mal -hablando respecto a la fecha en la que fue firmada
esta Carta- creer que semejante comportamiento, aunque obligado,
no fuera a generar una herencia es mucho creer. Obviamente
la libertad cristiana implica la liberación de este
comportamiento heredado, instaurado en la carne de los padres
a lo largo, hablando de hoy, de seis milenios interminables.
Basta, para ver la razón hereditaria del comportamiento,
fijar los ojos en el efecto que sobre la última generación
tiene la historia de una rama genealógica durante
una corta sucesión de generaciones dedicada a una
acción social específica. Esta predisposición
genética que se da dentro de una rama humana es sólo
una prueba sobre cómo un comportamiento familiar
heredado se transforma y da lugar a unas características
genéticas específicas. Tanto más fuerte
debe ser el sello específico que cientos de generaciones
sujetas a un comportamiento específico transmite
a la última generación. Cuando este comportamiento
es bueno, bendito sea Dios, pero cuando es todo lo contrario
el ser humano se halla esclavo de sus padres y la libertad
le es tan necesaria como el agua a la tierra, pues la Naturaleza
sirve a su Creador y tiende por inercia, sin Ley Moral de
su parte, a eliminar aquella parte de la masa biológica
que no se sujeta a la Ley de la Creación. No se trata
de ver en la rebelión contra los padres una ley universal,
máxime cuando son los propios padres los que vivieron
bajo aquella ley de esclavitud y, tal cual vemos a nuestro
alrededor, todavía viven esclavos de un comportamiento
que tiende a conducirlos a su destrucción. Pero es
evidente que más allá de la obediencia, los
progenitores no pueden exigir la esclavitud de los procreados
en base al respeto a las cadenas paternas. Lo que conviene
es la liberación de padres e hijos, pues todos están
sujetos a la misma ley de esclavitud impuesta por una herencia
milenaria en su origen ajena a la propia ley de la humanidad.
Esta liberación total se realiza exclusivamente dentro
del Cristianismo. Pues la liberación no cristiana
conduce de cadenas a cadenas, de un campo de trabajos forzados
a otro campo de trabajos forzados. Es en el Ser Cristiano
y sólo en el Cristiano donde el Hombre se libera
de toda tutela y se realiza en cuanto Individuo Pleno, es
decir, hijo de Dios, Plenitud en la que progenitores y progenizados
se miran cara a cara y se encuentran unidos para siempre
en la Identidad sempiterna que implica la Paternidad de
Dios sobre todos los hombres.
Si,
pues hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena.
...No
podía ser de otra forma. Lo contrario, creer que
la Ley es mala -entendiendo la ley que procede como río
de la fuente Divina- procede de una mente maligna. Toda
ley que procede de justicia es buena y la rebelión
contra su declaración es un acto de salvajismo que,
como se dijo arriba, conduce al rebelde a la negación
libre de su humanidad. Y en este sentido lo que valía
ayer vale hoy y para siempre. La Ley no es buena Hoy y mala
al día siguiente. Lo es en función de aquel
que desea hacer el mal y necesita de la conversión
del Bien en Mal y del Mal en Bien para cometer impunemente
sus delitos. La diferencia, en este orden, viene de la voluntad.
Y al mismo tiempo de la libertad. ¿Tiene voluntad
un esclavo? Ahora bien, debemos tener en cuenta que San
Pablo vivió entre nosotros hace dos milenios. Al
presente el Cristianismo y su Doctrina no son realidades
ígnotas y desconocidas por las naciones. Quien hace
el Mal conociendo que existe Cristo no tiene excusa ante
la Ley. No sirven nacionalismos, no sirven utopías.
La Ley es un camino que conduce al futuro por la senda del
Bien. El atajo del Mal, es decir, el terror, el crimen,
es propio de demonios. Y lo propio de los demonios es imponer
su ley sobre la Ley Universal, Ley Universal a la luz de
cuya Sabiduría y sólo bajo su Paz puede una
Civilización hacer el camino durante la eternidad.
Resultando de aquí que si la ley que tengo en mis
miembros es la ley del terror y del crimen la salida única
es Cristo, en quien la Ley que rige su Cuerpo y su Mente
es la Ley Universal a cuyos pies debe todo el mundo poner
las armas de su ley.
Pero
entonces ya no soy yo quien obra esto, sino el pecado, que
mora en mí.
...En
efecto, antes de Cristo y después de Adán
el ser humano se halló esclavizado a un imperio de
terror contra cuya ley el hombre no tenía ninguna
protección y defensa. El paso de los siglos hizo
de sus cadenas herencia. Pero viniendo Cristo por la Fe
el hombre es liberado de esa herencia y llamado a combatir
ese imperio bajo cuyas ruedas es aplastada la Humanidad.
Esclavos, pues, de dicha herencia, la Verdad es la Llave
que puede liberar a todos los hombres de las cadenas que
sus pueblos y su historia arrojaron sobre sus mentes. En
cuanto cristianos digamos que San Pablo está analizando
la naturaleza de Saulo, y en ella refleja la naturaleza
del mundo en su conjunto. Se entiende que en cuanto hijos
de Dios, nacidos de Cristo, estamos libres respecto a la
ley del pecado que con tanta fuerza nos descubre el Apóstol.
El pecado sólo podría operar en nosotros fuera
de la Fe. Y si estando fuera de la Fe, fuera de Cristo.
En definitiva que todo CRISTIANO SUJETO A DICHA LEY DEBE
SER EXPULSADO DE LA IGLESIA: SIN DISTINCION ENTRE SACERDOTE
Y OBISPO.
Pues
yo sé que no hay en mí, esto es, en mi carne,
cosa buena. Porque el querer hacer el bien está en
mí, pero el hacerlo, no.
...La
ley que imperaba en el hombre antes de la Fe no puede continuar
administrando la voluntad del Cristiano sino para el mal
de todo el Cristianismo. La ley que vemos la ajustamos a
quienes no han gozado del divino néctar de la Fe
y, esclavo de sus padres y sus pueblos, viven bajo el imperio
de la Muerte sin más Ley que el terror que su voluntad
extiende sobre todos quienes no se sujetan a semejante ley
de crimen y terror. Pero el Cristiano, romano en tanto que
su Iglesia, o Galo en tanto que la suya, o Americano en
tanto que la propia, tiene su Libertad en que quiere el
Bien y puede hacerlo.
En
efecto, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
...Lo
cual no quiere decir que le esté llevando la contraria
a San Pablo. En absoluto. En la Casa de Dios no hay división.
Una Inteligencia es la que opera su Pensamiento en todos
los hijos de Dios. San Pablo le está descubriendo
a los cristianos de Roma la ley que dominaba entre sus conciudadanos,
en razón de la cual tenían que ser comprensivos
con ellos a la par que por el conocimiento del estado del
que fueron rescatados ganarlos para la Fe mediante el ejemplo
de la Libertad conquistada para todos por Jesucristo. Razón
y ejemplo que permanece vivo entre nosotros respecto al
mundo que aún vive sin la Fe y por las cadenas de
sus padres permanecen lejos de la Verdad.
Pero
si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino
el pecado, que habita en mí.
...Saulo,
por tanto, estuvo encadenado a la ley de sus padres, en
razón de la cual se había convertido en un
criminal. Y desde aquella esclavitud eran cometidos sus
crímenes, siendo de esta manera el precepto: Honrarás
a tus padres, causa de transformación de los hijos
en delincuentes contra el otro precepto que dice: No matarás.
Pero no era la Ley la mala, sino la interpretación
humana de la Ley. Porque la Ley no dice: Honra a tus padres
matando a tu prójimo, a tu hermano. Es el hombre
el que dice: Matando a tu hermano, a tu prójimo,
honras a tu padre. Con lo cual, siendo la Interpretación
Humana el foco del Crimen, como se ve en Saulo, el padre
deviene delincuente, y en consecuencia quedando fuera de
la Ley el hijo queda absuelto de la obligación del
precepto que sólo rige a quienes viven bajo su bandera.
Mas en el Cristiano semejante relación criminal es
imposible por en cuanto la Paternidad es referida a Dios,
quien diciendo: No matarás, la Honra que pide es
la Obediencia a su Precepto. Y Amén. Me explico:
por esta Ley queda todo cristiano libre de cualquier Honra
a humano alguno, sea sacerdote u obispo, que implique la
esclavitud a su voluntad y conlleve un acto delictivo en
razón de la Interpretación de la Palabra de
Dios, si esta Interpretación es promotora del crimen.
Tal humano, sacerdote u obispo, queda fuera de la Ley y
en consecuencia su no expulsión de la Iglesia es
una violación de la Fe de Cristo.
Por
consiguiente tengo en mí esta ley: que, queriendo
hacer el bien, es el mal el que se me apega;
...Ley
que se hereda de padres a hijos, como hemos visto, y se
desprende de la Historia y la Ciencia. De tal manera que
la Libertad del Hombre, aparte de sólo realizarse
por Cristo en la Fe, implica, por conocimiento del origen,
la lucha constante del Cristiano ante un Mundo sujeto a
dicha ley de Voluntad Esclava. Lucha positiva en tanto que
se busca la Libertad de nuestros semejantes y conlleva a
la batalla frontal únicamente en caso de rechazo
libre a la Ley del Bien Universal.
porque
me deleito en la Ley de Dios según el hombre interior,
...Conocerse
a sí mismo, lo que somos, quienes somos, de donde
venimos y a donde vamos es la plenitud del ser. Este Conocimiento
en tanto en cuanto plenitud ontológica de la vida
del YO es el gozo supremo del Hombre. No hay mayor placer
que el ser humano pueda experimentar. Todo placer es nada
comparado al gozo del Conocimiento verdadero del Hombre
que somos. Este Hombre, Imagen de su Creador, se deleita
en la Ley de Dios con toda su mente y su alma porque es
esa Ley la fuente de la Libertad sin medida a la que aspira
el ser humano desde el principio de su existencia. Es en
la Palabra de Dios que se sustenta la Paz, la Justicia,
el Derecho, la Igualdad y la Fraternidad entre todas las
criaturas del Universo. Es por su palabra que hemos sido
hechos herederos de la vida eterna. ¡Cómo no
adorar su Verbo y bailar al son de sus ecos! Hijos de Dios
de todas las naciones y razas, su bandera es bandera de
amor, su estandarte es estandarte de alegría. Batid
palmas y alzad el alma porque la Promesa es firme: Se apoderarán
tus hijos de las puertas de sus enemigos. Aleluya.
pero
siento otra ley en mis miembros que repugna la ley de mi
mente y me encadena a la ley del pecado, que está
en mis miembros.
...Dos
son, pues, los frentes desde los que el Mal, en forma de
pecado, busca la ruina del cristiano, primero, y del mundo,
finalmente. El primero ha sido vencido por la Fe. El segundo
se mueve en el mundo y desde él busca sujetarnos
a la ley de la que fuimos liberados. Nuestro objetivo es
liberar a nuestro prójimo de las cadenas de la Muerte,
bajo cuyo pesos vivieron nuestros padres y de cuyo peso
por la Gracia de la Fe nacimos libres. En cuanto al mundo:
¡Desdichado
de mí! ¿Quién me librará de
este cuerpo de muerte?
...Sí,
San Pablo, he aquí su santidad, se hace uno con el
mundo para pedir desde su carne misericordia y piedad al
Juez de todos los Hombres. Quien, oyendo su clamor, antes
de salir de sus labios ya tuvo en cuenta nuestra esclavitud
y nos dio al Héroe que había de enfrentarse
a aquél que hiciera del Hombre su trofeo de guerra.
Gracias
a Dios, por Jesucristo nuestro Señor... Así,
pues, yo mismo, que con la mente sirvo a la Ley de Dios,
sirvo con la carne a la ley del pecado. |